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Twitter es también el sitio al que acudir para contrastar opiniones, lo que a menudo aprovechan actores de gran escala, como multinacionales e instituciones, para inocular sus mensajes entre la población. No en vano, el empleo de cuentas automatizadas -bots- está más que probado por parte de algunas fuerzas políticas, interesadas en arañar votos a base de difundir medias verdades.
Que estemos ante la herramienta de persuasión más valiosa de internet explica la multimillonaria inversión (43.394 millones de dólares, unos 40.500 millones de euros) del hombre más rico del planeta, Elon Musk, quien hace unas horas vio aprobada su oferta de adquisición por la décimo quinta red social en número de usuarios: 436 millones hasta el pasado diciembre.
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Así las cosas, ¿quien acostumbra a usar Twitter en beneficio propio es el más idóneo para evitar que otros sigan haciéndolo? No olvidan cómo un mensaje sobre la supuesta conversión de Tesla en compañía privada revolucionó el mercado bursátil hará tres veranos. Tweet que le supuso una multa de 40 millones de dólares por parte de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos. Más recientemente, su apoyo en Twitter a la criptomoneda Dogecoin, concebida como una broma, terminó impulsándola hasta límites insospechados. La misma divisa que ha visto incrementado su valor en un 20% tras el anuncio de que Twitter queda en manos de Musk. A fin de cuentas, otra prueba más de que la red social puede granjear pingües beneficios personales si sabe cómo utilizarse.
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También hay quien da por hecha la readmisión de Trump como usuario de Twitter, en pos de favores que el futurible presidente de Estados Unidos pudiera tener para con Tesla o SpaceX. Supuesto que el exmandatario no ha tardado en desmentir: «Espero que Elon compre Twitter porque lo mejorará y es un buen tipo, pero seguiré en Truth (su propia red social). No voy a volver a Twitter», dijo Trump horas antes de se oficializase la transacción de 44.000 millones de dólares.
Como Trump, no hace mucho que Elon Musk se planteó crear su propia red social. Una de código abierto que favoreciese, según él, la «auténtica» libertad de expresión. Ahora sabemos que sus verdaderos planes pasaban por hacerse con Twitter para cambiarla desde los cimientos. Al menos eso deja entrever la segunda parte de su tweet al respecto: «Quiero mejorar Twitter con nuevas funciones que desarrollen todo su potencial. Trabajaré con la compañía y su comunidad de usuarios para conseguirlo».
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Entre estas nuevas funciones, Musk replanteará los procesos de moderación para evitar que se discriminen opiniones contrarias a la «narrativa oficial» en determinados asuntos de actualidad; que se bloquee permanentemente a los usuarios que las difundan o que una cuenta pueda ser clausurada como resultado de denuncias organizadas. «Es vital que la gente sienta que puede hablar libremente dentro de los límites de la ley», espetó el magnate en su mentada charla TED.
Su siguiente propósito será acabar con los bots, responsables de que numerosos temas sean tendencia tras la inversión de no pocos interesados. Para ello, Musk propone «autentificar a todos los humanos» de Twitter, lo que en la práctica pasaría por asignar marcas de verificación a cada usuario registrado. Se evitaría así que una misma persona pudiese crear varias cuentas no corporativas desde las que obrar a placer, muchas veces de forma dañina.
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La implementación de un algoritmo de código abierto resultaría otra meta estrella. Esto es, que el método por el que Twitter decide qué mensajes aparecen a cada usuario pueda ser revisado por cualquiera, «tal y como ocurre con Linux y Signal». De este modo los entendidos en programación serían libres de enviar sugerencias para su mejora paulatina. El porqué de este movimiento radica en cómo Twitter concede menos visibilidad a los mensajes provenientes de cuentas que su algoritmo tilda de 'problemáticas'.
Pero la joya de la corona de este Twitter reinventado llegaría con un botón de editar tweets que sus otrora responsables anunciaron hace unas semanas, después de que Musk preguntase al respecto en su perfil. Se espera que el cambio resulte ahora más ambicioso de lo planeado, aunque siempre mostrándose las versiones previas de cualquier tweet editado, acorde a la transparencia que el mandamás de Tesla profesa.
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Sea como fuere, que Elon Musk controle Twitter supone de facto su salida del mercado de valores. Ya no habrá accionistas ante los que rendir cuentas y esto permitirá rebajar la invasión publicitaria o la cuota de un modelo de suscripción (Twitter Blue, limitado a ciertas regiones) que no termina de mostrarse rentable. Para muchos, esta es a fin de cuentas la mayor empresa de Musk: espolear económicamente una red social que siempre se ha mostrado dubitativa a dicho respecto. El tiempo dirá si el experimento sale bien o si la fanfarronería del ejecutivo acaba por echarlo todo al traste, éxodo de usuarios mediante.
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