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Los estudios de Hollywood presumían de tener más estrellas que en el cielo, pero Bilbao no se quedaba atrás a la hora de sacarles brillo. ... En 1965 llegó a ser la ciudad con más butacas de cine en España. Ofrecía nada menos que 65.000 localidades, con una ratio de un asiento por cada cinco habitantes. «Entre 1950 y 1965 se construyeron 40 salas destinadas expresamente a proyecciones de películas, un dato que no superaban ni Barcelona, ni Valencia, ni Madrid», destaca Bernardo García de la Torre, en la entrada de la muestra 'Arquitecturas para el cine en Bilbao', que acoge la sala Ondare hasta el 27 de enero. El acceso es gratuito. Además de comisario de la exposición, es autor del libro del mismo nombre, un trabajo de gran formato de 280 páginas que analiza 99 locales consagrados al séptimo arte, desde 1896 a 2011. La exposición aprovecha todo ese material de investigación y lo ofrece resumido y con enfoque pedagógico. El proyecto cuenta con la producción de la Delegación en Bizkaia del Colegio de Arquitectos Vasco-Navarro, el patrocinio del Ayuntamiento y la colaboración de la Diputación. Bajo una iluminación muy estudiada y una distribución de información que no aturulla, se han dispuesto 50 paneles, 10 maquetas y reproducciones de planos que embarcan al visitante en un viaje en el tiempo que abarca más de cuatro generaciones.
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Todo arranca el 6 de agosto de 1896 con la primera exhibición cinematográfica, en un piso de la calle Jardines, donde había estado la sede de El Sitio. Es ahí donde se calienta motores para el despegue arquitectónico, que acuñará un nuevo estilo y funcionalidad para adaptarse al espectáculo de masas que acababa de nacer. Ese hito lo marcará el Salón Olimpia, inaugurado en 1905, que se ubicaba en Gran Vía 19-21 y tenía la impronta de Ricardo Bastida. Lucía una fachada modernista y formaba parte de un complejo comercial y de ocio. «Además, daba la posibilidad de ofrecer proyecciones al aire libre con una pantalla exterior. ¡Todo un visionario! », apunta García de la Torre.
El arco temporal de la exposición termina con el cierre de los Capitol y Renoir, en 2011. «En la actualidad solo se conservan las estructuras de dos espacios reconocibles, la Sala BBK, donde estaba el Gran Vía, y el Kafe Antzokia, que acogía el Salón San Vicente y que fue sede del Cine-Club FAS». Entre las muchas anécdotas que se recogen en 'Arquitecturas para el cine en Bilbao', se descubrirán curiosidades como que el Mickey de Bilbao La Vieja, un antro que compaginaba el ambiente de alterne y los espectáculos de variedades, estrenó antes de la toma de Bilbao en 1937 dos obras maestras: 'El acorazado Potemkin', de Eisenstein, y 'La parada de los monstruos', de Tod Browning. Aquella modesta sala, diseñada en 1935 por Anastasio Arguinzóniz, se encontraba en una planta baja y tenía dos niveles, con 800 localidades y suelo de hormigón. En los años 50 se reconvirtió en taller de baldosas.
También causará sorpresa saber que el Buenos Aires –concebido en 1925 por Manuel Ignacio Galíndez– acogió en 1928 el estreno de la primera versión para la gran pantalla de 'Ben-Hur' con el acompañamiento de una orquesta a las órdenes de Timoteo de Urrengoechea, que luego sería una figura capital en la Sociedad Coral y la ABAO. «El cine atraía a todos los estratos sociales. No olvidemos que tanto el Arriaga como la Filarmónica también proyectaban películas. Asimismo, fue importante el papel de las salas parroquiales y los cines colegiales».
Entre los salones docentes, destaca, por ejemplo, el Santiago Apóstol, en Indautxu, que durante casi 15 años fue un hervidero de propuestas culturales y de ocio. Diseñado en 1962 por Pedro Ispizua, que ya había dejado su sello en el Ideal Cinema, el Ayala y el Zurbarán, contaba con 1.500 localidades, suelos de mármol en el vestíbulo y butacas tapizadas en color verde ceniza. Aparte de películas y tertulias de cine-club, programaba teatro alternativo y recitales de cantautores.
La mayoría de los arquitectos eran vascos, con nombres señeros de la talla de Germán Aguirre, Secundino Zuazo, Luis María de Gana, Eugenio M. Aguinaga... El último proyecto reseñable (y frustrado) que se cita en la exposición corresponde al de los cines Atxuri, que estaban destinados a enriquecer la oferta de un recinto con equipamientos deportivos en el Parque Hermanitas de los Pobres. Era un trabajo de los arquitectos Javier y Patxi Corta Echaniz y Javier Corta Martínez, y data de 2004. Más tarde, llegarían los locales de proyección vinculados a centros comerciales y de ocio. «Este trabajo no es conclusivo. Se dejan las puertas abiertas para profundizar. Hay vertientes que pueden seguir estudiándose».
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