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La Asociación Vasca de Sociología y Ciencia Política le acaba de conceder el 'Gizarte Saria' para reconocer su trabajo. Xabier Aierdi (Zeberio, 1957) sostiene que, ... en este momento, los políticos «tienen que dejarle el protagonismo a la clase científica» y alerta sobre las protestas de los últimos días.
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- ¿Cómo valora las protestas del pasado fin de semana? ¿Cree que han llegado para quedarse?
- Es prematuro decir algo. Creo que no durarán, pero pueden obedecer a diferentes malestares y habría que ver quién las está moviendo en las redes. Puede ser que tengan una afinidad electiva con movimientos de derecha radical o extrema derecha, pero serán fruto de una composición más heterogénea. Pueden ser consecuencia de la canalización de frustraciones de jóvenes que están en la periferia del sistema, debido a motivos económicos y reacciones nihilistas como consecuencia de la pandemia. Y no debemos olvidar que esto también se contagia. Nace en algún sitio y se extiende a muchos otros con suma rapidez.
- Como observador habitual de la realidad, ¿qué sociedad ve?
- Con el tema de la Covid una realidad relativamente cambiada. Con aspectos visibles como pueden ser las distancias físicas, una sociedad que está un poquito más triste, que puede ser más propensa a mantener las distancias sociales con el prójimo, una cierta desconfianza. Y luego hay una realidad más invisible: las consecuencias que esto tenga a niveles sociales, personales y laborales.
- La pandemia ha agotado a la ciudadanía, que necesita referentes. ¿La clase política lo es?
- La clase política en este momento tiene que dejarle el protagonismo a la clase científica. Es ahí donde debemos poner el foco. Los aciertos o desaciertos que cometamos o que cometan los políticos deberían estar supeditados a lo que en cada momento los expertos sepan, propongan, y desde ahí articular los medios. Yo soy bastante compasivo con la clase política.
- ¿Por qué?
- Porque en este momento la política tiene ciertos límites de calado muy hondo. Con la globalización surgen dos cosas que todavía no están muy presentes en nuestra sociedad y sobre las que deberíamos incidir mucho, que es el tema de que la economía es global y la política es local. Y en este momento es muy difícil que la clase política pueda controlar una economía que está fuera de sus manos. Los tsunamis se generan en la economía y, como mucho, la clase política, o gran parte de la clase política mundial, sólo te puede dar paraguas, no te puede facilitar un chubasquero.
- Mirar a la clase política no es gratificante.
- Los políticos básicamente lo que deben ofrecer es seriedad, la certidumbre que esté en sus manos y una imagen de dedicación permanente a un tema que es urgente. Hay una falsa idea que nos hace creer que nosotros somos más virtuosos que la clase política.
- ¿Pero no cansa tanta bronca?
- Hemos llegado a un escenario en el que el fenómeno Madrid hay que tratarlo de otra forma: los debates del Congreso, los conflictos Sánchez-Ayuso... Lo que ocurre en la política madrileña es un microclima y un microespacio que nos está embarrando al resto. Es como esos programas de fútbol en los que sólo hay 'hooligans' del Madrid o el Barcelona. Es un chiringuito, un auténtico espectáculo político, porque ese debate en Euskadi no se da.
- ¿El oasis vasco es real?
- No hay oasis vasco ante la pandemia, puede haber mejor o peor gestión. Desde un punto de vista económico-político sí creo que vivimos en parte en un oasis. Hay presencia de los mismos problemas que puede tener el sistema democrático en todo el Estado, como corrupción y algunas cosas similares, pero la intensidad en Euskadi es infinitamente menor.
reconocimiento
- ¿El debate social durará o desaparecerá tras la pandemia?
- Estamos ante unos fenómenos de una profundidad brutal: los ERTE, el teletrabajo, en el fondo es una forma creciente de precarización de toda la masa laboral, es una pérdida de derechos laborales... Son problemas de una gravedad tan enorme que es alucinante que no haya una reflexión.
- ¿Teme que se imponga el sálvese quien pueda?
- El sálvese quien pueda ya está instaurado. Se producen varios procesos. Al individuo se le deja básicamente desamparado y además se le hace ver que es el culpable de la situación que está experimentando. Y esto se puede intensificar si no se establecen unas medidas institucionales y de protección social que a medio plazo den certidumbre a la gente. Si no hay suelo firme la gente se tiene que machacar una a otra.
- ¿Y a los jóvenes qué futuro les espera?
- A la juventud se le vacila sistemáticamente. Se le dice 'tenéis que tener hijos'. ¡Pero si ha surgido la nueva pobreza, las dos personas trabajando y sin poder afrontar la crianza de las criaturas y pagar la casa!
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