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La Sociedad Estatal de Promoción y Equipamiento del Suelo (SEPES) retoma en Miranda el desarrollo del parque empresarial El Bullón y lo hace siete años ... después de que los casi 1,3 millones de metros cuadrados ubicados entre Las Californias, la carretera de Bilbao y la AP-1 volvieran a su control tras el fiasco del proyecto de la Ciudad del Reciclaje.
La entidad pública está trabajando en estos momentos en la redacción del plan parcial de ese sector y lo hace en colaboración con el Ayuntamiento, de cara a adaptar esa zona a «una ordenación más real con el mercado actual del municipio y su entorno», tal y como reconocieron desde SEPES; al tiempo que dejaban claro que, todavía, se está en una fase muy inicial de una tramitación larga, compleja y con varias administraciones implicadas.
El punto de partida de este trabajo es el planeamiento creado años atrás y, sobre él, se están diseñando cambios coordinados con el Consistorio; entidad a la que una vez realizadas las modificaciones urbanísticas y de servicios volverá el expediente, junto con los informes ambientales. Dos partes esenciales para poder iniciar la tramitación del proyecto. «Nosotros estamos desarrollando todos los documentos para que llegue un momento que se puedan licitar las obras», explicaron desde SEPES.
Disponibilidad
Ése es el objetivo con el que se trabaja en estos momentos: completar todo el proceso administrativo para que cuando surja una petición de suelo ésta se pueda atender porque sólo quedaría pendiente la ejecución de la obra. «Habrá que acompasar la urbanización con la demanda. Si realmente existe se iniciará la urbanización una vez que esté todo aprobado», avanzaron en la sociedad estatal; desde donde ya apuntaban que la intención pasa por ir generando los metros necesarios para atender las solicitudes que se planteen. No se urbanizarán los 1.280.000 metros cuadrados de El Bullón de golpe, de una sola vez. Irá vinculado al interés.
Se trata de evitar que «se desarrolle todo, no vendas más que unos pocos metros y el resto se quede ahí años y años, y se deteriore. Eso conlleva gastos de mantenimiento y la actuación acaba no siendo rentable. Y, al final, quien asume los costes es SEPES y lo hace con dinero público.
De ahí que desde hace ya unos años, tal y como apuntaron desde la entidad, han implantado ese modelo de desarrollo de parques empresariales «para evitar polígonos vacíos o con una empresa. Vamos a hacer tanto suelo como el que estimamos que sea de interés». Pero para llegar a ese punto antes hay que tener listos todos los instrumentos administrativos y «eso lleva su cauce». Precisamente, en esa fase es en la que se está ahora.
planificación
Hay que tener en cuenta que de los casi 1,3 millones de metros que suma El Bullón en su conjunto, si se resta el espacio destinado a viales y otros servicios, la superficie neta que se podrá destinar a la implantación de industria será de 685.000 metros. Pero para llegar a ese punto, primero tiene que estar aprobada toda la tramitación urbanística. Y «el documento ambiental es fundamental para que luego la Junta dé su consentimiento. Después llegará el proyecto de reparcelación y, una vez que esté, se desarrollará uno de urbanización que daría lugar a la licitación de las obras conforme a ese proyecto».
De ese parque empresarial no se había vuelto a hablar en la ciudad desde 2014, cuando SEPES recuperó el control del suelo tras la operación fallida con la Ciudad del Reciclaje. Y es que para que la promotora de esa iniciativa pudiera adquirir los terrenos, el Ayuntamiento denunció previamente el convenio firmado con la sociedad en 2002 -pacto que hizo posible el inicio del procedimiento de compra de terrenos para el desarrollo de un polígono industrial-; pero lo hizo con una cláusula de garantía que aseguraba que si el proyecto no llegaba a realizarse, el suelo volvía a la sociedad pública. Y así fue.
En julio de ese año, la Junta de Gobierno Local dio luz verde a la aprobación inicial del plan parcial que pasó a exposición pública previa a la ratificación, con carácter definitivo. Luego tocaba el desarrollo de instrumentos de gestión más concretos, como el plan de reparcelación. Pero del tema no se volvió a hablar, hasta ahora. De todos modos, en aquel, momento, desde el propio Consistorio se reconocía que no había demasiada prisa.
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