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Es un tipo corriente de esos que no parece que lleve el demonio dentro. Llegó al barrio hace 5 años. Fue tras comprar un piso ... en la calle de los bares. Estaba justo encima de un pub que llevaba allí desde los 80. Hablo en pasado porque lo cerraron. No por la falta de clientela, las muchas crisis económicas o la pandemia. Sino por ese hombre. Desde el primer día que entró en ese piso se dedicó a denunciar al dueño de ese pub por los decibelios. Decía que el ruido era insoportable. Lo curioso es que, cuando residía en otro barrio, venía a éste y era cliente habitual. Pero fue comprar el piso y cambiar las tornas. De hecho ha montado una plataforma vecinal, con alma de partido político, para lograr cerrar todos los bares de su calle. Por ahora ha logrado que no pongan música y si cierran un minuto después de la hora permitida, las 11, tienen una patrulla en la puerta. Por eso cuando le veo siento rabia. La ley le ampara. Tiene razón en exigir un control de los ruidos. Pero hay que ser muy jeta para comprar un piso, a un precio acorde a la zona y circunstancias, con lo bueno y malo que eso conlleva, y luego ser como el cuco. Que llega a nido ajeno y va echando al que estaba para quedarse solo.
El cabreo vecinal con el Bernabéu ha convertido en noticia algo que sucede todos los días y en todas partes. Pero ya se sabe que solo se habla de la lluvia si llueve en Madrid. El caso es que allí están hartos del machaque a base de decibelios al que están sometidos. Y es para quejarse. Porque es brutal. Total que por un lado hay detractores, la mayoría de los vecinos, y por otro los visitantes ocasionales y espectadores de los espectáculos, que son partidarios de que la cosa siga así. O, al menos, les da igual. En asuntos de molestias, las que padecemos nos parecen inaceptables y las que dicen sufrir el resto exageradas. Por eso es debate tramposo. En el caso del Bernabéu, quienes defienden el proyecto Florentiniano señalan que el campo estaba ahí mucho antes que la mayoría de los vecinos, porque se construyó en los años 40 del pasado siglo. Cierto. Pero el ruido de antes no es el de hoy. Los espectáculos son más y con más decibelios. Por lo que no se puede alegar que esa gente sabía dónde se metía. Otra cosa es quien pille piso de ahora en adelante. Porque está avisado. Si compra sabe lo que hay.
El vecino cuco es ese, o esa, que cree que el edificio, la calle o todo el barrio son suyos. La compra del piso ha sido la puerta abierta a dominar ese nuevo mundo. Y le importa un bledo lo que había antes. De la misma forma que decora su nueva casa, hace lo propio con el entorno. Por eso, lo primero que hace es quitar lo que le molesta para crear su mundo ideal. Ese que viene a ser vivir en el centro con el silencio de una cabaña en el monte, pero con unos servicios urbanos a nivel de finca de lujo. Porque los hay de dos tipos. El que quiere vivir en pleno centro de una capital escuchando solo el sonido de los pajaritos, y a poder ser bajo y en horario limitado, y quien desea tener su residencia en el monte o frente a la playa pero con el metro a dos minutos. Lo justo para no escuchar nada y que se joda el otro. Así es el tipo del que les hablaba. Bueno, en realidad es peor. Porque sabe lo que se hace. Y pretende sacar tajada del asunto. Voy a un barrio populoso y con mucho ruido, pillo un piso a bajo precio y nada más comprarlo me dedico a denunciar a todo vecino incómodo y ruidoso hasta echarlos del barrio. Que no quede ni uno y la zona quede como un solar le da igual. La cosa es pillar un buen piso en el centro a precio asequible y hacer lo que sea para que se revalorice.
No solo pasará con el Bernabéu con la gente que compre de ahora en adelante sabiendo lo que hay. Ha sucedido y sucede en todas partes. El tipo de nuestra historia compró su primer piso en una calle de bares de toda la vida. Y cerró la mitad. Ahora vive en otro y ya se ha cargado tres. Eso sí, cuando quieran hablar con él me lo dicen. Se dónde para. Es un bar de otro barrio. Lo suficientemente lejano y pobre como para que no le interese vivir allí. Tampoco hay campo de fútbol, una discoteca, una gasolinera, un centro de menores o un tanatorio. Nada que se pueda señalar y denunciar. Una pena. No ofrece posibilidades. De lo contrario ya se habría mudado para dar por saco y hacer negocio. Al fin y al cabo tiene alma de cuco.
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