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Recreación del aspecto de Portugalete a finales de la Edad Media. E.C.
Portugalete, la villa fundada hace 700 años para disgusto de Bilbao

Portugalete, la villa fundada hace 700 años para disgusto de Bilbao

Tiempo de historias ·

La carta puebla concedida a los portugalujos por María Díaz de Haro se convirtió en el origen de un litigio histórico, causado por la rivalidad comercial, que duró siglos

Viernes, 10 de junio 2022, 00:38

El 12 de junio de 1322 la Señora de Vizcaya María Díaz de Haro otorgó la carta-puebla de Portugalete, que cumple así siete siglos. «Sepan quantos este privilegio bieren como yo Donna Maria muger que fui del Infante don Juan Señor de Vizcaya do et otorgo a todos los de Portugalete…» empezaba el documento que creaba una nueva villa.

La fundación de villas se produjo durante la Baja Edad Media. Fue un proceso importantísimo, pues creó o alentó los primeros núcleos urbanos, dotados de un nuevo estatus jurídico. Iniciativas de este tipo se producían en Europa desde el siglo XI. Fueron tardías en el País Vasco: en 1180 se fundó San Sebastián y en 1181 Vitoria. El Señorío de Bizkaia fue el último territorio en incorporarse al proceso. Lo hizo en 1199, cuando se fundó Balmaseda, la primera villa vizcaína, situada en la ruta que llegaba de Castilla.

La emisión de la carta puebla y la fundación que llevaba aparejada eran iniciativas importantes. Cuando una población recibía el título de villa -por lo común, estas se fundaban sobre una población ya instalada, como es el caso de Portugalete- recibía un derecho distinto al del entorno rural, así como una jurisdicción territorial y determinadas concesiones económicas (era frecuente la posibilidad de realizar un mercado), mejorando su inserción en los circuitos mercantiles. Además, se dotaba de nuevas autoridades y de la posibilidad de defenderse. Muchas de las villas vizcaínas perseguían objetivos económicos relacionados con el comercio. Al fundarlas, el Señor de Bizkaia solía responder a peticiones de los pobladores.

La fundación de villas estuvo también condicionada por la guerra de bandos que se produjo en Bizkaia, la lucha entre los señores rurales que enrareció el ambiente social. Hubo también banderizos en las villas, e interfirieron en la vida urbana, pero tuvo importancia la posibilidad de construir murallas para protegerse de un entorno amenazante.

Portugalete se fundó antes de que comenzase hacia 1330 el periodo álgido de las guerras banderizas, pero también tuvo sus murallas (y en su momento también sus banderizos: sus hijos encerraron a Lope García de Salazar en la torre de Salazar, donde murió). Sin embargo, el principal motivo de su fundación como villa fue económico, relacionado con el comercio y con la pesca. Bilbao y Portugalete serían las únicas villas que hubo en la ría, lo que a su vez generaría algunos problemas.

Balmaseda y Otxandio

Cuando se fundó Portugalete, en Bizkaia existían villas en los dos principales accesos terrestres al Señorío (Balmaseda y Otxandio). También era villa Bermeo, por entonces considerado la cabeza de Bizkaia. Durango y Ermua habían sido fundadas como tales en el camino con Gipuzkoa. Y en 1299 y 1300 recibieron la carta-puebla Plentzia y Bilbao, enclaves portuarios. La creación de las villas seguía de momento una lógica económica. Surgieron en los caminos y en los puertos.

Cuando se fundó, Portugalete recibió el Fuero de Logroño, la disposición que reguló la vida de todas las villas vizcaínas. Otorgaba la libertad de comprar y vender, preveía una autonomía municipal, con el nombramiento de sus propias autoridades, y la supresión de los derechos señoriales. Portugalete pasaba a ser villa, con lo que adquiría una personalidad administrativa que le permitía actuar al margen de las Juntas de Avellaneda. En su momento, esto le posibilitaría enviar su representante a Gernika, a las Juntas Generales de Bizkaia.

Conforme a la lógica del período, se ordenaba a la villa que levantase una iglesia, con la advocación de Santa María, en el lugar que los vecinos considerasen conveniente, para lo cual les cedía un tercio del diezmo que devengaba Santurtze y otras localidades (Sestao, Abanto, San Vicente de Barakaldo, etc.).

Entre los privilegios que recibía Portugalete estaba una amplia jurisdicción territorial y costera. Lo que se pescase desde el río Lombar (Ontón) hasta Lutxana (en la ría) tendría que llevarse a Portugalete, donde se pagaría el quincio -un quinto- al señor. «Et mando que dentro destos términos sobre dichos tambien por mar como por tierra, que no haia otra carga ni descarga de pan ni de sal, ni de otra cosa ninguna, salbo en la dicha villa de Portugalete». Portugalete se convertía en un centro económico, pues en el espacio designado sólo podría comerciarse allí. Además, sus vecinos podrían transitar sin pagar impuestos por los caminos que iban a Orduña, Artziniega, Balmaseda, Castro, Bilbao, Bermeo y Plentzia. Se buscaba, por tanto, que los portugalujos pudieran hacerse con el control del parte del tráfico que afectaba a la ría.

La rivalidad con Bilbao

En otras palabras: la fundación de Portugalete buscaba dar una cobertura jurídica y administrativa a las actividades comerciales, de índole muy distinta a la del entorno rural. Era la época en la que comenzaba un tráfico mercantil con Castilla y con puertos del norte, además de la venta del hierro de las ferrerías. También se percibe en la carta-puebla la influencia de la inestabilidad social, pues las previsiones para los casos en los que había que aplicar justicia fueron muy abundantes, más que las de las cartas puebla de las décadas anteriores.

Al fundarse, la cuestión crucial para la villa de Portugalete era el tráfico por la ría. Seguramente, quienes habían solicitado la fundación pensaban basar la prosperidad de la localidad en ese comercio. La cuestión planteó un problema serio, que se convirtió después en el origen de un larguísimo litigio histórico, que duró siglos. Bilbao había recibido en su carta puebla de 1300 el privilegio de que las mercancías que entrasen en la ría desembarcasen exclusivamente en los muelles de Bilbao. En realidad, había recibido la jurisdicción sobre todo el tráfico de la ría, lo que tropezaba con las capacidades mercantiles que su carta-puebla concedía a Portugalete.

No era una cuestión secundaria. Bilbao, y en su nombre el Consulado, defendió durante siglos ese privilegio, entendiendo que de él dependía su prosperidad, e incluso su razón de ser. Desde finales de la Edad Media los litigios entre Bilbao y Portugalete fueron continuos.

Bilbao, en esto una población algo arrogante, echó mano de todo tipo de argumentos. En uno de los juicios sostenía que «es incierto, que en la Villa de Portugalete se haya hecho la carga y descarga de mercadurías de comercio», y que antes de la fundación en Portugalete no había población alguna. Las dos afirmaciones eran falsas.

El Consulado sostenía que Bilbao tenía la jurisdicción sobre toda la ría y el Abra, por lo que no cabía que los barcos parasen en muelles que estuviesen aguas abajo. Portugalete reclamaba el derecho a usar su ribera para abastecerse. Bilbao, algo quisquilloso, temía perder el monopolio del comercio a través del Nervión si recalaban allí los barcos. En 1631 se resolvió transitoriamente el pleito. Portugalete conseguía que, «con la debida justificación, pudiesse tomar de los navíos que entrasen por la barra aquellas porciones de bastimento que sólo necesitase para el de su pueblo, practicándolo en el ceñido término de dos horas, sin causar mayor detención a los navíos», además de que los precios estuviesen controlados y que no pudiera descargarse nada para comerciar fuera de Portugalete. Sólo les permitían descargar durante dos horas, y todo indica que se vigilaba el plazo. Bilbao defendió a capa y espada, por todos los medios, su preeminencia respecto al entorno inmediato. Por lo que sabemos, nunca fue complaciente con sus vecinos. Más bien actuó de forma antipática.

En lo que a Portugalete respecta, la agresividad bilbaína le impidió desarrollar en la Edad Moderna las potencialidades que la carta-puebla le otorgaba. Sin embargo, su fundación como villa le otorgó durante el Medievo su personalidad jurídica y una notable capacidad económica. Después, la ría fue monopolizada por Bilbao.

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