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Las altas temperaturas mataron el año pasado, fundamentalmente durante el verano, a 372 vascos, lo que supone un 4,4% de los 8.352 españoles que fallecieron en 2023 por el calor. Estos datos aparecen en un estudio realizado en 35 países europeos por el ... Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro de investigación impulsado por Fundación La Caixa, que publicó ayer sus resultados en la revista científica Nature Medicine. Por territorios, los decesos fueron 211 en Bizkaia, 121 en Gipuzkoa y 40 en Álava.
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No son fallecimientos vinculados a excesos fulminantes de temperatura, como los golpes de calor o las deshidrataciones, males muy esporádicos, se trata de enfermedades desencadenadas o agravadas por el calor extremo, en la mayoría de casos en pacientes crónicos y ancianos, que anticipan o aceleran su muerte. Destacan las patologías hipertensivas, trastornos metabólicos, diabetes, trastornos seniles, los fallos renales o las dolencias respiratorias y cardiovasculares.
La investigación aclara que el 99% de estos fallecimientos anuales se produce en la estación estival en sentido amplio, entre el 29 de mayo y el 1 de octubre, un período cada vez más tórrido por efecto del calentamiento global. De hecho, solo en las dos olas de calor del verano pasado, la que fundió los termómetros a mediados de julio y la del final de agosto, hubo 4.760 muertes achacables a temperaturas extremas, casi una de cada seis (57%) de las estimadas para todo el año.
Pero no todos los ciudadanos corren idéntico riesgo. Los investigadores han determinado que la mortalidad por calor en las mujeres españolas es un 55% más elevada que en los hombres y que el colectivo de mayor riesgo con diferencia son los mayores de 80 años, el grupo de edad con la tasa más alta de fallecimientos, hasta ocho veces superior que la de los jubilados más jóvenes.
Tampoco los efectos letales son iguales en todo el territorio, motivo por el que las alertas sanitarias por temperatura cada vez están más comarcalizadas. Si la media de fallecidos española es de 175 por millón de habitantes, el mayor riesgo se vive en las Canarias, con especial gravedad en La Gomera, La Palma y El Hierro, las tres islas por encima de 500 muertes por millón. En la península, el interior de Andalucía, Aragón y La Mancha marcan los máximos, con Ciudad Real, Córdoba, Teruel o Jaén con tasas superiores a 260 muertes por millón. En esta magnitud, Bizkaia tiene una tasa de 185, por lo que se encuentra por encima de la media. Gipuzkoa alcanza un 168 y Álava, un 123.
El equipo de investigadores cruzó los datos de temperatura y mortalidad de 823 regiones de 35 países europeos, en las que el año pasado las temperaturas extremas causaron 47.690 muertes. La conclusión es que España es el cuarto territorio con una mayor tasa de decesos por esta causa en relación a su población. Solo le aventaja la enorme mortandad de Grecia (393 muertes por millón), Bulgaria (229) e Italia (209). Si solo se mirasen los totales, sin poner en proporción, España sería el segundo país con más fallecidos en 2023, solo por detrás de Italia (12.742). Las tasas más altas de mortalidad se registran en el área mediterránea, mucho más caluroso, frente a sus efectos muy escasos en Dinamarca (32), Finlandia (24) o Irlanda (12) y los prácticamente inexistentes de Suecia (1) o Islandia (cero).
El año pasado fue el segundo peor ejercicio de mortalidad por calor en Europa de la última década. Le aventajó el verano de 2022, el año más caluroso desde que hay registros, que solo en España se estima que causó 11.300 fallecidos. No obstante, los propios investigadores de ISGlobal creen que sus cálculos de decesos son más bien conservadores. Piensan que subestiman los daños del calor por disponer solo de registros semanales de muertes y no diarios. Estiman que el número de fallecidos en Europa en 2023 está posiblemente más cerca de las 58.000 personas (un 20% más que lo cuantificado), lo que colocaría la cifra para España en 10.306 fallecidos por calor.
Uno de sus hallazgos más esperanzadores es el que concluye que la mejora de las medidas contra las altas temperaturas de los últimos 20 años, tanto de los poderes públicos como de los ciudadanos, han reducido hasta en un 80% el número de las muertes anuales que podrían haber producido en Europa las cada vez más frecuentes olas de calor. Calculan que si las temperaturas extremas del verano de 2023 se hubiesen producido en iguales fechas al comienzo del siglo las muertes por calor alcanzarian a 85.000 personas y habrían más que duplicado las habidas el año pasado entre mayores de 80 años.
Este dato tan positivo lo atribuyen a la eficacia de los planes preventivos lanzados por todos los países a raíz de la gran mortandad del verano de 2003 (alertas sanitarias, recursos médicos, campañas de concienciación, refugios climáticos, adaptación de hospitales y residencias, reorganización de horarios, etc.) y a avances socioeconómicos como la proliferación del aire acondicionado, al que le asignan un tercio en la reducción de las muertes.
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