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Paula Muga, haciendo autostop en Irán en su trayecto de Hong-Kong a Bilbao.

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Paula Muga, haciendo autostop en Irán en su trayecto de Hong-Kong a Bilbao. Instagram: @paulamuga

De Hong-Kong a Bilbao: un periplo de más de 10.000 kilómetros en autostop

La bilbaína Paula Muga acaba de volver a casa desde China, pero por tierra y en solitario. Ha tardado diez meses con un mínimo presupuesto, ofreciéndose como mano de obra a cambio de alojamiento

Miércoles, 7 de febrero 2018

Se apellida Muga, 'frontera'. Irónico: «No hay cosa que más odie en la vida». Paula las conoce bien tras cruzar una veintena de ellas en diez meses. Desde Hong-Kong hasta Bilbao: más de diez mil kilómetros que realizó sola, por tierra y con una mochila de colegio como único equipaje. En la cartera, un presupuesto total de 2.000 euros. Le sobraron cien.

Hace un año, los planes de esta bilbaína de 24 años no distaban demasiado de los de otro joven de su edad: tras acabar la universidad, volvería a casa para continuar con un máster. Volvería, porque vivía en Hong-Kong, donde disfrutaba de una beca de formación en el extranjero. Sin embargo, algo le rondaba la mente: «Estaba desencantada con el sistema educativo, me lo tenía que pagar mi padre y no quería depender de él…», recuerda. «Pensé en este viaje un año antes, cuando vivía en Seúl, pero al final no me atreví».

Paula en Hong-Kong, al inicio de su viaje. Instagram: @paulamuga

Hasta marzo del año pasado, cuando dinamitó sus planes. Paula regaló todas sus posesiones y se embarcó en un largo viaje de esperas en los arcenes y trabajo a cambio de techo a lo largo de dos continentes. De Hong-Kong a Bizkaia, pasando por Laos, Tailandia, Malasia, Sri Lanka, Nepal, India, Irán, Turquía, Bulgaria, Rumanía, Serbia, Croacia, Eslovenia, Italia, Francia, Suiza y finalmente, Bilbao. Fecha de llegada: 23 de diciembre, a tiempo para pasar la Navidad en familia.

La locura consumista de las fiestas a su llegada le chocó, tras casi un año viviendo con «apenas cuatro mudas y un neceser con paracetamol»: «Con aguja e hilo puedes aguantar con ropa para una semana durante años. A veces intercambiaba prendas con otros viajeros: si yo iba a una zona de frío y ellos a una de calor, hacíamos trueque», explica.

Una aventura de la que apenas llevaba el boceto y en la que «solo preparaba el movimiento del día siguiente». Para dormir, ofrecía su mano de obra a cambio de alojamiento: ayudando en una granja china, en un campamento de surf en Tailandia o creando la imagen de marca del primer bar vegetariano de Sri Lanka. Para moverse, salvo contadas excepciones, en autostop. Solo una vez cogió un avión: de India a Irán cuando le denegaron el visado para entrar en Pakistán, su espinita en este periplo.

Decorando tablas de surf en un campamento en Sri Lanka, trabajando en una granja en China y con los perros de unos invernaderos en Nepal. Instagram: @paulamuga
Imagen principal - Decorando tablas de surf en un campamento en Sri Lanka, trabajando en una granja en China y con los perros de unos invernaderos en Nepal.
Imagen secundaria 1 - Decorando tablas de surf en un campamento en Sri Lanka, trabajando en una granja en China y con los perros de unos invernaderos en Nepal.
Imagen secundaria 2 - Decorando tablas de surf en un campamento en Sri Lanka, trabajando en una granja en China y con los perros de unos invernaderos en Nepal.

- ¿Y no le da miedo viajar sola?

- No, de hecho, lo prefiero. Te obliga a tener activos los cinco sentidos. Acabas diciendo que sí a todo, que es clave para conocer en profundidad el sitio. La clave es empezar poco a poco. La primera vez que yo lo hice fue con 18 años, a Estocolmo. Estaba muy nerviosa.

- ¿Nunca le ha sucedido nada malo?

- Creo que la gente en general es bondadosa, pero sí he sufrido algunos ataques. Aunque de 300 experiencias, solo cuatro han sido malas.

Como la de aquel jefe en un hostel de Sri Lanka, que llegó bebido de más y tuvo que apartar cuando «se puso baboso»; o en Turquía, donde un conductor que se ofreció a llevarla un par de kilómetros trató de sobrepasarse: «Comenzó a bajar la velocidad, así que salté del coche dejando la puerta abierta y eché a correr mientras le hacía fotos a la matrícula. Fui a la Policía para denunciarlo y los policías se rieron de mí. Me eché a llorar ante tanto sexismo».

- ¿Nada de esto le ha acobardado?

- No, me da aún más fuerzas para seguir. La que tiene que cambiar no soy yo por viajar sola, sino quien me ataca.

Velo en Irán

Si se le pide que elija un país, Paula duda por un momento: «Es como elegir a tu hijo favorito, es feo», bromea. Al final, se decide: Irán.

- Tuvo que llevar velo.

- Sí, y al principio fue un shock. Me estaban diciendo que yo, que mi cuerpo era pecado. Pero es algo que también ocurre en Occidente. Allí no podía enseñar el cabello, pero en España no puedo enseñar el pecho y en algunas tribus de África sí. En Corea del Sur no llevan escote pero las faldas son súper cortas, y en India muestran el vientre como algo normal pero deben taparse los hombros. En cada sitio alguien llegó y señaló una parte del cuerpo de la mujer como pecado para delimitarla. No podemos creernos mejores.

Kandovan, la isla de Hormuz (ambas en Irán) y Paula posando en Persépolis. Instagram: @paulamuga
Imagen principal - Kandovan, la isla de Hormuz (ambas en Irán) y Paula posando en Persépolis.
Imagen secundaria 1 - Kandovan, la isla de Hormuz (ambas en Irán) y Paula posando en Persépolis.
Imagen secundaria 2 - Kandovan, la isla de Hormuz (ambas en Irán) y Paula posando en Persépolis.

Irán, un país de dos caras del que solo conocía la asociada con el «machismo salvaje y las bombas nucleares» y dio con la de la «gente bienvenida que no tiene miedo de llevar su vida como le dé la gana». «Están sometidos a un gran aislamiento, así que están ansiosos por demostrar a los visitantes que no son lo que cuentan. Me paraban constantemente para ofrecerme comida o un sitio donde dormir», recuerda. Una familia le invitó a tomar el té. Se quedó con ellos semana y media.

«¿Eres siria o iraquí?»

Su «madre iraní» -que así llama a aquella matriarca con la que todavía habla- le regaló varios calcetines cosidos por ella tras echar una par de ojeadas a los harapos que para entonces Paula llevaba por ropa, siete meses después de iniciar su viaje: «No se creían que viajase sola, pensaban que era una vagabunda».

«Estaba en Serbia, en medio de una tormenta de nieve, llorando, sola y nadie se paraba a ayudarme. Pensaban que era una refugiada»

Solo dos veces pasó por una tienda. La primera, tras ocho meses de peregrinaje, en Turquía. «La Policía me paraba todos los días y en las tiendas me miraban como si fuese a robar. Unos amigos que hice allí me obligaron a comprarme unos pantalones», recuerda entre risas. Un recambio que al llegar a la frontera con Europa no le salvó de que la confundieran con una refugiada, lo que le complicó el trayecto: «Estaba en Serbia. Un conductor empezó a decirme cosas lascivas y a aminorar la marcha… Así que salté del coche y corrí. Estaba en medio de una tormenta de nieve en la autopista, llorando, sola y nadie se paraba a ayudarme. Al final, una furgoneta se detuvo: '¿Eres siria o iraquí?'. Por eso no paraban», recuerda con tristeza. «Esta misma entrevista a cualquiera de ellos tiene que ser increíble. Los refugiados hacen el mismo viaje que he hecho yo, pero sin dinero y a palos».

Paula llegó a Serbia, completamente nevada, con los pantalones llenos de agujeros. Instagram: @paulamuga

«En realidad, muchos problemas del mundo se acabarían si viajaramos más», sopesa Paula. El dinero, insiste, no es excusa: «Si lo tienes, genial. Gástalo en lugares como en Nepal, que les hace falta, (es el país más pobre en el que he estado, más después del terremoto). Pero si no, que sepas que no lo necesitas», anima. «Es imposible que todos viajen como yo lo he hecho, pero en la medida de lo posible...»

Es lo que define como turismo sostenible: minimizar el impacto del visitante y «fundirse» con la cultura local de la mano de sus gentes. «Además, es la forma más divertida de viajar», insiste Paula, que durante su viaje se sacó un posgrado a distancia en la materia. ¿Recuerdan que solo fue dos veces a comprar ropa? La segunda fue en Ginebra, una camisa para asistir a la sede de la ONU a la gala de clausura. «Pero se aprende mucho más yendo al sitio y hablando con un aldeano». Desde el 17 de febrero, ella charla con los habitantes de República Dominicana, a donde ha puesto rumbo para seguir estudiando.

Foto tomada en Katmandú, en Nepal. Instagram: @paulamuga

- ¿En casa no le piden que se dé un descanso?

- Mi padre está ya curado de espanto. Él nos ha enseñado a viajar, pero ya se ha hecho mayor y lo pasa bastante mal (ríe). Dice que los estímulos que busco fuera debería encontrarlos también dentro, en mi mente.

- ¿Y le va a hacer caso?

- Es que no me imagino una Paula sin viajar. Si puedo, quiero que mi siguiente viaje sea desde Marruecos hasta Sudáfrica. Creemos que allí solo hay hambre, pero sospecho que hay tanta cultura...

Paula Muga no entiende de fronteras. Tampoco de «nacionalismos»: «Solo son líneas que separan a hermanos, a turcos y kurdos, a la tribu de los gurkas y el Nepal, a Pakistán e India, al Tibet y China...», enumera. Para ella, solo importa una cosa: la «libertad». «Es mi palabra talismán», sonríe.

«Es normal tener miedo, es bueno»

Cuando Paula Muga cuenta su historia, la primera reacción suele ser la misma: «¿Y no te da miedo viajar sola?». Ella está encantada, pero reconoce que en su primera vez -a los 18 años, destino Suecia-, sí estaba nerviosa. Paula, sin embargo, no reniega de ese miedo: «Es normal. De hecho, es bueno, te hace estar alerta».

En Irán, tras establecer lazos con unos cuantos locales, una escuela de niñas la invitó a dar una charla sobre su viaje. «Allí no concebían que una chica viajase sola, las alumnas flipaban. Cuando le preguntaron a la profesora si ellas podían hacer lo mismo de mayor, les dijo que no», recuerda. «Pero es lo mismo que me han dicho a mí muchas veces -afirma-. La gente proyecta sus miedos, no solo a la hora de viajar».

- ¿Y qué consejos daría a una chica que quiere empezar a viajar sola?

- Primero, analiza tus temores y mira si son propios o ajenos. Si es que a ti te asusta, o son tus padres y tus amigos los que te dicen que debería asustarte y que no es buena idea. Después, ve dando pequeños pasos. La primera vez no es necesario que vayas lejos; esto no es una competición, se trata de disfrutar. Empieza probando por Europa: Portugal, Suecia, Francia… son destinos fáciles donde te sentirás más segura. Y para conocer a gente prueba Couchsurfing. Mira las críticas que otras personas hayan dejado del anfitrión y si otras mujeres han ido solas a esa casa. En realidad, cuando viajas sola, nunca acabas sola.

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