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'Super Mario Bros. Wonder': La sonrisa hecha videojuego

'Super Mario Bros. Wonder': La sonrisa hecha videojuego

Crítica ·

Nintendo marca un nuevo hito en su franquicia por excelencia

Viernes, 27 de octubre 2023, 11:24

Lo avisamos en nuestras primeras impresiones: 'Super Mario Bros. Wonder' llega pegando fuerte. En sus tres primeros días a la venta, la exclusiva de Nintendo Switch ya se ha convertido en el título de la serie más rápidamente vendido en Europa. También en uno de los estrenos más exitosos del fontanero en el país del Sol Naciente, donde ha despachado 640.000 copias en una semana (durante el mismo periodo, 'Super Mario Odyssey' rebasó el medio millón, mientras que las conversiones de 'Super Mario 3D World' y 'New Super Mario Bros. U' rondaron las cien mil unidades).

Semejantes cifras evidencian el buen estado de forma de la plataforma híbrida, seis años después de su lanzamiento: ajena a los rumores sobre una sucesora, la multinacional japonesa ha decidido echar toda la carne en el asador con uno de los ejercicios fiscales más brillantes que se recuerdan (de 'Metroid Prime Remastered' a 'Pikmin 4', pasando por 'The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom' o el inminente remake de 'Super Mario RPG').

La clave de dichas producciones radica en el modus operandi de una Nintendo empeñada en no abrir el horno antes de tiempo: sus productos se cocinan a fuego lento y tan solo se sirven cuando sus responsables se muestran cien por cien convencidos del resultado final. De este modo, Wonder supone una rara avis; no necesita parches de lanzamiento ni tiene proyectadas decenas de expansiones. Los jugadores tienen ante sí una experiencia completa y redonda que, como seguramente hayáis leído por otros lares, revoluciona la vertiente bidimensional del Reino Champiñón.

Tanto 'Super Mario 64' como 'Sunshine', sendos 'Galaxy' y 'Odyssey' marcaron un antes y un después en el segmento de las plataformas 3D. Algo que no podemos decir de la últimas entregas de Mario en scroll lateral: 'Yoshi's Island' fue quizás el último título genuino hasta la irrupción de la serie 'New Super Mario Bros.', que marcó un retorno a las bases desde el prisma de las partidas multijugador. Nintendo necesitaba una vuelta de tuerca con la que sorprender a la ingente base instalada de Switch. Y vaya si lo ha hecho.

La excusa en términos narrativos es una visita al Reino Flor, gobernada por el Príncipe Florian (una simpática oruga que se convertirá en nuestra fiel compañera de viaje). Como mandan los cánones, la región no tarda en ser invadida por Bowser y sus secuaces, a quienes derrotaremos a lo largo de varios mundos temáticos. Cada uno alberga numerosas fases que debemos transitar hasta el banderín de meta, pero ahí acaban los clichés.

Disponemos del mayor plantel de personajes seleccionables visto en las iteraciones principales del mostachón, pero esta vez no presentan habilidades características: éstas, como el salto en altura de Luigi o el paracaidismo improvisado de Peach, se encomiendan a una de las piedras angulares del título. Una vez ganadas (o adquiridas a los comerciantes locales), las insignias pueden equiparse a cualquier aventurero antes de cada fase. De este modo, Mario puede encadenar saltos consecutivos, impulsarse como un delfín bajo el agua e incluso lanzar parras con las que engancharse a las paredes. También encontramos insignias de objeto, que nos otorgan monedas adicionales al fulminar enemigos, permiten comenzar el nivel con un superchampiñón o nos dan pistas sobre la ubicación de los ítems más codiciados.

Este sistema de habilidades intercambiables consigue que repetir fases resulte tan irresistible como obligatorio; desentrañar sus secretos depende de utilizar determinadas insignias en el tramo justo, por lo que nunca sabes qué te deparará esa segunda o tercera vuelta. Encontramos además 'retos de insignia', que vienen a ser niveles con los que aprenderlas, diseñados expresamente en torno a la mecánica que las suscita. Así, podemos vemos obligados a salvar abismos siendo invisibles, momento a partir del cual podremos serlo en cualquier momento del juego. Porque sí, estos emblemas también pueden servir para complicar las cosas a los usuarios más entrenados. Sus antónimos, como los más pequeños de la casa, cuentan con Yoshi y Caco Gazapo como opciones predilectas: no pueden sufrir daño de los enemigos, aunque tampoco usar habilidades ni ítems.

Imagen principal - 'Super Mario Bros. Wonder': La sonrisa hecha videojuego
Imagen secundaria 1 - 'Super Mario Bros. Wonder': La sonrisa hecha videojuego
Imagen secundaria 2 - 'Super Mario Bros. Wonder': La sonrisa hecha videojuego

A este último respecto, además del mentado superchampiñón y la clásica flor de fuego, Wonder depara tres poderes inéditos. Pueden no parecer muchos, pero están tan bien pensados que bastan y sobran. Se nota que los niveles se han diseñado con la 'elefanzana', la 'flor burbuja' y el 'champitaladro' en mente: el primero nos transforma en elefante para derribar bloques, pero también permite recoger agua con la trompa para apagar fuegos o regar elementos del escenario; el segundo encapsula a los enemigos mediante burbujas que podemos usar para saltar en el aire y el tercero nos convierte en una suerte de topo capaz de desplazarse por techos y suelos, esquivando a los enemigos y accediendo a estancias ocultas. Tales posibilidades motivan rompecabezas ligeros y orgánicos a lo largo de las fases, la mayoría relacionados con las verdaderas protagonistas del desarrollo: las Flores Maravilla.

Cada nivel cuenta con una Flor Maravilla esperando a ser descubierta; flores que al tocarse trastocan la partida convirtiéndola en algo totalmente inesperado. Dicho pretexto ha permitido a Nintendo EPD romper con todas las convenciones posibles de los Mario 2D: de repente las míticas tuberías verdes reptan cual gusanos, las plataformas adquieren apariencia antropomórfica y los enemigos se hinchan cual globos entre los que rebotar en pleno ascenso. Otras veces asistiremos a cambios de perspectiva por los que Mario terminará protagonizando una partida de 'Mr. Driller'; ocultándose de los adversarios cual Goomba (al más puro estilo Metal Gear Solid) o convirtiéndose en una gelatina para atravesar laberintos repletos de trampas. No daremos más ejemplos: la gracia de Wonder es no saber qué te espera a continuación y, afortunadamente, la sensación se acrecienta cuanto más juegas.

Las cotas de locura alcanzan su punto álgido en la recta final del juego, con un enfrentamiento tan magistral que evidencia uno de los pocos peros que hemos encontrado a la obra: el único subjefe es Bowsy (a lo largo de varias refriegas) y sus rutinas no sacan demasiado partido a la premisa de las Flores Maravilla.

También con éstas se pulveriza la idea de que en Mario todo consiste en tirar para adelante hasta completar el nivel de turno. No es solo que podamos volver sobre nuestros pasos en cualquier momento para incidir en áreas sospechosas, sino que a veces alcanzar el banderín de meta arroja un curioso interrogante en pantalla: «¿Nivel completado?». Ocurrirá cuando no demos con la Flor Maravilla que nos abra un camino alternativo, con el que alcanzar la verdadera salida y desbloquear rutas adicionales en el mapa del juego. Un mapa con áreas abiertas, por las que desplazarnos libremente y en las que también hay secretos por doquier: fases, bloques y tuberías que aparecen de la nada; ocultas tras estructuras aparentemente impenetrables. Esto hace que cada minuto que pasemos en Wonder aporte algo a la experiencia en su conjunto, aunque sean unas monedas adicionales (las clásicas doradas para ganar vidas o las nuevas flor, para comprar 'semillas maravilla' y así desbloquear mundos).

Sí, describir todo lo que contiene la última maravilla de Nintendo se antoja extenuante: aún no hemos reparado en fases alternativas como los 'pasatiempos' (pruebas breves), los 'coliseos' (oleadas de enemigos) o las partidas 'de búsqueda', en las que encontrar semillas ocultas a conciencia. Todo ello podemos acometerlo junto a otros tres jugadores de forma local, con la particularidad de que ya no es posible chocarse con los demás: las críticas al multijugador de los New Super Mario Bros. han hecho que Nintendo desactive esta opción por lo mucho que frustraba el avance. En nuestra opinión se trata de una decisión acertada: el espíritu competitivo no casa con la esencia de la serie y un juego como éste ha de poder disfrutarse en compañía de cualquier tipo de jugador, sin importar su habilidad. Quien primero alcance cada banderín queda marcado por una corona y controla el avance del scroll, lo que obliga a la coordinación de los usuarios. En todo caso, éstos pueden reanimarse entrando en contacto con sus respectivos 'fantasmas', si es que caen frente a un enemigo o se quedan atrás.

Si decidimos jugar con amigos por Internet, la cosa cambia: vislumbraremos sus fantasmas, por lo que no se permite la interacción inherente a las partidas locales. Lo mismo puede decirse del online con desconocidos, que interpretamos más bien como una capa adicional al gameplay en solitario. Podemos revivir si entramos en contacto con las siluetas de otros jugadores (un marcador a modo de corazón indica las veces que hemos resucitado a otros) y también colocar paneles a modo de 'checkpoints' o para advertir de tramos peligrosos, secretos cercanos... Por un lado convence el modo en que Nintendo contraviene la toxicidad de otros títulos en línea, promoviendo la colaboración y el sentimiento de pertenencia a una comunidad; por otro, estas siluetas pueden llevar a arruinar alguna que otra sorpresa o distraer en exceso mientras completamos nuestra aventura en solitario. Decisión de cada cual si activarlas o no, por consiguiente.

La guinda del pastel de Super Mario Bros. Wonder es un arte tan nítido y colorido (especialmente en el modo de sobremesa y con un televisor OLED) que dan ganas de imprimir capturas de pantalla para empapelar nuestra habitación. Fue lo primero que nos llamó la atención al presentarse el juego hace unos meses: Mario y compañía cuentan con animaciones inéditas, tremendamente expresivas y acordes a la reciente versión cinematográfica del personaje: da gusto ver a los Goombas en plena siesta o cómo Mario elefante se atora al entrar en las tuberías. La pantalla se puebla igualmente de satisfactorias onomatopeyas cual indicador de combo y en general se apuesta por una variedad de estilos descomunal (silueteados por causa de la enésima Flor Maravilla, por mentar solo un ejemplo).

La fluidez de las animaciones y la precisión exquisita de los controles vuelven a ser aquí marca de la casa. Todo ello al compás de una banda sonora con tintes clásicos (los más veteranos detectarán el guiño al 'Mario Bros.' de 1983 en los coliseos) pero también repleta de temas capaces de hacernos tararear incluso después de apagar la consola (nos viene a la mente cierta melodía del 'Desierto Tostisol'). Y sí, puede que Charles Martinet haya dejado de interpretar al fontanero en esta entrega, pero las nuevas voces saben respetar el alma de los personajes a través de sus clásicos matices. Todo en orden.

Para el final hemos dejado a las parlanchinas flores que encontraremos a lo largo y ancho del juego, dobladas en un perfecto castellano y mucho más útiles de lo que pudiese parecer en un principio: sus comentarios, además de hilarantes, arrojan pistas sobre dónde merece la pena detenerse en busca de secretos. Incluso nos advierten si nos hemos dejado algo importante atrás. El menú del juego permite desactivar sus locuciones, pero en ningún momento nos han resultado cargantes: las queremos como personaje recurrente en la serie a partir de ahora.

Quizás sea esto último lo mejor que pueda decirse de Wonder: todas sus novedades funcionan tan bien que no tenemos duda de que han llegado para quedarse. Poder jugar los niveles en cualquier orden es otro acierto: su dificultad se identifica con una escala, por lo que cada jugador puede decidir cuáles se ajustan a su pericia. Los de cinco estrellas ya están motivando gameplays desquiciantes en las redes sociales, por lo que, aunque estamos ante un software asequible en términos generales, ofrece interesantes picos de dificultad a los más duchos.

Super Mario Bros. Wonder supone un hito en la vertiente bidimensional de la franquicia; un cúmulo de aciertos fruto de un desarrollo sosegado, donde cada decisión de diseño tiene razón de ser y juega a favor de una experiencia tan divertida como adictiva. Hacía mucho que un juego no nos provocaba la sonrisa permanente que ha conseguido éste, desde el inicio hasta los títulos de crédito y más allá, con un post-game repleto de sorpresas incluso cuando ya habíamos dejado de esperarlas.

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