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Restos de dos de los bombarderos que los nazis dejaron en la cueva cuando abandonaron la instalación.
La leyenda del aeródromo nazi escondido en una cueva

La leyenda del aeródromo nazi escondido en una cueva

Tiempo de historias ·

La gigantesca caverna de Bédeilhac, en el Pirineo francés, es un yacimiento arqueológico que albergó en la Segunda Guerra Mundial una instalación en la que se reparaban aviones, lo que alimentó el mito de que desde ella partían con destinos misteriosos

Martes, 21 de diciembre 2021, 00:34

Las leyendas con nazis por medio siempre tienen éxito. Si además incluyen la idea de misteriosas bases subterráneas ganan atractivo. Es el caso de la historia de los aviones de Bédeilhac, un episodio relativamente conocido de la culturilla pseudohistórica relacionada con la presencia del III Reich en el Sur de Francia, la misma que alimenta las historias sobre la búsqueda del Grial por parte de los secuaces de Himmler. Según la leyenda, los nazis habilitaron un aeródromo entero y secreto en la gigantesca gruta de Bédeilhac, en los Pirineos, del que despegaban y aterrizaban aviones con misiones desconocidas al abrigo de cualquier bombardeo. Hasta hay una foto que muestra uno de estos vuelos, en la que se distingue perfectamente, a pesar de la baja calidad de la imagen, un avión saliendo de la boca de la cavidad, con sus identificaciones alemanas bien visibles bajo las alas.

La historia del aeródromo nazi instalado en una cueva ha llegado a ser tan persistente que hasta el artículo que la Wikipedia en francés dedica a la caverna de Bédeilhac incluye un apartado titulado convenientemente 'la légende'. Porque sí, en efecto, es una leyenda. Pero esconde una historia real. Porque es cierto que en esta cueva se montaron y desmontaron aviones. Y por lo menos en dos ocasiones un avión aterrizó y despegó de ella.

La cueva de Bédeilhac pertenece al municipio de Bédeilhac-et-Aynat, en el valle de Saurat, en el departamento de Ariége, que limita al Sur con España, con los Pirineos como frontera natural. La caverna es enorme y un refugio natural magnífico, por lo que no resulta sorprendente que fuera ocupada por lo menos desde hace unos 15.000 años, por los cazadores recolectores del magdaleniense, y en periodos posteriores, en la Edad de Broce, la Antigüedad e incluso en la Edad Media.

Bédeilhac conserva vestigios de arte ruprestre paleolítico y en ella se han obtenido muestras notables de arte mobiliar del mismo periodo. Por sus extraordinarias dimensiones, la cueva llamó la atención de aventureros, excursionistas y curiosos de todas las épocas, y se conservan testimonios de exploraciones desde el siglo XVIII. Como yacimiento arqueológico, Bèdeilhac fue 'descubierta' en 1906, cuando el padre Breuil, patriarca de la Prehistoria francesa, identificó en una de sus paredes una pintura parietal paleolítica, la primera de una interesante serie de dibujos y grabados que sacaron a la luz sucesivas prospecciones. Por su indiscutible valor, la gruta fue declarada monumento histórico en 1929.

Los aviones llegaron bastante más tarde, en 1940. Casi un año después del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, el 1 de junio de ese año la cueva fue requisada para que la firma aeronáutica francesa Dewoitine pudiera fabricar en ella, a cubierto de cualquier sabotaje, las piezas de su caza D520. La boca de la cueva fue acondicionada, tal como permanece hoy, con el suelo nivelado y hormigonado. Pero tras la rápida ocupación de Francia, la instalación fue reaprovechada por los alemanes cuatro años después, en 1944.

Aviones abandonados

Los nazis instalaron allí una fábrica dedicada a reparar diversos modelos de Junkers, que entraban y salían de la caverna por tierra y desmontados. A pesar de ello, pronto cobró fuerza el rumor de que tenían instalado todo un aeródromo en funcionamiento allí, y la historia de los despegues y aterrizajes se convirtió en parte del folclore local. Los nazis abandonaron su fábrica aeronáutica cavernícola el 15 de agosto de 1944, dejando los restos de ocho aviones, además de varios camiones, maquinaria y los barracones del personal. Hay una foto del padre Breuil, el descubridor de la cueva como yacimiento arqueológico, en la que el sacerdote aparece rodeado por los restos de las aeronaves.

Georges Bonnet despega de Bédeilhac para la serie 'Le passe-montagne'.

¿Y la imagen del avión con las cruces negras despegando de la cueva? ¿Es un montaje? Sí y no. Es real, pero es la imagen del rodaje de una serie de televisión de ocho episodios, 'Le passe-montagne', protagonizada por Hélène Arié, Lucien Barjon y Michel Fortin, adaptación de una novela del mismo título que recogía en su trama la leyenda del aeródromo nazi subterráneo. Fue rodada en los setenta, cuando los medios técnicos eran los que eran y si se quería obtener una toma creíble de un avión despegando de una cueva no había más remedio que filmar un avión despegando de una cueva. El aviador que efectuó la hazaña fue el piloto de pruebas Georges Bonnet, a los mandos de una pequeña avioneta Morane Rallye, de fabricación francesa, 'tuneada' a la alemana. Lo cierto esq Bonnet ya lo había hecho en 1972, para demostrar que era posible aterrizar y despegar de una cueva cuya boca tiene unos 17 metros de altura y unos 50 de anchura, con una 'pista' de unos 350 metros, ya dentro de la montaña. El piloto repitió la prueba en 1974 para el rodaje de la serie, con el mismo avión pero 'tuneado' a a la alemana para la ocasión.

Hoy día la cueva está abierta a las visitas y desde hace unos años se puede ver en ella una réplica del avión de Bonnet.

Bonnet enfila la boca de la cueva para demostrar que es posible aterrizar en su interior.
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