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Juan Ignacio Vidarte abandona el Guggenheim sin ver materializado uno de sus grandes anhelos: la expansión de la marca a Urdaibai. Firme defensor del proyecto ... desde aquellos primeros intentos de hace dieciséis años en los que apostó por transformar las antiguas colonias de Sukarrieta, deja abierta la carpeta de un proyecto en ciernes para Gernika y Murueta que ha intentado acelerar, sin éxito, durante el último año. «El tiempo pasa, y no pasa en balde», avisó hace unos meses. Justo antes de la tormenta política que tiene otra vez la operación en el disparadero.
Aunque casi siempre se ha mostrado muy precavido a la hora de hablar en público sobre el asunto, de puertas para adentro del Patronato del Guggenheim Vidarte ha sido uno de los grandes valedores. Siempre convencido de lo oportuno de crear una nueva sede del museo en Bizkaia, en la Reserva Natural de la Biosfera, aunque eso le generara una fuerte polémica. Una de las mayores a las que ha sobrevivido en el cargo.
En otoño de 2008 viajó a Nueva York acompañando a José Luis Bilbao para que el entonces diputado general 'vendiera' a los mandamases de la Fundación Gugggenheim las bondades de aquel primer proyecto de expansión con el que no comulgaba el Gobierno vasco que lideraba Patxi López. Vidarte quedó situado en medio de aquella guerra institucional en la que los socialistas le llegaron a acusar de actuar «de parte» y amagaron con promover su cese por su supuesta cercanía al PNV.
El proyecto de Sukarrieta se fue al cajón y Vidarte aceptó estóico. «Como museo no podemos tomar decisiones. Debemos atenernos a lo que nos digan nuestros socios institucionales», reconocía en 2018... mientras empezaba a rastrear Urdaibai en busca de otro emplazamiento idóneo para el nuevo Guggenheim. Por si el tema se retomaba. Y se retomó.
No es casualidad que el pasado febrero fuera fotografiado junto a la diputada general, Elixabete Etxanobe, en Murueta ejerciendo de cicerones de Mariët Westermann. La nueva CEO de la Fundación Guggenheim –tomará posesión el 1 de junio– aprovechó una visita a Europa para conocer 'in situ' la zona elegida por el Gobierno vizcaíno para la posible ampliación. El problema es que la voluntad de momento choca con la realidad: el museo de Urdaibai está en el aire y su futuro no se aclarará, si se cumple el calendario fijado, hasta el año que viene.
El nuevo Guggenheim se atascó en febrero, cuando el aún lehendakari Iñigo Urkullu echó un jarro de agua fría sobre las expectativas de la Diputación y de Vidarte y frenó el proyecto. Advirtió que los trámites urbanísticos e institucionales que deben realizarse para plantearse la ejecución de las nuevas sedes en Gernika y Murueta son ingentes y que toca esperar hasta 2025 para tener claro si el proyecto es materializable. Vidarte volvía a situarse entre el convencimiento foral y las dudas de Lakua, las dos instituciones que deben comandar la operación.
Pero algo hay diferente respecto al proyecto fallido de antaño: Urkullu está a punto de dejar un cargo que asumirá Imanol Pradales, otro firme defensor del Guggenheim de Urdaibai. A diferencia del aún lehendakari, el PNV también se muestra indubitativo pese al creciente rechazo social que genera el plan en Urdaibai. «Solo falta que lo expliquemos mejor», reconocen fuentes jeltzales. En esa labor ya no estará Vidarte. Espectador de lujo a partir de ahora de una expansión de la que sabe más que nadie.
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