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«Si hice un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto de Manises fue, única y exclusivamente, porque vi mi aparato en peligro de colisión con un objeto no identificado», aseguraba el comandante Francisco Javier Lerdo de Tejada en el diario 'Abc' el 13 de noviembre de 1979. Dos días antes, el vuelo chárter que pilotaba entre Salzburgo a Las Palmas, con 109 pasajeros, había tenido que hacer una escala nocturna forzosa en Valencia ante el acoso de un ovni. «Estuvo jugando con nosotros cerca de 10 minutos sin que yo pudiera hacer nada por quitármelo de encima», se justificaba. Una hora después del aterrizaje de emergencia, despegó de la Base Aérea de Los Llanos (Albacete) a la caza del ovni un Mirage F-1 que no logró interceptarlo y sufrió durante la misión interferencias en sus comunicaciones y sistemas de defensa.
El incidente de Manises es el más espectacular de la casuística ovni española, con testigos en el aire y en tierra, efectos electromagnéticos en el instrumental de un caza, una foto del objeto, una interpelación parlamentaria y un expediente militar, secreto hasta el 1 de septiembre de 1994. Ocurrió en un año en el que los platillos volantes ya habían provocado ocho meses antes un avistamiento masivo en Canarias. Al anochecer del 5 de marzo, cientos de miles de personas habían visto desde todo el archipiélago cómo un objeto no identificado salía del mar e inundaba el cielo con estelas de colores antes de desaparecer. Cuando el Super-Caravelle de Lerdo de Tejada aterrizó en Manises a las 23.45 horas del domingo 11 de noviembre, la opinión pública todavía creía, gracias a autores como Juan José Benítez, que detrás del avistamiento de Canarias había una nave extraterrestre. ¿Pero qué paso aquella noche?
El vuelo JK-297 de la aerolínea española TAE despegó el 11 de noviembre de 1979 de Salzburgo con destino a Las Palmas con 109 pasajeros y 4 tripulantes. Tras una escala técnica en Palma de Mallorca, el comandante Lerdo de Tejada informó a las 23.05 horas al centro de control aéreo de Barcelona de la visión de un objeto extraño. «Tenemos dos señales, luces rojas, como ahora a unas tres millas a las diez de nuestra posición. Aproximadamente a la misma altura». Barcelona le respondió que no detectaba «ningún tráfico» en la zona. El objeto, añadió el piloto, pareció aproximarse, ante lo que a las 23.10 le preguntaron desde tierra: «¿Desea que llamemos a algún interceptor de la Defensa?». Respondió que sí y un minuto después puso rumbo a Manises. «Quiero tomar tierra en Valencia. No me gusta continuar con ese tráfico que me está siguiendo», reconoció.
El Super-Caravalle estaba ya en pleno descenso cuando a las 23.29 horas el control de Valencia les informó de que un radar de Torrejón había detectado el objeto: «Hemos chequeado con el radar militar de Pegaso y es afirmativo. Estuvo cerca de ustedes a unos 9.000 pies aproximadamente». Los militares tampoco sabían qué era. Al final, el vuelo JK-297 aterrizó a las 23.45 horas. Con el avión ya en tierra, trabajadores del aeropuerto de Valencia y personal de la base de la Fuerza Aérea de Manises vieron en el cielo unas luces más brillantes que el resto de las estrellas y dedujeron que se trataba del ovni.
Dada la situación, el Mando Aéreo de Combate ordenó a las 0.26 horas que un interceptor saliera a la caza del tráfico no identificado. El Mirage F-1 del capitán Fernando Cámara despegó a las 0.40 horas de la Base Aérea de Los Llanos y persiguió sin éxito luces lejanas, cambiando varias veces de rumbo tanto sobre el Mediterráneo como sobre la península. Durante el vuelo, el caza sufrió interferencias en sus comunicaciones, y su radar de detección de radares enemigos se disparó intermitentemente. Al final, el Mirage F-1 volvió a su base hora y media después sin haber dado con el ovni.
Toda la prensa nacional se hizo eco en los días siguientes del suceso, que copó también la atención de la radio y la televisión (entonces única). «Valencia y su bahía han sido escenario durante la noche pasada de una historia de objetos volantes no identificados que, como todas las de su clase, está llamada a despertar creencias e incredulidades. Un avión Caravelle fue perseguido por uno o varios ovnis y obligado a desviarse de su ruta», comenzaba la primera crónica publicada en EL CORREO. Al día siguiente, este periódico informaba de que los ovnis habían sido dos –se interpretaba cada luz como un objeto diferente– y de que ningún pasajero del vuelo chárter había visto nada raro y creían que el aterrizaje en Manises era «una estratagema para interrumpir el viaje, dado que el avión no estaba, a su juicio, en buenas condiciones». «El ovni estuvo a punto de chocar contra nosotros dos veces», mantenía, por su parte, el comandante Lerdo de Tejada.
El Ejército del Aire abrió una investigación y, poco después, un vecino de Sóller (Mallorca), José Climent, facilitó a la prensa una foto del «ovni por el que el avión de la TAE se vio obligado a aterrizar en el aeropuerto de Valencia», que había sido tomada a las 2.30 horas del 12 de noviembre, según informaba este periódico nueve días después. Juan José Benítez publicó un libro, 'Incidente en Manises', en el que alimentaba la idea de que el objeto había sido una nave extraterrestre y, el 26 de septiembre de 1980, el socialista Enrique Múgica Herzog, interpeló al Gobierno presidido por Adolfo Suárez acerca de las causas del suceso. «¿Qué clase de aparato (o aparatos) provocó el desvío de un avión Super-Caravelle de la compañía TAE en la noche del 11 de noviembre de 1979? ¿Por qué tres 'tráficos' de origen desconocido permanecieron durante más de cuatro horas sobre el espacio aéreo español? ¿Qué clase de aparatos obligaron al despegue 'en alerta' de un avión Mirage F-1 de la Base de Los Llanos (Albacete)?».
Las respuestas a esas preguntas no se conocieron hasta que el expediente oficial del suceso se desclasificó en septiembre de 1994, como el resto de los documentos oficiales de este tipo gracias a años de gestiones del investigador valenciano Vicente-Juan Ballester Olmos. Según los militares, lo que desvió al vuelo JK-297 «no fue ningún tipo de avión» y «bien pudo ser simplemente una ilusión óptica»; «no hubo tres tráficos» en ningún momento, «sino la apreciación de unas luces de dudosa identificación que en ningún momento se demostró que fuesen objetos consistentes»; y el caza del capitán Cámara no despegó por la presencia de «ningún aparato», sino para comprobar si las luces observadas desde Valencia «correspondían a algún avión u objeto volante que, por otro lado, no había sido detectado por el radar de tierra».
La publicación del expediente militar permitió al ufólogo valenciano Juan Antonio Fernández Peris dar carpetazo al caso de Manises diecinueve años después... sin tener que recurrir a visitantes de otros mundos. Los hechos, adelantó en 2000 en la revista española 'Cuadernos de Ufología', «fueron debidos a un encadenamiento de circunstancias muy especiales, probablemente irrepetibles, que indujeron a los testigos (la mayor parte de ellos profesionales del sector aeronáutico) a confundir ciertos estímulos con ovnis». El escepticismo del dosier oficial, que en todo momento habla de luces, se ve confirmado por la investigación de Fernández Peris, recogida en el libro 'El expediente Manises'. ¿Qué fue lo que pasó aquella noche?
Las dos luces vistas por la tripulación del vuelo JK-297 que dispararon los hechos correspondían a las llamaradas de dos torres de combustión de la refinería del Valle de Escombreras, junto Cartagena, en una noche de visibilidad excepcional. Ante el temor de que se tratara de un avión en rumbo de colisión y la negativa del control de tráfico aéreo de Barcelona, el comandante Lerdo de Tejada –un hombre muy religioso que en aquellos momentos lo estaba pasando muy mal porque se estaba divorciando– dedujo que los dos puntos rojos eran un ovni que les seguía y entró en pánico. Las luces vistas desde tierra por personal civil y militar fueron estrellas –Sirio, Proción, Aldebarán y Rigel–, según comprobó el concienzudo Fernández Peris.
Durante la errática persecución con su Mirage F-1, el capitán Cámara tomó por ovnis, y siguió, a varias estrellas –entre ellas, Vega–, además de a las luces de una refinería del norte de Argelia. Los controladores del radar militar Pegaso no vieron en realidad ningún objeto misterioso en la pantalla, solo ecos falsos que con el nerviosismo atribuyeron a un ovni. «Esa noche en el radar había muchos ecos falsos», le contaron a Fernández Peris. Y la foto del ovni de José Climent era en realidad un reflejo del sol naciente en la lente de la cámara. ¿Pero a qué se debieron las interferencias que sufrieron la radio y el instrumental del caza español?
Siete días antes, un grupo de estudiantes había tomado como rehenes a 66 personas en la Embajada de Estados Unidos en Teherán, al inicio de la revolución islamista liderada por el ayatolá Jomeini. La llamada 'crisis de los rehenes', que duró 444 días, puso en alerta a la Sexta Flota, incluido el portahelicópteros 'Iwo Jima', que el 12 de noviembre fondeó frente a Valencia. En una de sus comunicaciones, el capitán Cámara dijo respecto a las interferencias de su instrumental: «Son las mismas que... exactamente porque el otro día salí yo a hacer la misión de buscar el portaaviones y son las mismas que hacía cuando estaba en la vertical del portaaviones». El capitán se refería a las maniobras conjuntas hispano-norteamericanas CRISEX- 79, que habían tenido lugar a principios de mes en la costa almeriense y en las que había participado el 'Iwo Jima'. Las interferencias que sufrió el Mirage F-1 fueron consecuencia de los dispositivos de guerra electrónica del portahelicópteros, que «a esas horas se encontraba en las cercanías de las islas Columbretes en situación de alerta máxima» por la crisis de los rehenes, indica Fernández Peris.
La situación personal de un veterano piloto de aerolínea, el ambiente a favor de la creencia en los ovnis reinante en España –en los días siguientes diarios como 'La Vanguardia' hablaban, por ejemplo, de la existencia de una base extraterrestre en las Baleares–, la susceptibilidad de un piloto de caza en persecución de algo que no sabía qué podía ser, la situación internacional con una potente flota militar desplegada en alerta cerca de la península... No son pocos los factores que confluyeron en la génesis del más espectacular caso ovni español. Extraordinario, pero no extraterrestre..
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