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La verdad sobre el negro de Iribar
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A veces una camiseta no solo es una prenda. Es una forma de ser y estarEra azul oscuro. Pero el NODO en el cine y las pocas televisiones que había solo tenían dos colores. Por eso creímos que era negra. ... Luego lo fue. Y también verde, como en cierto cromo que guardo o en la famosa foto con la ikurriña que portó junto a Kortabarria en Atotxa. Él mismo se lo contaba a Zubizarreta en una preciosa conversación que el Club hizo viral. De portero a portero. Desde ayer muchas de esas almas solitarias que defienden los tres palos visten de negro. Son tanto de equipos afines como de eternos rivales. Por eso emociona más. No es solo un homenaje a Iribar en su 80 cumpleaños. También lo es al propio fútbol. Muchos conocimos este juego convertido en espectáculo y negocio cuando era más de lo primero y segundo y menos de lo tercero. Un portero solo tenía una camiseta. Con su color y su número. Para lucir el 1 debías ser titular. El señor de la portería. Y la forma de vestir venía a ser una firma. Un sello personal e intransferible.-No, búscate un color propio. Que sea el tuyo. Para que no te comparen con nadie. Eres tú-. le dijo Iribar a Zubi cuando, en su primer partido con el Athletic, le comentó que quería vestir de negro en su honor. Pero entendemos a Andoni. No ha sido el único en pensarlo. Cuando Kepa Arrizabalaga jugaba en el Bilbao Athletic le pregunté por su color favorito. -Negro - respondió y añadió - Además, si no fuera así mi aita me mata-. Porque hay gestos que van más allá del balón. Pero cada día son más difíciles de mantener. Como esta vez.
Antes un portero podía vestir de negro pese a que los árbitros también lo hicieran. No pasaba nada. Ahora se enfrentan el Atlético de Madrid y el Betis y al visitante le hacen cambiar de uniforme porque se lían los trencillas. Hay más cámaras que en el Pentágono pero se ve que la vista ha empeorado. En realidad responde a la tontería general que se ha instalado en el fútbol y a los intereses comerciales. Falta poco para que la presentación de los uniformes se hagan en la Pasarela Cibeles. Al tiempo. Antes un portero con colores chillones era como ver a un torero calvo y con barba. Ahora no sabes ni cómo va a salir tu equipo. La combinación de pantalón y camiseta, tras supervisión arbitral, puede ser más atrevida que una corbata de Versace en los 90. Por no hablar de las botas.
Hace unos años quise comprar unas negras a un sobrino y no hubo forma. Más que botas parecen luciérnagas a precio de oro. Por no hablar de los balones. Hay un detalle, en pro de la celeridad, que convierte un hat-trick en un éxito pagado con falsa moneda. El jugador se lleva un balón con el que es muy probable que no haya marcado ninguno de los tres goles. Puede que ni siquiera lo haya tocado. Para evitar pérdidas de tiempo, en cada saque de esquina o de banda, se cambia la pelota. Por lo que es más un gesto que un trofeo. Podría darle un balón cualquiera de los recogepelotas y sería lo mismo. Antes no era así. De hecho conozco a jugadores que pidieron que le guardaran el de la primera parte porque era con el que había metido los goles. Y lo mismo pasaba con la camiseta. Un jugador, como mucho, utilizaba una para cada tiempo. Por eso ver a cinco aficionados proclamar que tienen guardada una que tal o cual jugador portó en una Final me provoca tanta risa como tristeza.
Por eso aplaudo el homenaje a Iribar. Nos recuerda que, pese a los muchos intereses que hay en juego, cuando se quiere se puede. Y los porteros lo van a demostrar en esta jornada. Quizá porque son un gremio raro. Los premios más laureados son para quienes chutan a gol. Como mucho, para quienes dan el último pase. Por eso han tenido que inventar premios para los que evitan los goles. Esa gente extraña que decide ocupar el puesto que en el colegio estaba destinado para los gordos, los torpes o los que no eran amigos del dueño del balón. Pero también de quienes entienden la vida de otra manera. Desde el prisma de alguien que aguarda bajo los tres palos sabiendo que siempre será la última esperanza. Esa es la verdad de la camiseta de Iribar. Va de luto por aquel fútbol que fue, que muchos añoramos y que algunos quieren enterrar. Además, no lo olvidemos, el negro no es un color sino la suma de todos ellos. El que nos recuerda que, al final, no estamos tan lejos unos de otros.
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