
El aviador que se llevó los platillos volantes a otros mundos
Entre fantasmas ·
Donald Keyhoe, exmiembro del Cuerpo de Marines de EE UU, estableció hace 70 años las bases de la naciente ufología, incluida la conspiración gubernamentalSecciones
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Donald Keyhoe, exmiembro del Cuerpo de Marines de EE UU, estableció hace 70 años las bases de la naciente ufología, incluida la conspiración gubernamental«El Gobierno niega todo conocimiento». ¿Se acuerda de esta sentencia? Era una de las de cabecera de 'Expediente X', la serie noventera de Chris Carter protagonizada por una pareja de agentes del FBI que investiga fenómenos sobrenaturales. El secretismo gubernamental alrededor de las visitas alienígenas obsesionó al agente Fox Mulder, generalmente para desesperación de su compañera Dana Scully, durante nueve temporadas entre 1993 y 2002, además de en dos películas y en una reciente resurrección televisiva. 'Expediente X' popularizó el Área 51, los grises, las abducciones, los Hombres de Negro y una conspiración de la que quien primero habló fue un exmilitar estadounidense en 1950.
Tradicionalmente, se considera que el fenómeno ovni nació el 24 de junio de 1947. Es lo que cuentan libros como 'El gran enigma de los platillos volantes' (1996) de Antonio Ribera, considerado el padre de la ufología española. Aquel día Kenneth Arnold, un vendedor de equipos de extinción de incendios, pasaba en su avioneta cerca del monte Rainier, en el estado de Washington, cuando le llamaron la atención nueve objetos que «volaban erráticos, como un platillo si lo lanzas sobre el agua». La prensa estadounidense confundió el modo de vuelo de los objetos con su forma y los bautizó como platillos volantes, a pesar de que tenían forma de bumerán o luna creciente. Hasta finales de julio se registraron en Estados Unidos más de 850 avistamientos de platillos volantes, con un pico de 150 diarios el 6 y el 7.
Casi nadie creía en el verano de 1947 que los platillos volantes vinieran de otro mundo, según un sondeo que hizo a mediados de agosto el Instituto Estadounidense de Opinión Pública, actual Organización Gallup. Mes y medio después del avistamiento de Arnold, los misteriosos objetos eran para un tercio de la población estadounidense (29%) producto de ilusiones ópticas, espejismos y la imaginación; para un 15% se trataba de armas secretas de su país; uno de cada diez (9%) creía que eran fraudes; y sólo el 1% temía que fueran aeronaves soviéticas. Uno de cada tres encuestados (33%) reconocía, además, que no tenía ni la más remota idea de lo que eran los platillos. Los extraterrestres no aparecían por ningún lado. Ni lo harían hasta dos años y medio después.
Con el Pentágono y la CIA preocupados porque fueran una amenaza para la seguridad nacional, el periodista Lionel Shapiro, corresponsal de guerra en Europa, identificó en noviembre de 1947 los platillos volantes como armas fabricadas por científicos nazis en España bajo la protección de Franco. Uno de los ingenios, aseguraba, era «un cohete electromagnético que, se supone, es el responsable de los platillos volantes vistos sobre el continente norteamericano el pasado verano y de uno o quizá dos accidentes hasta ahora inexplicados de aviones de transporte». El reportaje de Shapiro, una invención de él o de un tercero, fue publicado en diarios de Estados Unidos y Canadá, en algunos casos en primera página, pero la historia pronto cayó en el olvido.
Nadie mencionó tampoco a los extraterrestres cuando el 7 de enero de 1948 el capitán Thomas Mantell, de la Guardia Nacional Aérea de Kentucky, se estrelló en su caza F-51D Mustang mientras perseguía lo que definió como «un helado de cucurucho con la parte superior de color rojo». El primer platillo volante que se vio en el cine fue un arma secreta de un villano en 'Bruce Gentry, daredevil of the skies' (Bruce Gentry, el temerario de los cielos), un serial que, dividido en quince capítulos, se proyectó en las salas antes de las películas entre febrero y junio de 1949. Y el 5 de enero de 1950, en 'The flying saucer', el primer largometraje sobre el tema, el platillo volante del título era un invento de un científico por el que luchaban estadounidenses y soviéticos. Sin embargo, para cuando esta última película se proyectó en los cines, los extraterrestres ya se habían hecho con los mandos de los misteriosos objetos.
«Esta es la historia más interesante e importante que jamás hemos publicado», se advertía en el número de enero de 1950 de la revista 'True', la revista dirigida al público masculino más vendida en Estados Unidos. El reportaje al que se refería la frase se titulaba «Los platillos volantes son reales». Lo firmaba Donald E. Keyhoe (1897-1988), un exaviador del Cuerpo de Marines que aseguraba haber dado con la explicación al fenómeno «después de ocho meses de investigación intensiva». Autor de relatos de aventuras y ciencia ficción en revistas como 'Weird Tales' y 'Flying Aces', afirmaba que los platillos volantes eran naves extraterrestres y que los había de tres tipos: pequeños, sin tripulación y «equipados con alguna forma de televisión o transmisor de impulsos»; de hasta 80 metros, que funcionaban siguiendo los principios del helicóptero; y objetos con forma de dirigible. La Tierra, decía, estaba siendo observada por seres de otros mundos desde hacía dos siglos, vigilancia que se había intensificado tras las explosiones de bombas atómicas de 1945, y los militares estadounidenses lo sabían y lo ocultaban.
La revista llegó a los quioscos el 26 de diciembre de 1949. «Se rumorea entre los editores de revistas que el artículo de Don Keyhoe en 'True' es uno de los más leídos y discutidos de la historia», escribió en 1956 el capitán Edward Ruppelt, primer director del Proyecto Libro Azul, en 'The report on unidentified flying objects' (El informe sobre los objetos volantes no identificados). Poco después, Keyhoe publicó un libro con el mismo título que el artículo de 'True', en el que ampliaba la información. 'The flying saucers are real' costaba 25 centavos y se vendieron más de medio millón de ejemplares. «El pueblo estadounidense ha demostrado su capacidad para asumir cosas increíbles. Hemos sobrevivido al impresionante impacto de la Era Atómica. Deberíamos poder adaptarnos a la Era Interplanetaria, cuando llegue, sin histeria», concluía el autor, que en 1927 había acompañado a Charles Lindbergh en su gira triunfal tras cruzar el Atlántico a los mandos del 'Spirit of St. Louis' en solitario.
Keyhoe presenta en 'The flying saucers are real' casos que hoy se consideran clásicos de la ufología como pruebas de que nos visitan extraterrestres que están unos 250 años más adelantados que nosotros. Así, afirma que el accidente de Mantell lo provocó «una enorme nave espacial», y que los militares lo sabían y lo ocultaron a la opinión pública. Como tantas veces ha ocurrido en la historia del fenómeno ovni, tenía parte de razón a pesar de estar totalmente confundido. La nave alienígena que, según él, Mantell persiguió fue en realidad un globo del programa 'Skyhook' para el estudio de los rayos cósmicos, secreto entonces, y el piloto perdió el conocimiento a los mandos de su caza por falta de oxígeno. Ni más ni menos.
Una de las consecuencias del reportaje y el libro de Keyhoe fue la llegada del primer mesías extraterrestre, el Klaatu al que da vida Michael Rennie en la película 'Ultimátum a la Tierra' (1951). Originalmente, en el cuento de 1940 de Harry Bates en el que se basa la historia, la nave del visitante es una máquina espaciotemporal ovoide y el viajero no trae ningún mensaje de advertencia sobre el uso bélico de la energía atómica, porque tal amenaza no existe todavía. Con los platillos volantes, ya extraterrestres, invadiendo Estados Unidos, Robert Wise adaptó el relato a la nueva realidad, cambió la forma de la nave, hizo que e visitante viniera de otro planeta y, además, sembró el germen para el nacimiento de los contactados, los humanos que dicen estar en comunicación con extraterrestres que vienen a salvarnos.
Nada será igual después del primer libro de Keyhoe, que escribió otros cuatro sobre el tema hasta 1973 –uno de ellos sirvió de inspiración para la película 'La Tierra contra los platillos volantes'– y fundó en 1956 el Comité Nacional para la Investigación de los Fenómenos Aéreos (NICAP), una de las organizaciones ufológicas más influyentes hasta los años 70. Mucho antes, en 1953, el Panel Robertson, un grupo de sabios patrocinado por la CIA –del que formaron parte el físico Luis Álvarez, luego premio Nobel, y el astrofísico Thornton Page, entre otros– había dictaminado que los ovnis no suponían un peligro para EE UU –no eran cosa de los rusos– y que tampoco había pruebas de que se tratara de naves de otros mundos. Ya era demasiado tarde. Los extraterrestres se habían adueñado en 1950 de los platillos volantes y, para los ufólogos, estaba claro que los militares lo sabían y ocultaban las pruebas al mundo.
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