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El PNV se ha sentado este sábado en el diván para pensar qué quiere ser a sus casi 130 años, un momento vital en el ... que sigue demostrando salud de hierro como primer partido político de Euskadi pero en el que las fuerzas han comenzado a flaquear. El resultado de la sesión ha sido un autodiagnóstico que, si bien no supone una refundación, sí asume la necesidad de cambiar cosas, al menos a la vista de la larga sucesión de verbos con el prefijo 're-' que se han plasmado en las ponencias. Se habla de «reevaluar» la forma de hacer política y «reformular los valores» para «recuperar la posición de centralidad» y «reconectar» así con la sociedad vasca. «Hay que ponerse las pilas», ha sintetizado Aitor Esteban.
A la espera de su coronación este domingo como nuevo presidente del Euzkadi buru batzar (EBB) en sustitución de Andoni Ortuzar, la IX Asamblea General se ha dedicado en su primera jornada a debatir y votar las cinco ponencias ideológicas y organizativas preparadas por el aparato. Todo ha quedado despachado por la mañana, en cuestión de tres horas, cuando la previsión era que se alargara hasta bien entrada la tarde. Lo ha facilitado, en primer lugar, el sistema electrónico de votación, menos engorroso que cuando se hacía a mano alzada; pero también, y no menos, el escaso volumen de intervenciones pese a que en el frontón Atano III de San Sebastián se han reunido cerca de 700 delegados, la mitad sin derecho a voto.
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Los cinco documentos han salido adelante sin apenas oposición −con porcentajes de apoyo entre el 91,6% y el 98,2%− y sin cambios sustanciales respecto a las propuestas originales redactadas por Izaskun Bilbao, Unai Rementeria, Oihane Agirregoitia, Ane Miren Atín e Imanol Lasa. En líneas generales, el PNV se ve ante el espejo como una fuerza política «plural, intergeneracional, diversa, igualitaria e inclusiva» que aspira a «la plena soberanía de la nación vasca y a la institucionalización del derecho a decidir». No entra a hablar textualmente de independencia ni se sitúa en el eje ideológico más allá de la «posición de centralidad».
Pese a que el autorretrato del partido que sale de su Asamblea General no augura un viraje en el fondo, las ponencias aprobadas sí evidencian, aunque sin grandes dosis de autocrítica, la necesidad de cierto cambio en las formas para recuperar el terreno perdido en las últimas convocatorias electorales. Ortuzar alcanzó a lo largo de sus tres mandatos las mayores cotas de poder institucional que ha tenido el PNV en democracia, pero ahora deja el cargo en una tendencia a la baja y con EH Bildu pisándole los talones. Le cede el testigo a Esteban, que además tendrá que poner orden en casa y cerrar las heridas que ha generado un proceso interno muy convulso.
La formación jeltzale admite que debe «regenerar la confianza de la sociedad» si quiere seguir ondeando la bandera de «la referencialidad y el liderazgo» en la política vasca. Y para ello tal vez no valgan ya las recetas que le han funcionado durante las últimas décadas, porque acontecimientos como la pandemia −ésta es la primera Asamblea tras el fin de la crisis sanitaria− no sólo han cambiado las formas de «vivir, trabajar, socializar, consumir y relacionarnos», sino también «las prioridades de la ciudadanía, sus valores y sus preferencias». Una sociedad a la que el PNV ve como «diversa, madura y emocional».
Precisamente por esto último se hace hincapié en «humanizar» la acción política de la formación con valores como «la empatía y la cercanía». «Ha de sentirse que es un partido del pueblo», reza una de las ponencias ratificadas, que llama también a «mejorar la representación de los intereses de la ciudadanía», a «adaptar los modelos relacionales con movimientos asociativos, empresariales y sociales» y a «reformular valores y potenciar un estilo propio». Todo ello, recuerda el texto, sin renunciar a valores éticos de la organización como la identidad nacional vasca, el euskera, la diversidad y la igualdad.
En cuanto a la organización como tal, de la Asamblea General sale un emplazamiento a «fortalecer» la participación de la militancia, que se ha demostrado cuando menos exigua durante los recientes procesos internos, y también la «escucha» tras iniciativas como la de 'Entzunez Eraiki', que pese a sus conclusiones −se asumió cierta imagen de «arrogancia» y «amiguismo»− no han tenido mayor desarrollo. «No se trata tanto de favorecer procesos de escucha como de trabajar a partir de la escucha», reconoce uno de los documentos aprobados.
Un «sentir de la afiliación» es que el PNV debe darle una vuelta al espinoso asunto de la limitación de mandatos, el número de 'legislaturas' que una sola persona puede encadenar al frente de un mismo cargo público u orgánico en el PNV. Actualmente, la normativa jeltzale es laxa y permite que los órganos correspondientes puedan levantar la incompatibilidad en la práctica, lo que ha facilitado liderazgos muy largos, como el de más de tres décadas de Joseba Egibar o el del propio Ortuzar, que ha estado tres mandatos al frente del EBB y quiso aspirar a un cuarto.
Éste ha sido uno de los puntos que más debate ha suscitado en el Atano III, de donde ha salido un pronunciamiento que no cierra definitivamente el asunto. Se deja la puerta abierta a que, a partir del tercer mandato consecutivo, si una persona quiere repetir, necesite «mayorías cualificadas»; es decir, un apoyo reforzado y un mayor número de votos de los afiliados, o incluso, según fuentes de la ponencia, algún tipo de garantías extra o de «motivación» para poder ser nuevamente elegido.
En la práctica, la filosofía de la ponencia no tiene aún una traducción práctica, a expensas de cómo se plasme este asunto en los nuevos estatutos que el PNV espera aprobar en otoño. Para ello, mañana mismo comenzará una tercera sesión de la Asamblea General, diferida de manera extraordinaria, que tiene seis meses de plazo para elaborar y aprobar una nueva normativa interna, que buscará «acortar» los plazos de los procesos internos de elección de cargos y de todos los debates en general para alumbrar un partido más «eficiente».
Se trata también de «desburocratizar» la organización y «activar» a la militancia, facilitando su participación interna, en un momento clave a nivel global «con una derecha desmadrada» y un «creciente populismo». «No somos un partido de cuadros, somos un partido de militantes», ha recalcado el ponente Imanol Lasa.
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