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Las excavadoras trabajan desde esta mañana en el cráter. Ignacio Pérez
El Gobierno vasco instala nuevos medidores en Zaldibar y Eibar para reforzar el control sobre la calidad del aire

El Gobierno vasco instala nuevos medidores en Zaldibar y Eibar para reforzar el control sobre la calidad del aire

Osakidetza lanzó anoche una alerta sobre la calidad del aire en Eibar, Ermua y Zaldibar | Recomendó tener las ventanas cerradas y restringir las actividades deportivasal aire libre por los altos niveles de dioxinas que se que se producen por los incendios del vertedero

Julia Fernández y terry basterra

Viernes, 14 de febrero 2020

El Gobierno vasco ha reforzado en las últimas horas la vigilancia sobre la calidad del aire con la instalación de nuevos medidores en Zaldibar y Eibar. Con todo, por la complejidad de los análisis, no habrá nuevos datos concretos de dioxinas hasta el próximo jueves y estos resultados se corresponderán con las muestras tomadas los días 10, 11 y 12 de febrero.

Acabar con el fuego del vertedero es una de las claves para que mejore la calidad del aire, ya que, hay que recordar, desde la noche de ayer, Osakidetza ha recomendado reducir la exposición al aire ya que en la atmósfera de los municipios de Zaldibar, Ermua y Eibar hay un alto nivel de dioxinas y furanos, hasta «50 veces superior» a lo habitual en un entorno urbano.

Se trata de dos sustancias químicas tóxicas muy perjudiciales para el ser humano que son producidas por el incendio que, desde hace ocho días, arde sin control en la parte superior del vertedero que colapsó el 6 de febrero y mantiene sepultados a dos trabajadores. Las llamas se originaron por el contacto de las condensaciones de metano generadas por los residuos con el oxígeno tras el derrumbe y han encontrado en las toneladas de desperdicios alimento para seguir pujantes. Las recomendaciones del Ejecutivo se dirigen a unos municipios en los que viven casi 50.000 habitantes y afectan también al derbi programado para el domingo entre el Eibar y la Real Sociedad en Ipurua.

El encargado de realizar el anuncio fue el viceconsejero de Salud, Iñaki Berraondo. Le acompañaban el director de Salud Pública, Juanjo Aurrekoetxea, y el doctor Jesús Ibarlucea. Visiblemente nerviosos, los tres insistieron en que se trata de medidas «preventivas» ante el riesgo para la salud que supone una exposición prolongada a los componentes que arrastra el humo del incendio. «No sabemos cuánto tiempo va a durar esta situación. Depende de lo que se tarde en extinguir el fuego y de lo que ayude la meteorología a dispersar» las partículas suspendidas en el aire.

Ninguno de ellos se atrevió a manifestar qué se entiende por «exposición prolongada». Los datos de calidad del aire que se hicieron públicos ayer se tomaron el 9 de febrero, día en el que, según Berraondo, las llamas tuvieron «la intensidad más alta». La analítica practicada aquella jornada en el barrio de San Lorenzo de Ermua, una de las zonas habitadas próximas al vertedero, muestra «una concentración de 700 femtogramos por metro cúbico», cuando «lo normal es que oscile entre 10 y 30».

El Gobierno vasco ha tardado cinco días en recibir los resultados de las mediciones. Las realiza el Centro Superior de Investigaciones Científicas, debido a las «complejas técnicas que requieren». Cinco días en los que el fuego ha seguido iluminando la cumbre de la escombrera. Ante esta situación, el Ejecutivo ha decidido adoptar estas dos medidas para «proteger la salud» de la ciudadanía, y solicita la colaboración de la población para que se cumplan. Por el momento, son las únicas. Pero a estas hay que añadir la llamada de las autoridades a los vecinos que viven en los caseríos más próximos al vertedero para que utilicen mascarillas.

Berraondo y sus compañeros quisieron trasladar un mensaje de prudencia y tranquilidad en la rueda de prensa. Reiteró el número dos del departamento que las acciones que se piden a los habitantes «de las zonas más cercanas al incendio» tienen una finalidad preventiva. «La OMS no establece un nivel mínimo a partir del que esta sustancia es tóxica, y una exposición a corto plazo no debería provocar efectos sobre la salud, salvo que fuese a concentraciones muy elevadas, una situación en la que no nos encontramos. Se actúa más como medida protectora que por evitar un efecto sobre la salud inmediato», explicó el doctor Jesús Ibarlucea. A largo plazo, el viceconsejero sí reconoció que las dioxinas y furanos pueden producir cáncer.

El director de Salud Pública, Juanjo Aurrekoetxea, no pudo ocultar su nerviosismo ante la situación desencadenada. Lo evidenció al indicar que un compuesto con dioxinas similares a las que desprende el incendio fue utilizado por el Gobierno ruso para tratar de acabar con la vida del expresidente ucraniano Victor Yushchenko, «aunque en unas cantidades mucho más elevadas». «No consiguieron asesinarle, pero sí le desfiguraron la cara. La dosis que le dieron fue brutal», añadió. No constituyó un ejemplo acertado y el propio Aurrekoetxea se dio cuenta. También el viceconsejero, que le clavó la mirada. Con voz temblorosa, Aurrekoetxea cerró con un «no hablamos de esos caso». No dijo nada más en toda la comparecencia.

Las dioxinas y furanos no son el único compuesto que analizan los técnicos del Gobierno vasco estos días para determinar la calidad del aire en el entorno del vertedero. El resto de parámetros que se miden han arrojado hasta el momento valores dentro de los niveles aceptables para el ser humano y sus resultados se están conociendo con más agilidad.

Se examinan cuatro grandes bloques. Por un lado, los compuestos orgánicos volátiles, unos microcontaminantes en forma de gases que hasta el momento no han alcanzado valores preocupantes. Lo mismo ocurre con los hidrocarburos aromáticos policíclicos, un grupo de diferentes sustancias químicas originadas por la combustión. Se trata de compuestos derivados de las partículas generadas en el incendio. «Es lo que están oliendo los vecinos. Algunos días han dado valores elevados, pero siguen por debajo de los estándares establecidos y han ido disminuyendo. No son preocupantes para la salud», reiteró Berraondo.

Sin rastro de fibras de amianto

El tercer compuesto que se mide en el aire es el amianto. Fue el que más preocupó inicialmente y el que obligó a detener los trabajos de rescate y desescombro de la AP-8 el mismo 6 de febrero, cuando colapsó la instalación. Los bomberos, ertzainas y operarios de diferentes empresas no estaban equipados con el vestuario necesario para trabajar en presencia de este contaminante en el ambiente. Ayer, el segundo al mando en el Departamento de Salud aseguró que en las mediciones realizadas en las zonas pobladas «no se han detectado fibras de amianto en el aire».

La cuarta analítica es la que recoge los niveles de dioximas y furanos. Los están originando «la quema de plásticos y compuestos que contienen cloro» y permanecían depositados en el vertedero. Precisamente, la presencia de plásticos era una de las irregularidades «menores» que habían detectado los técnicos del Gobierno en la última inspección que realizaron a la instalación. Verter Recycling 2002 SL no tenía autorización para alojar este tipo de sustancias. Este hecho motivó la apertura de un expediente al que Lakua ha dado carácter sancionador en los últimos días. Es evidente que la retirada de los plásticos es uno de los requisitos que la compañía no cumplió tras la advertencia gubernamental.

Berraondo anunció ayer la incorporación de dos nuevas unidades de medicion para tener datos detallados de los niveles de partículas tóxicas. Y comunicó que darán información puntual sobre las analíticas. Si los niveles de contaminación descienden, se pondrá fin a las recomendaciones. Si se mantienen o van a más, el Ejecutivo no descarta adoptar nuevas acciones.

No hay mascarillas en las farmacias de Euskadi

En un momento en el que la calidad del aire ha quedado en entredicho, las farmacias vascas se han quedado sin mascarillas por la fobia al coronavirus. Vendieron todas sus existencias y no logran reponerlas. Las distribuidoras médicas no encuentran productoras que se las sirvan para llevar estos protectores a las boticas. Euskadi no es un caso aislado. España y otros países europeos sufren la misma situación. El grueso de la producción se está enviando a China, donde más se necesita.

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