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Joseba Arguiñano ha recorrido la geografía vasca con 'Historias a bocados' EL CORREO
«Se han venido un poco arriba con lo del hijo sexy de Karlos Arguiñano»
Joseba Arguiñano | Cocinero y presentador de ETB

«Se han venido un poco arriba con lo del hijo sexy de Karlos Arguiñano»

El repostero y entrevistador se ha labrado una carrera televisiva con independencia dela fama paterna

Gerardo Elorriaga

Domingo, 22 de enero 2023

El ADN de Joseba Arguiñano (Zarautz, 1985) tenía fundamento gastronómico. El hijo pequeño de Karlos Arguiñano ha seguido su estela y ya cuenta con una amplia experiencia televisiva ligada a la cocina. El protagonista de 'Joseba Arguiñano Sukalerrian' en ETB1 e 'Historias a bocados', en ETB2, ha recorrido la geografía vasca con sus característicos apetito y don de gentes. Su éxito le permite ya hablar con voz propia. Más allá de la genética, este repostero se ha convertido en una referencia por sí mismo.

– Parecía predestinado para el oficio de cocinero.

– Yo he nacido y crecido entre cocinas y, aunque es verdad que antes no lo pensaba, lo cierto es que ha sido así. Cuando era adolescente quería ser piloto de motos, pero he mamado la afición por la gastronomía y lo llevo dentro. Sí, estaba predestinado.

– ¿Y esa afición por las dos ruedas?

– Me gustan mucho las carreras de motos y mi padre y yo teníamos mucha relación con Carlos Checa. Él decía que si naces en Cataluña eres piloto y, en Euskadi, pelotari. A mí también me atraía el frontón, pero me faltaba fuerza en la mano. La tengo más apropiada para los pasteles que para las pelotas.

– Los más críticos pueden decir que es un enchufado.

– Gracias al aita estoy aquí. Es importante que te abran puertas, pero sigo ahí por haberme empleado a fondo, por dedicarle mucho esfuerzo. Hay que hacerlo bien, apostar mucho, dar el callo, gustar y tener audiencias. Afortunadamente, ha salido bien.

– ¿Qué prefiere? ¿La cámara o los fogones?

– Los fogones no los dejo, los disfruto mucho y siempre sigo aprendiendo. Las cámaras, también, porque con la gente me relaciono muy bien. Me gusta mi trabajo en la tele porque entrevisto y, además, cocino. Me parece estupendo poder compaginar las dos tareas.

– Tiene cierta facultad para generar una buena atmósfera y ganarse al invitado.

– Eso también lo he heredado de mi padre. Él inspira confianza, y cuando llegamos a un sitio, nos quieren de entrada, sin conocernos. También es cierto que soy silvestre y dicharachero y me entiendo con todo el mundo.

– Le han definido como el hijo sexy y repostero de Karlos Arguiñano.

– Vamos, que, como soy pastelero, me consideran el hijo dulce, y en lo de sexy, bueno, creo que ahí se han venido un poco arriba.

– Ha recorrido todo el País Vasco con su programa 'Historias a bocados'. ¿Qué ha descubierto?

– He descubierto que tenemos un entorno muy rico, un montón de climas diferentes, que este país, siendo tan pequeño, es muy diverso. Resulta sorprendente encontrar tantas diferencias culturales y de costumbres desde Iparralde a Carranza, con su toque castellano. Nosotros nos vamos al Mediterráneo, a Indonesia o Sudáfrica, y nos olvidamos que tenemos al lado una diversidad impresionante.

– ¿Alguna revelación gastronómica de su periplo?

– Diría que el aceite. Sabía que en Arroniz había un buen aceite, pero no imaginaba su impresionante calidad. Pero también hay mieles, carne, pescado y huerto, lo tenemos todo a nivel gastronómico.

Buen ambiente

«Lo importante de nuestro programa son las personas y la excusa es cocinar»

– ¿Y el reverso más tenebroso?

– En pocos años se ha producido una transformación 'heavy' gracias a la tecnología, y no sé si decir que es buena o mala. En cualquier caso, lo cierto es que los baserris se están perdiendo y me da mucho miedo. Yo comprendo el dolor de los afectados, porque también supone perder una relación armónica con sus vecinos y el vínculo con la tierra. Estamos inmersos en un proceso de deshumanización y eso hay que recalcarlo.

– Estamos en enero, recomiéndenos un plato para subir esta cuesta ahora incluso más pronunciada.

– Cocido tras cocido. Meternos entre pecho y espalda una porrusalda que te mantenga calentito y fuerte.

– ¿La repostería es la tortura de todo aspirante a cocinero?, ¿la asignatura hueso?

– Yo creo que no y sé que exige exactitud, que no cabe fallar con los ingredientes. Puedes dejar un cocido sin zanahoria y no pasa nada, pero no puedes prescindir de los huevos en un bizcocho o dejar un arroz con leche sin azúcar. Ahora bien, si puedes hacer la receta más dulce, más grasienta o ligera. Lo que se debe respetar son los tiempos y las temperaturas. Pero no hace falta ir con una balanza a todas partes. Las amonas lo hacían a ojo.

«Hay que comer lo justo»

– Elija el postre ideal para el mejor paladar.

– La tarta de ciruela, que sigo haciendo en la pastelería. Lo elijo porque tiene historia. Me remite al comienzo del restaurante y la hemos elaborado durante más de treinta años y también en casa.

– Por cierto, eran diez a la mesa. ¿Cómo se alimentaba esa tropa?

– Se comía simple, siempre de cuchara, lentejas, caldos, porrusaldas, arroz y pasta, algo a la plancha y yogures, que mis padres compraban a docenas cada día.

– ¿Le gustaría hacer un programa puro y duro de entrevistas?

– Lo tenemos ahora porque lo importante de nuestro programa son las personas y la excusa es cocinar. El buen ambiente lo genera el equipo y enseguida nos hacemos amigos de la gente y, al final, ni siquiera reparan en que se está grabando.

– ¿Cómo se evade de las exigencias de obradores y platós?

– Me he sentido siempre un hombre de la mar, he nacido en la playa, he surfeado, pescado y buscado lapas y quisquillas. Aita tenía un barquito con el que nos íbamos a Getaria a por bonito. Además, disponemos de un caserío con animales y yo cuido mis pottokas y colmenas que me mantiene agarrado a la tierra. Con eso soy feliz.

– Le atrae la aventura, ¿no ha pensado poner tierra y mar de por medio y empezar otra vida en Maldivas o Bali, por ejemplo?

– Si, lo he pensado. He estado en los cinco continentes, pero aquí me siento en mi hábitat.

– ¿Es verdad que fabrica el mejor cruasán del mundo, tal y como afirman en las redes?

– Lo intentamos con los mejores ingredientes posibles y todo lo que he aprendido de mi tía Eva. Queremos ofrecer algo que nutra, no que llene.

– ¿El mejor desayuno es un café con leche con cruasanes en una terraza con vistas al mar?

– Jajaja, yo lo cambio por unos huevos con panceta y luego un cortadito con un cruasán pequeño. Soy repostero, pero no te puedes pasar con los dulces. Hay que comer lo justo.

– Los cupcakes, tan coloridos y llenos de brilli-brilli, fueron tendencia hace un tiempo. ¿Qué opinión le merecen?

– Yo también los hice y para un festejo, bueno, pero no para todos los días, no resulta sostenible ni razonable.

– ¿Cómo luchar contra la bollería industrial?

– La gente va al precio y lo industrial es más barato y fácil. ¿Cuántas pastelerías artesanales han cerrado? Hay que apostar por el profesional del barrio.

– Por cierto, en relación a los engendros, se ha manifestado admirador del cocinero inglés Jamie Oliver, el autor de la paella con chorizo. ¿No hablamos de un pecado mortal?

– Todos hacemos alguna locura alguna vez. Hay que comer todos los días y la acabas liando.

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