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Soraya Pérez, Ramón Muñiz y María Báscones
Martes, 1 de abril 2025, 09:20
Se llamaban Jorge, Rubén, Amadeo, Iván y David, tenían entre 32 y 54 años, esposas, hijos y padres. Eran mineros y ayer su jornada laboral les llevó a la planta tercera de Cerredo (Degaña), la explotación que inició Victorino Alonso en 2009 hasta que llevó a la quiebra Coto Minero Cortés; la que continuó Rodolfo Cachero mediante Minera Astur Leonesa, hasta que en 2018 cesó una actividad cuyo sentido era sacar del subsuelo el alimento de unas centrales térmicas con fecha de caducidad. La transición energética forzó su cierre y la misma transición energética ha reactivado ahora el interés por el yacimiento. En verano de 2024 Blue Solving, sociedad formada por veteranos del sector, logró dos permiso de investigación complementario para volver a la mina, por ahora sin autorización para explotarla. Uno de ellos le dejaba extraer carbón en determinados puntos para analizar sus propiedades. El que regía en el lugar donde estaban Jorge, Rubén, Amadeo, Iván y David le facultaba solo a «retirar material, cuadros metálicos, vías y elementos de minería hasta el 11 de abril», detalló Belarmina Díaz Aguado, consejera del Principado.
La idea era ir entrando poco a poco una mina ejecutada en el interior de una montaña y a la que se accede desde la cota 0, al nivel de la población, para ir adentrándose por un plano inclinado de más de tres kilómetros. Verificar su estado, ponerla al día y reconocer dónde queda carbón de alta calidad con el que producir grafito para fabricar baterías, filtros de agua, placas fotovoltaicas. Esa promesa de un carbón 'verde' es la que está recuperando la actividad extractiva en las cuencas, la que da esperanzas a un Régimen Especial de la Minería en el que quedan 876 afiliados en Asturias, la que dio empleo a Jorge, Rubén, Amadeo, Iván y David, la razón por la cual estaban ayer en el piso tercero, ganándose el pan en un lugar con peligro de muerte.
Ocurrió de mañana. La principal hipótesis apunta a que el pasadizo se llenó de grisú y algo provocó su deflagración. A unos la explosión los pilló en primera línea. A otros les alcanzaron las llamas de la onda expansiva. Había once trabajadores. Los dos que resultaron ilesos fueron entrando y saliendo del lugar, dando aviso, pidiendo socorro, buscando a la desesperada a sus compañeros.
La primera llamada al 112 fue a las 9.32. Hablaba de un incidente con heridos. La segunda, minutos después, refería la explosión de una máquina. De inmediato se extendió la congoja por la zona, en las casas de los familiares, en los estamentos oficiales. Un helicóptero multifunción del Servicio de Emergencias del Principado (SEPA) acudió al Pozo Fondón a recoger a los especialistas de la Brigada de Salvamento Minero, tal como tienen entrenado. Otro acudió a por personal de intervención, entre ellos, la unidad canina.
Se movilizaron ambulancias, patrullas de la Guardia Civil. Belarmina Díaz estaba en el Consejo de Gobierno y salió a una mina donde sus técnicos ejercen labores de inspección de trabajo. El primer parte oficial hablaba de dos muertos, tres heridos y cuatro desaparecidos. A pie de mina la delegada del Gobierno, Adriana Lastra, informaba sin poder contener las lágrimas. No. La cosa era peor. Mucho peor.
«Hubo una explosión de grisú, parece ser, muy fuerte». A raíz de la deflagración hubo «atrapados en el accidente». El Ejército había llamado, ofreciendo a la Unidad Militar de Emergencias por si podían ayudas. La delegada fue apoyándose en esos detalles antes de exponer el peor pronóstico. «Lamentablemente hay cinco mineros fallecidos y otros cuatro graves». Lastra trasladó las condolencias «a los familiares, a toda la familia minera del suroccidente y a todas las comarcas mineras. Otra vez el grisú nos da un zarpazo y nos vuelve a arrebatar la vida de cinco mineros».
Se llamaban Jorge, Rubén, Amadeo, Iván y David, tenían entre 32 y 54 años, esposas, hijos, padres, parientes que en la desesperación de las primeras horas acudían al lugar a saber qué había sido de su ser querido. Los cinco últimos que amplían la negra lista de mineros fallecidos en su lugar de trabajo eran todos de León, concretamente de Sosas de Laciana, Villaseca de Laciana, Caboallas de Abajo, Orallo y Torre del Bierzo. Entre los cuatro heridos graves hay asturianos y leoneses. Dos eran atendidos en la UCI del HUCA y los otros dos estaban en el Hospital del Bierzo y el de León, aparentemente fuera de peligro.
Los cuerpos de los difuntos llegaron al Instituto de Medicina Legal, para practicarles la autopsia. Al otro lado de la cordillera esperan sus restos en el polideportivo de Villablino, donde tendrá lugar una capilla ardiente conjunta. Se trata del peor accidente minero en Asturias desde que otra bolsa de gas grisú segó la vida a 14 trabajadores en el Pozo Nicolasa, en 1995. Más recientemente en la vecina León el maldito grisú también se llevó por delante a seis mineros en el Pozo Emilio del Valle.
¿Por qué este enemigo silencioso sigue desatando la tragedia, por más avances técnicos que se producen? La respuesta la dará la investigación en la que están ya los efectivos de la Policía Judicial, que serán reforzados por especialistas de Galicia. «Soy el primero que quiere saber qué pasó, pero esto tiene su proceso, la complejidad del análisis científico», declaró un presidente del Principado, Adrián Barbón, también afectado.
El jefe del Ejecutivo decretó dos días de luto oficial en Asturias, al igual que su homólogo castellano y leonés, Alfonso Fernández Mañueco. La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, también acudió a dejar una advertencia: «El peso de la ley recaerá sobre las posibles responsabilidades».
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