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Andrés Ortiz-Osés hablaba en clase de lo estaba pasando en la calle, más que de lo que en teoría tenía que enseñar en la ... Facultad de Filosofía de la Universidad de Deusto. Doctorado en Innsbruck (Austria), le tocó la asignatura de Metafísica, de las más importantes de la carrera. Enseñaba Aristóteles por obligación, pero sólo lo suficiente para saltar a lo que le interesaba, las fuerzas de inconsciente, el matriarcalismo vasco, la poesía y el arte como filosofía.
Era un católico que oficiaba de pagano, un sacerdote con vocación de chamán, un experto en mitologías más que en santorales, un romántico con un enorme poder de seducción para unos jóvenes idealistas en medio de una época de contraculturas y actitudes anarquizantes, con las que sintonizaba.
Creó para sí mismo la figura del disidente dionisíaco en una facultad de rectos jesuitas cuyo objetivo -necesario- consistía en preparar a base de horas de estudio a los futuros profesores de Filosofía de los institutos.
Ortiz-Osés murió el viernes a los 78 años en el hospital San Juan de Dios de Zaragoza. Había nacido en Tardienta, municipio oscense de la comarca de Los Monegros. Procedía de la tierra seca, azotada por el cierzo, pero su carácter no tenía nada de árido. Sacaba chispas a los juegos con las palabras, a los dobles sentidos y a los chistes. Se presentaba como un «filósofo baturro», debido a su «batiburrillo mental».
Familia
Bilbao
Aportación
Estudió en Huesca, Comillas y Roma. Se licenció en Teología y se doctoró en Filosofía por la Universidad de Innsbruck (con premio extraordinario). Fue profesor en las universidades de Zaragoza y Salamanca, y catedrático en Deusto, en que era emérito.
En esta dirigió la tesis doctoral de Luis Garagalza y Patxi Lanceros, hoy profesores en la UPV-EHU y Deusto, respectivamente, a los que consideraba sus discípulos, lo mismo que a Josetxo Beriain. En las clases de Metafísica, el colaborador de EL CORREO también se hizo amigo de uno de sus alumnos, el luego cineasta Álex de la Iglesia, con el que compartía el interés por los personajes diabólicos y, en general, del inframundo.
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Según relató Ortiz-Osés, su padre era un comerciante de familia democristiana, que se asoció con la Falange. Su madre ejerció de maestra y provenía de un entorno carlista. En 1948, un miembro del maquis que había sido teniente del Ejército republicano asesinó al sacerdote del pueblo, a uno de los primos del filósofo, de ideología izquierdista, y a su padre. Este, vicealcalde bajo el régimen franquista, había evitado el encarcelamiento del militar, pero no su marginación en la España de la posguerra. Ortiz-Osés tenía cinco años y, más que de los hechos, se acordaba del luto de su madre, que falleció cuando era un adolescente y ya estaba en el Seminario de Huesca, «frío y duro, pobre y espartano». El filósofo solía recordar con mucho dolor la pérdida materna.
Al acabar el seminario se fue a la Universidad de Comillas para estudiar Teología. Descubrió «anonadado el mar, rodeado de eucaliptos», bajo un régimen aún preconciliar, lejos de las inquietudes de muchos estudiantes y de varios profesores. De allí se movió a la Universidad Gregoriana de Roma, donde coincidió con Javier Sádaba, y más tarde consiguió una beca para estudiar alemán en la ciudad alpina de Innsbruck. Se quedó en su universidad, se doctoró y se ordenó sacerdote.
Una invitación de los decanos de las facultades de Teologia y Filosofía de Deusto le trajo a Bilbao, «ciudad algo ahumada pero intrigante, cerca del mar, enérgica y energética». Para entonces ya había publicado 'Antropología simbólica'. «Yo caí de pie, entre otras cosas porque me puse a investigar la cultura vasca, contactando con Barandiarán, Caro Baroja, Oteiza y luego Zulaika, proyectando la idea del 'matriarcalismo vasco', que tuvo un gran eco dentro y fuera del País Vasco, aunque algunos lo malentendieron como 'matriarcado', y otros como 'matriarcarlismo'», escribió sobre su aterrizaje en la capital vizcaína.
Fue una época de agitación y liberación después de la muerte de Franco. Ortiz-Osés se instaló en una buhardilla próxima a la casa natal de Unamuno, en el Casco Viejo, el espacio político y cultural más vivo de Bilbao en aquel tiempo. «Quise participar en el jolgorio contracultural y allí, por fin, pude realizar un encuentro íntimo: el encuentro conmigo mismo, con mi alma o interioridad».
Desde el punto de vista intelectual, Ortiz-Osés trajo al País Vasco la filosofía simbólica del Círculo de Eranos, inspirado por el teórico del inconsciente colectivo, C. G: Jung. Colaboró con Gilbert Durand y con la editorial Anthropos. Dio relieve a la hermenéutica y consiguió que Paul Ricoeur, uno de los grandes filósofos del siglo XX, viniera a Bilbao y estuviera con él y con Patxi Lanceros.
Practicó el aforismo y los publicó en papel y en Twitter. Hizo filosofía, la enseñó y también la encarnó. Su vida fue, sobre todo, filosófica.
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