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Algunos de los niños que, según la prensa de 1989, protagonizaron el avistamiento y recreación de parte del incidente. E.C.
Los extraterrestres de la perestroika

Los extraterrestres de la perestroika

Entre fantasmas ·

El aterrizaje de un ovni y el desembarco de sus tripulantes en un parque de la ciudad rusa de Voronezh copó en octubre de 1989 las portadas de la prensa mundial

Lunes, 2 de diciembre 2019, 23:27

«Una localidad rusa atestigua haber recibido la visita de extraterrestres», contaba 'El Diario Vasco' en su primera página el martes 10 de octubre de 1989. «Extraterrestres gigantes aterrizan en la URSS», aseguraba en su portada 'El Independiente'. «Científicos soviéticos confirman la presencia de un ovni en la ciudad de Voronezh», decía 'Egin' en páginas interiores. «Los extraterrestres hicieron desaparecer momentáneamente a uno de los testigos», informaba 'Abc' al día siguiente. «La difusión del presunto aterrizaje de 'ovnis' en Voronezh pone fin al silencio en torno a lo sobrenatural en la URSS», sentenciaba 'El Correo' el 12 de octubre.

El de Voronezh es uno de los últimos sucesos ovni que merecieron gran atención mediáticaa. El penúltimo si contamos la fraudulenta película de la autopsia de un extraterrestre accidentado en Roswell que en 1995 promocionó en España como auténtica el ufólogo, y siempre novelista, Javier Sierra. Veinte años después del ovni de Canarias, visto al anochecer del 5 de marzo de 1979 por centenares de miles de personas en el archipiélago y provocado por el lanzamiento de misiles desde un submarino estadounidense, la agonizante URSS sorprendió al mundo con un encuentro en la tercera fase en el centro de una ciudad situada a unos 500 kilómetros al sur de Moscú.

Gigantes de tres ojos

«Una gran bola de fuego o disco brillante fue visto sobrevolando el parque. Luego aterrizó, se abrió una escotilla y salieron una, dos o tres figuras con formas humanas, así como un pequeño robot», contaba la agencia Tass, según un teletipo que Efe mandó como 'Urgente' a primera hora de la tarde del 9 de octubre de 1989. Los extraterrestres medían «tres o cuatro metros de alto, pero tenían unas cabezas muy pequeñas». Los testigos, decía otro teletipo enviado cuatro horas después, eran niños de una escuela cercana que presenciaron el descenso de un enorme disco luminoso. En los días siguientes supimos que los escolares también habían visto en la nave una especie de hache barrada, un signo )+( que desde 1966 'autentificaba' las cartas enviadas por los habitantes del planeta Ummo, unos supuestos extraterrestres en contacto con un grupo de ufólogos y creyentes españoles.

«Hemos identificado el lugar del aterrizaje mediante biolocalización», contó a la agencia oficial soviética Genrij Silanov, jefe del Laboratorio de Geofísica de Voronezh. Aseguraba que habían descubierto «un círculo de 20 metros de diámetro» en el que había «cuatro hendiduras de 4 a 5 centímetros de profundidad y de 14 a 16 centímetros de diámetro cada una, situadas en los cuatro vértices de un rombo». Silanov y su equipo habían encontrado en el lugar «una misteriosa piedra de color rojo oscuro» cuya composición les hacía sospechar que no era de este mundo, advertía Tass.

Recortes de la prensa española de la época. E.C.

El semanario moscovita 'Sovetskaya Kultura' precisaba que los sucesos habían ocurrido hacia las 18.30 horas del 27 de septiembre. Los niños Julia Sholojova, Basia Surin y Zhenia Blinov, que jugaban en el parque, y la gente que esperaba un autobús vieron cómo bajaba del cielo un globo rojo oscuro de unos 10 metros de diámetro. Una vez en el suelo, salió de la nave un humanoide de 3 metros y con tres ojos, que calzaba botas de color bronce y vestía un mono plateado con un disco en el pecho. Al visitante le acompañaba lo que los testigos identificaron como un robot. Cuando este último empezó a andar, uno de los chavales gritó, el extraterrestre le miró y le paralizó. Entonces, el visitante apuntó con un tubo de medio metro a otro joven que desapareció y no reapareció hasta que el alienígena regresó a la nave y esta despegó.

El Ejército no se lo cree

El Ejército soviético no se tomó precisamente en serio la historia. «Moscú tiene unos cuantos aeropuertos bastante buenos. Está comprobado que se puede aterrizar perfectamente en ellos», ironizó 'Krásnaya Zvezdá'. El periódico oficial de las Fuerzas Armadas se cachondeaba del silencio de la Academia de Ciencias de la URSS y también del lugar elegido para el primer contacto por los visitantes «con cabeza de alfiler». «Estamos decepcionados y ofendidos. No sabemos por qué el ovni nos desdeñó en favor de un pueblecito, donde finalmente aterrizó». Los militares soviéticos no estaban solos en una incredulidad que llegó a molestar a Tass. «No es una broma, ni un fraude, ni un signo de inestabilidad mental, ni un intento de estimular el turismo local atrayendo a los curiosos, insistió hoy la agencia de prensa soviética Tass sobre lo que llamó una visita extraterrestre al sur de Rusia», se decía al comienzo de una información en 'The New York Times' el 11 de octubre.

El entusiasmo inicial, que llevó el caso hasta los informativos de televisión de medio mundo, se fue desinflando con el paso de los días a pesar de que el clásico hermetismo soviético no ponía fácil comprobar nada. En mi caso, tuve que llamar varias veces a la Embajada de la URSS en España hasta que a finales de semana me pasaron con un muy parco en palabras portavoz. Después de varias preguntas a las que mi interlocutor respondía con monosílabos o repitiendo lo que decían los teletipos de Tass, me interesé por si había algún edificio próximo al lugar de los hechos. Dijo que sí, que había un gran edificio de viviendas y que esa era una de las razones por las que el Gobierno soviético era escéptico respecto a los hechos. No era el único detalle sospechoso.

Aunque los primeros despachos de Tass hablaban de que el ovni había aterrizado ante numerosos testigos, al final estos se redujeron a tres niños. Silanov, al que se había presentado como un científico, era en realidad el líder del Comité para el Estudio de los Fenómenos Paranormales de Voronezh y, entre otras cosas, aseguraba haber desarrollado un dispositivo capaz de capturar escenas del pasado –él los llamaba 'espejismos temporales'–, platillos volantes, poltergeists y otras cosas increíbles. Además, la biolocalización, la técnica que había usado para dar con el lugar del aterrizaje, entraba «dentro del mundo de la percepción extrasensorial», me confirmó en aquellos días el filósofo Paul Kurtz, presidente del Comité para la Investigación Científica de los Supuestos Hechos Paranormales (CSICOP). De este grupo, rebautizado en 2006 como Comité para la Investigación Escéptica (CSI), formaban entonces parte, entre otros, Isaac Asimov, Martin Gardner y Carl Sagan, y hoy, Richard Dawkins, Steven Pinker, Neil deGrasse Tyson y E.O. Wilson.

Cortina de humo

Tampoco existía la misteriosa piedra extraterrestre –«No crean todo lo que dice Tass», advirtió al respecto Silanov a la agencia AP el 10 de octubre–, ni había sucedido el episodio del disparo y la desaparición temporal del niño, y los testigos solo dijeron haber visto el símbolo de Ummo en el fuselaje de la nave espacial después de que un ufólogo les enseñó una foto de un falso ovni con la hache barrada inscrita en la panza, tomada el 1 de junio de 1967 en el barrio de San José de Valderas (Alcorcón). «En definitiva, a medida que se conocían nuevos datos se iba perfilando más la posibilidad de que todo quedase en un fraude o broma pergeñado por los tres niños, que se habían servido de elementos de la ciencia ficción más pedestre para confeccionar un fantasioso relato que quizás pudo tener como desencadenante algún estímulo astronómico», apuntan José Juan Montejo y Matías Morey en el 'Diccionario Temático de Ufología' (1997).

Un mes antes de la caída del Muro de Berlín y dos años antes de la disolución de la URSS, Kurtz sospechaba que el caso de Voronezh era un montaje para desviar la atención internacional de los graves problemas a los que se enfrentaba la perestroika, el programa de reformas económicas puesto en marcha en 1985 por Mijaíl Gorbachov, entonces presidente de la URSS. El escéptico español Félix Ares, asesor científico del CSICOP, destacaba como en la URSS era «habitual» que en momentos de tensión la agencia Tass emitiera noticias de esas características y sospechaba que los niños podían haber visto algo que les llamara la atención y se había aprovechado para montar una maniobra de distracción de la opinión pública mundial.

Treinta años después de los hechos, el falso ovni de Voronezh es uno de los últimos de una época en la que los platillos volantes se prodigaban en los medios de comunicación. Un tiempo, no tan lejano, en el que los extraterrestres llegaron a protagonizar portadas en la prensa seria junto al último terremoto devastador o el enésimo intento de pacificación de Oriente Próximo. Unos años en los que en las revistas del corazón los famosos alardeaban de haber visto platillos volantes y parecía que el contacto, al estilo de 'Encuentros en la tercera fase', era inminente.

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