

Secciones
Servicios
Destacamos
Edición
De un despacho siempre se puede deducir con mayor o menor certeza la personalidad de quien lo ocupa, pero el espacio de trabajo de Juan Mari Aburto va mucho más allá en su potencial representativo: si nos ponemos a 'leerlo' con atención, acabaremos conociendo no solo la trayectoria y el carácter de su ocupante, sino también la historia reciente de Bilbao e incluso algunos de los pilares que sostienen su pasado. Al alcalde le gusta rodearse de objetos cargados de significado, desde las fotografías familiares hasta los reconocimientos oficiales, pasando por cuadros, balones, bastones, banderas y otras piezas que funcionan como una invitación a la memoria. «Para mí el itinerario es muy importante, así que intento reflejar en mi despacho todo aquello que me acompaña», resume Aburto, que se presta a brindar una pequeña ruta guiada por los hitos de su despacho, que también lo son de su gestión y de su biografía.
La amplia sala, en la tercera planta del Ayuntamiento, se reparte en tres áreas. En el rincón opuesto a la puerta está su mesa personal, donde suele trabajar, con dos butacones delante y una vitrina detrás: en ella, junto a la bandera de Bilbao, se guardan la makila y la medalla que simbolizan el poder consistorial. «Son las que llevamos el día de la fundación de la villa. Mirad si tienen historia, que la makila es de la alcaldía de Begoña», apunta, mostrando la empuñadura. A su izquierda queda la mesa baja, reservada para las situaciones más formales: «Si viene una visita de cierta relevancia, nos sentamos ahí. Es un espacio de recibimiento más que de trabajo». Y, más cerca de la puerta, una mesa de cristal rodeada de ocho sillas modernas sirve como zona de reunión. Esa fue la aportación más importante de Aburto a la distribución de su despacho: antes había ahí una colosal mesa redonda con dieciséis lámparas de velón y los imponentes butacones 'oficiales' de la casa consistorial. «Son los que diseñó Rucoba, el arquitecto, y tienen un encanto extraordinario. Están bien en ese sentido, pero otra cosa es sentarse e intentar moverse. Son incómodas y marcan mucha distancia», comenta el alcalde, que prefiere liberar a sus invitados del férreo abrazo de las dos butacas que le quedan.
Por los distintos espacios se reparten de manera vagamente temática decenas de fotografías enmarcadas. Sobre la mesa están las familiares: «Tengo a mi mujer, mis hijos, mi ama... Y aquí, unas cuantas de los críos más pequeños, en ambientes más vacacionales», va mostrando Aburto. Cuando se sienta al ordenador, a la derecha le queda la balda dedicada a referentes políticos como Iñigo Urkullu, José Luis Bilbao o Juan Mari Atutxa («en esa foto con él parezco un niño», se asombra), junto a los retratos de sus dos cuadrillas, la de amigos de la universidad (con un marco que dice 'el tiempo vuela') y la que comparte con el presidente del Puerto, Ricardo Barkala, y el concejal de concejal de Acción Social, Iñigo Pombo. Y todavía queda sitio para un retrato suyo que apareció en un calendario solidario (junto a Ekaitz, un niño con síndrome de Down) y una lámina que le regaló un artista sin hogar. «Son los referentes de algo que no quiero perder en mi horizonte, la idea de Bilbao como ciudad inclusiva».
Resultaría imposible enumerar todos los recuerdos del despacho. Al visitante le llaman la atención la foto con Javier Clemente, los siete balones alineados sobre una estantería (del Athletic, del Bilbao Basket, de las finales de rugby del año pasado...), el formidable crucifijo, la foto con Iñaki Azkuna («estamos firmando el convenio para los realojos en Iturrigorri y Gardeazabal»), la estatuilla «un tanto majestuosa» del lehendakari Aguirre, el testigo conmemorativo de la Korrika y el modelo metálico del edificio de Molinos Vascos, un obsequio de los vecinos de Zorroza que ha sido el último en incorporarse a la colección. Sobre la mesa descansan además dos de los característicos cuadernos rojos del alcalde («este es el que uso actualmente y este otro, deteriorado ya hasta por gotas de lluvia, es el que nunca pierdo de vista, el que manejé hace cuatro años como proyecto para Bilbao») y en las paredes cuelgan dos obras de Manuel Losada con estampas de la villa. En una de las pinturas aparece el antiguo Ayuntamiento de Bilbao: «Más de 126 años, la antigüedad de este edificio, separan esa imagen de la actualidad», comenta el alcalde.
Si nos servimos de otra medida, esa distancia temporal equivale exactamente a 42 alcaldes (44 si contamos dos veces a Ercoreca y Moyúa, que lo fueron en mandatos no consecutivos). «Este edificio tiene muchísima historia, aquí han estado todos los alcaldes de estos años. El único que no lo utilizó fue Azkuna, que prefería la sala de aquí al lado», explica Aburto mientras abre la puerta de la antesala, empleada hoy para recepciones importantes. Después, Ibon Areso recuperó el tradicional despacho de alcaldía e hizo instalar además el cableado para el ordenador. A través de los ventanales, todos esos regidores han disfrutado de una perspectiva privilegiada de los cambios de Bilbao y también de los elementos que permanecen, integrados ya a la esencia de la villa. «Es una vista extraordinaria -elogia Juan Mari Aburto-. Por esta ventana se ve el banderón de Bilbao. Cuando se despliega con el viento, es una imagen magnífica, acompañada allí arriba por ese símbolo de nuestro pasado industrial que es la fábrica de Etxebarria. Y, por esta otra ventana, están el Arriaga, como emblema de la cultura, y la ría, ese eje transversal que tenemos que recuperar al cien por cien».
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Álvaro Soto | Madrid y Lidia Carvajal
Jon Garay y Gonzalo de las Heras (gráficos)
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.