
Heredera de la fortuna de la multinacional Basf
Marlene Engelhorn: «No quiero lidiar con unos estúpidos millones»
Recibió 4000 millones de euros
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Heredera de la fortuna de la multinacional Basf
Recibió 4000 millones de euros
Viernes, 05 de Abril 2024, 10:22h
Tiempo de lectura: 9 min
Marlene Engelhorn se convirtió en multimillonaria tras fallecer una de sus abuelas, propietaria de la multinacional química alemana BASF, y heredar más de 4000 millones de euros. Desde hace dos años, esta austroalemana de 31 años lidera un movimiento para que los ultrarricos como ella paguen más impuestos. Con ese mensaje se plantó en la última reunión de Davos y envió a los líderes políticos allí congregados una carta con el título Pray to pay more ('Orgullosos de pagar más'), firmada por más de 250 personas ricas de todo el mundo.
Ahora, Marlene quiere renunciar a parte de su herencia, 25 millones de euros, y dárselos directamente al país donde vive, Austria. Para llevar a cabo su plan, ha creado el Buen Consejo para la Redistribución, formado por ciudadanos austriacos, mayores de 16 años, seleccionados al azar. Las 50 personas que compondrán este comité asistirán a reuniones regulares hasta el mes de junio, en las que colaborarán con académicos y organizaciones de la sociedad civil.
XLSemanal. Da la sensación de que para usted nacer rico es una faena.
Marlene Engelhorn. No estoy de acuerdo. En primer lugar, no hablo de mi vida privada. Solo quiero recalcar que a los extremadamente ricos les va bien solo porque también hay pobreza extrema.
XL. Pero usted ha dicho, por ejemplo, que pertenecer a una familia rica tiene un «carácter casi religioso», que uno es «bautizado en la abundancia» y que «cuestionar esa situación es un delito, pecar contra el dinero es una amenaza». ¿No resulta todo esto un poco exagerado?
M.E. Los extremadamente ricos están inmersos en un microcosmos cuyo objetivo principal es legitimar su propia posición. Si hurgas en esta burbuja, puedes verte aislado. Se produce una reacción defensiva.
XL. Usted es muy crítica con su clase.
M.E. Mi crítica es estructural.
XL. ¿Cómo fue su infancia?
M.E. ¿Puede ser más concreto?
XL. ¿Se crio en una villa con limusinas, chóferes y criadas?
M.E. Todo eso resulta irrelevante. Mi respuesta menos amable sería: nada de eso es asunto suyo.
XL. Bueno, pronto regalará 25 millones de euros. Quizá ese gesto se entienda mejor si nos cuenta cómo creció.
M.E. Es totalmente inútil centrarse en experiencias personales. Focalizarse en mi vida evita abordar el problema real. La pregunta correcta no es cómo crecí. La cuestión es cómo nosotros, como sociedad, distribuimos la riqueza. ¿Quién tiene el poder de decidir y quién no? ¿O afirmaría usted seriamente que la pobreza responde a una decisión personal?
XL. No, desde luego.
M.E. Quienes solo se mueven entre sus iguales nunca cuestionan su vida. Fui a una escuela privada de habla francesa donde se encontraban niños ricos de la clase vienesa más chic. Pero también había una pequeña proporción de estudiantes franceses con becas. Estos dos grupos apenas se mezclaron. En mi ingenuidad pensaba que era por el idioma. Tonterías, todos hablábamos francés con fluidez. No fue hasta mucho después cuando me di cuenta de que tenía que ver con diferencias de posición social.
XL. ¿Solo tenía amigos de su clase social?
M.E. No, también era amiga de compañeros de colegio de diferentes orígenes. Los visité en sus apartamentos; no vivían en una villa como yo. Cuando tenía 11 o 12 años, no lo cuestioné.
XL. ¿Alguna vez le han negado algo?
M.E. Por supuesto. Pero eso también es irrelevante. Si no quiere incidir conmigo en el tema estructural, perderé interés en esta entrevista.
XL. El Buen Consejo acaba de comenzar su trabajo.
M.E. Es tan emocionante...
XL. Se trata de un comité de 50 personas que deberá determinar el destino de su dinero. ¿Le asusta decidir por sí misma?
M.E. Me parecería ilegítimo. ¿Quién asegura que haría lo correcto? Se trata de un mecanismo democrático. La ruta es la meta.
XL. Entonces, ¿por qué las deliberaciones no son públicas?
M.E. Para que los participantes puedan hablar entre sí en un espacio protegido. Cuando te apuntan cien cámaras, eso es inhibidor.
XL. Los participantes fueron seleccionados para ser un espejo de la sociedad austriaca, así que el 30 por ciento será partidario del FPÖ, de extrema derecha. ¿Le preocupa?
M.E. Me tomo en serio la democracia. ¿Qué nos da derecho a decidir quién es lo suficientemente bueno para sentarse a la mesa?
XL. Usted ha decidido que el dinero no pueda usarse para fines anticonstitucionales, antihumanos o antidemocráticos. No se mantiene tan al margen...
M.E. Estaré al margen. Estas son solo barreras de seguridad.
XL. ¿Cómo le comunicó su abuela que iba a heredar una fortuna? ¿Durante un té en su residencia junto al lago Lemán? ¿O en una larga caminata?
M.E. Recibí un correo electrónico de los asesores financieros de la familia.
XL. ¿No se lo dijo ella misma?
M.E. No.
XL. La gente rica no habla de dinero...
M.E. Exacto. Los consultores se encargan, para eso les pagas. Por cierto: heredas inmediatamente también a los asesores financieros de la familia. No es fácil desprenderse de ellos.
XL. ¿Lo hizo usted?
M.E. Sí, me independicé. Intento formularlo con cuidado porque no quiero dar a la familia ni a los asesores la impresión de que estoy intentando ofender a alguien.
XL. ¿Cómo reaccionó al ver el correo electrónico?
M.E. No me lo esperaba y no quería lidiar con unos estúpidos millones. Cuando no estás acostumbrado a ver más de seis cifras en tu cuenta corriente, es una gran sorpresa.
XL. ¿Qué tienen de estúpidos los millones?
M.E. Lo he dicho sin pensar. Pero es un buen ejemplo de lo privilegiado que eres cuando dices: «Todo este dinero me molesta». El 99 por ciento de la sociedad consideraría ingrato que alguien no se sintiera feliz, pero desde mi punto de vista es una carga administrativa.
XL. ¿Ese fue el día en que empezó a avergonzarse de la riqueza de su familia?
M.E. Nunca dije que me avergonzara de la riqueza de la familia. Lo que me avergüenza es que haya una distribución desigual.
XL. Su tatarabuelo cofundó la empresa química BASF.
M.E. Mi antepasado vendió BASF en el siglo XIX. Con la fortuna obtenida se incorporó a la empresa farmacéutica C. F. Boehringer and Sons, más tarde Boehringer Mannheim. Así se ganaba la vida.
XL. Boehringer recibió premios como empresa 'arianizada' durante la época nazi. ¿Se siente culpable?
M.E. 'Culpa' no es la palabra adecuada. Es mejor 'responsabilidad'. La Segunda Guerra Mundial no habría sido posible sin la participación de las grandes empresas. ¿Por qué no pensamos en cómo podemos regular para que algo así no vuelva a suceder?
XL. Boehringer fue vendida a finales de los años noventa por 11.000 millones de dólares. Su familia mantuvo sus activos a salvo de las autoridades fiscales y trasladó sus empresas y residencias a las Bermudas. Su tío abuelo...
M.E. Oh, Dios, sí…
XL. ¿Está tratando de compensar algo de aquello?
M.E. No me interesa abordar mi historia familiar. Mi opinión es que todas las familias ricas deben ser sometidas al escrutinio público.
XL. Wikipedia la describe a usted como una 'activista'. ¿Es así como se ve?
M.E. Bueno, no podría decirlo con la conciencia tranquila. El término debería reservarse para las personas que tienen que soportar penurias a causa de su trabajo. Yo soy altamente privilegiada. Puedo permitirme el lujo de no trabajar y desde hace tres años dedico mi tiempo a la sensibilización.
XL. ¿Le molesta la etiqueta de 'heredera de millones'?
M.E. No, es evidente. Solo hay una razón por la que me invitan a expresarme en todas partes, tenga o no algo que decir: porque soy rica.
XL. La ha entrevistado hasta The New York Times. Se ha convertido en una figura mediática. ¿Le divierte?
M.E. Espero que los medios se cansen. El discurso debe emanciparse de mi persona. Deberían entrevistar, por ejemplo, a expertos que desmonten el modelo fiscal.
XL. ¿Es usted una Robin Hood moderna?
M.E. Robin Hood les quita el dinero a los ricos y se lo da a los pobres. Yo no le quito nada a nadie.
XL. A usted misma: 25 millones.
M.E. Hago lo mismo que tú con el dinero. Lo gastaré. En mi caso, en un proyecto democrático.
XL. Usted describe el exceso de riqueza como antidemocrático. Pero la libertad económica es parte esencial de la democracia. ¿Quiere abolir el capitalismo?
M.E. El capitalismo actual ha demostrado que no puede funcionar sin explotar a las personas y destruir la naturaleza.
XL. ¿Cuál es su alternativa? ¿Socialismo?
M.E. No estoy muy interesada en esta cuestión del 'ismo'. Lo interesante es qué funciona y qué no.
XL. En su libro Dinero, de hace dos años, usted escribió que el estado del bienestar claudica ante el capitalismo neoliberal. Pero en muchos países de Europa se ha ampliado la pensión básica, la de maternidad, las ayudas a la vivienda...
M.E. Todos estos servicios son solo necesarios porque la desigualdad se está volviendo mucho más marcada.
XL. Pero usted no diferencia entre Estados Unidos y los estados del bienestar europeos.
M.E. Que aquí sea un poco mejor no significa que no se pueda mejorar aún más, ¿verdad? Lo que es comparable es cómo se distribuye la riqueza y lo que eso significa. Digamos que yo represento al 1 por ciento más rico y tú representas al otro 99. Yo invierto mi dinero, compro bonos del Estado y las casas en las que vives. Recibo el dinero de tus impuestos a través de los intereses y tu alquiler también va a parar a mis manos. Pero, como no puedo gastar tanto como gano, compro más productos financieros, más casas y subo el alquiler. Entonces, tú necesitas un subsidio para la vivienda. Estas cosas están conectadas.
XL. Para usted, un empresario es alguien que se gana la vida con la explotación.
M.E. Ese es el principio básico.
XL. Pero usted ignora lo difícil que es para los empresarios: el arquitecto que se queda sin encargos durante la crisis, pero tiene que pagar a sus empleados; el restaurante que cierra por falta de personal.
M.E. No me interesan las empresas pequeñas, sino las estructuras más grandes.
XL. ¿No hace usted una distinción moral entre la riqueza que usted misma adquiere y el dinero que hereda?
M.E. Para mí es indiferente. Lo crucial es si la prosperidad se convierte en exceso en algún momento. Entonces, los ricos pueden cambiar la sociedad. La riqueza es poder.
XL. Nunca ha tenido miedo existencial.
M.E. Si lo defines en función de los activos, no.
XL. ¿Echa de menos esta experiencia?
M.E. No sé por qué debería considerar deseable el miedo existencial.
XL. ¿Tendrá alguna vez una vida normal?
M.E. Ni idea. Pregúntame esto antes de que me muera.
XL. ¿Quiere usted vivir de un trabajo remunerado?
M.E. Tendré que hacerlo porque quiero independizarme de la riqueza de mi familia y quiero ser parte del 99 por ciento de la sociedad. Si es razonable para casi todos, entonces también lo es para mí.