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Mikel Iturgaiz, vástago del presidente del PP vasco, sufrió la pasada madrugada un nuevo episodio de acoso por motivos ideológicos. Es el segundo ataque grave ... que padece en apenas un año, pero la presión radical se está convirtiendo en una constante para el chaval, que tiene 25 años, por el simple hecho de ser hijo de su padre. Anoche se vio obligado a abandonar las txosnas del barrio getxotarra de Romo después de que una decena de personas le rodearan y zarandearan cuando participaba de las fiestas con un grupo de amigos. «Basura del PP, vete de aquí pero ya». La Ertzaintza ya investiga lo sucedido y tiene identificado al menos a uno de los implicados.
Según han confirmado fuentes policiales, los hechos se registraron sobre las cinco y media de la mañana. Mikel Iturgaiz fue señalado por otro joven que le conminó a dejar el lugar entre insultos. «Fascista», «hijo de puta». En un primer momento la cuadrilla del hijo del dirigente popular se apartó a una esquina del recinto, pero luego decidió volver al mismo lugar. «Los intolerantes no me van a echar de mi pueblo ni a decirme lo que puedo hacer, yo no estaba molestando a nadie», defiende Iturgaiz en conversación con EL CORREO.
👮👮♂️ #Getxo-n gertatutako bi lagunen irainak eta mehatxuak, euren filiazio politikoa dela eta, ikertzen ari gara
Ertzaintza (@ertzaintzaEJGV) August 5, 2022
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👮👮♂️ Investigamos los insultos y amenazas sufridas por dos personas, debido a su filiación política, en #Getxo pic.twitter.com/xFbKV4ZZhl
El nivel de hostigamiento se disparó en ese momento. «¿Tú qué haces aquí, pepero de mierda?». Al menos una decena de jóvenes cercaron a Iturgaiz y a sus amigos. Arreciaron los insultos y hubo empujones. La Policía Autonómica ha confirmado a primera hora de la tarde que una chica de la cuadrilla recibió «un manotazo en la cara» al intentar defender al resto. La presión no aflojó durante varios minutos, hasta que el grupo optó por marcharse para evitar males mayores. Alguno de los afectados tuvo que ser atendido por los servicios sanitarios tras sufrir un ataque de ansiedad. En las txosnas de Romo había en ese momento centenares de personas.
En junio del año pasado Mikel Iturgaiz ya se convirtió en el involuntario protagonista de un suceso similar. En aquella ocasión fue acosado en un campo de fútbol de Gernika. El joven jugaba con su equipo cuando jóvenes hinchas locales le identificaron, comenzaron a lanzarle insultos desde el exterior del estadio –«¡Te vamos a quemar vivo con tu puto padre!»– y amagaron con irrumpir en el recinto de juego. Lo impidieron los compañeros de Iturgaiz, algunos rivales y el árbitro, que recogió todo lo sucedido en el acta del partido. Desde antes el chaval también recibe mensajes amenazantes a través de las redes sociales.
El hijo de Carlos Iturgaiz no hace política, pero puede incluirse en la lista de jóvenes afines al PP que vienen sufriendo agresiones y acoso radical en el País Vasco por cuestiones ideológicas de un tiempo a esta parte. Son, al menos, una docena los casos que han sido puestos en conocimiento de la Ertzaintza y las diferentes policías locales durante los últimos cuatro años. Aunque los incidentes son más. «Si denunciáramos todo lo que está pasando la lista sería interminable», reconocen fuentes populares. El pasado octubre la dirección territorial del partido denunció el creciente «clima de odio» que padecían, especialmente, sus militantes de menor edad.
Son varios los afectados que han dado el paso de denunciar públicamente lo sucedido, aunque no todos. En 2018, David Chamorro (afiliado del PP, 18 años) fue apaleado por varios encapuchados en el campus alavés de la UPV/EHU al grito de «español de mierda». En mayo de 2021 el agredido fue Iñaki García Calvo –exconcejal en Vitoria, 23 años– cuando tomaba una cerveza con amigos en el Casco Viejo. Le insultaron nueve personas. El pasado abril, a Ander García Oñate –candidato a la alcaldía de Legutio en las últimas elecciones, 22 años– cuatro radicales le echaron de una discoteca y le siguieron por la calle de madrugada. Un mes antes habían empotrado su coche contra una señal.
La situación de inseguridad empieza a preocupar a las instituciones, especialmente en plena temporada de fiestas veraniegas marcadas por la disputa que mantienen diferentes colectivos juveniles de la izquierda abertzale tras la irrupción de la Gazte Koordinadora Sozialista (GKS) en el panorama con sus alegatos antisistema y, en muchos casos, violentos. Por ejemplo, contra la Ertzaintza. Un caldo de cultivo que ya está teniendo consecuencias.
A mediados de julio el Ayuntamiento de Mutriku se vio obligado a suspender una parte del programa de actos de las fiestas patronales tras conocerse que una asamblea juvenil que formaba parte de la organización vetó a una vecina por ser ertzaina. A los pocos días otro agente que estaba fuera de servicio fue agredido en la parte vieja de Vitoria al grito de «zipaio de mierda». Uno de los tres detenidos ya había participado en el ataque a uno de los jóvenes militantes del PP en esa misma zona.
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