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ludovic ehret
Lunes, 28 de diciembre 2020, 01:16
El mayor radiotelescopio del mundo, de 500 metros de diámetro, destinado a conocer mejor el universo e incluso a buscar indicios de existencia de vida extraterrestre, estará plenamente operativo en China en enero, convirtiéndose en el símbolo de la emergencia del gigante asiático como uno ... de los líderes mundiales en investigación. Encastrado entre las montañas de Pingtang, en la provincia de Guizhu, en el sudoeste de China, esta gigantesca parábola, con las superficie de 30 campos de fútbol, abrirá en semanas sus poderosas capacidades de medida a los astrónomos extranjeros.
Este radiotelescopio, conocido por sus siglas como Fast, será un instrumento especialmente preciado para la comunidad científica tras el derrumbe, a principios de este mes, del segundo radiotelescopio del mundo por su tamaño, el de Arecibo (305 metros), infraestructura estadounidense instalada en Puerto Rico.
«Estuve en Arecibo. Nos hemos inspirado en su estructura, que poco a poco hemos mejorado», confiesa a la agencia de noticias AFP Wang Qiming, responsable del centro de operaciones de Fast. Tan grande es esta estructura que se necesitan 20 minutos para darle la vuelta y es, además, tres veces más sensible que la ya difunta de Arecibo. Fue construida entre 2011 y 2016 y se invirtieron 170 millones.
Para evitar que las ondas emitidas por los humanos y sus aparatos -móviles y ordenadores- perturben las mediciones, está rodeado de una zona de «silencio electrónico» de 5 kilómetros.
El Fast sirve principalmente para captar señales de radio emitidas por cuerpos celestes, en especial púlsares, estrellas muertas que giran sobre sí mismas. Estas ondas permiten reconstituir una imagen de los objetos observados. Los datos recabados ayudan a los astrónomos a comprender mejor los orígenes del universo. También puede ser utilizado para «detectar eventuales civilizaciones extraterrestres», agrega Wang bajo la inmensa parábola constituida por 4.450 paneles metálicos.
De conformidad con la práctica internacional para este tipo de aparatos, el Fast aceptará a partir de 2021 las demandas de científicos extranjeros que quieran efectuar ahí sus mediciones. Un comité debatirá el interés científico de cada proyecto y decidirá «si debe ser validado», precisa Wang Qiming.
John Dickey, profesor de Física en la Universidad de Tasmania (Australia), se muestra entusiasmado por este nuevo radiotelescopio. «He visto los resultados obtenidos por el Fast hasta ahora. Son excelentes», en especial con el descubrimiento de más de 200 púlsares. «Me gustaría mucho utilizarlo» asegura. Este astrónomo ha seguido con interés la evolución del gigante asiático en estas últimas décadas. «China es obviamente hoy un centro mundial de investigación científica, al mismo nivel que EE UU o Europa occidental». «Sus investigadores son tan vanguardistas, creativos y bien organizados como en cualquier otro país avanzado», agrega.
Por falta de medios, China estuvo subdesarrollada en materia de ciencias durante mucho tiempo. Pero desde hace 20 años, está recuperando terreno a gran velocidad, para depender cada vez menos de las tecnologías extranjeras. En este período, China ha construido la mayor red de alta velocidad ferroviaria en el mundo -más de 35.000 kilómetros-, finalizado su sistema de geolocalización Beidu -competidor del GPS estadounidense-, y ya trae a la Tierra muestras lunares.
«Hoy, la innovación es la palabra clave», destaca Denis Simon, experto de la política científica china. «Cada vez se da más poder de decisión y libertad intelectual a los científicos y a los ingenieros para que exploren nuevas ideas y asuman mayores riesgos en sus investigaciones».
30 campos de fútbol es la superficie de esta gigantesca parábola, que tardó cinco años en construirse y costó unos 170 millones de euros. El resultado, según los astrónomos, es «excelente». Tiene el triple de sensibilidad que el gran telescopio recién derruido en Arecibo (Puerto Rico).
Más de 100.000 firmas apoyan una petición ante la Casa Blanca para la reconstrucción del radiotelescopio de 305 metros del Observatorio de Arecibo, en Puerto Rico, que colapsó el 1 de diciembre.
Según la solicitud, presentada al día siguiente del derrumbe, la estructura tenía capacidades «que no pueden ser reemplazadas». Entre otras cosas, disponía del sistema de radar planetario más poderoso y sensible del mundo y también era fuente de turismo, educación y «orgullo para Puerto Rico, inspirando a muchos a seguir carreras en ciencia y tecnología».
Los firmantes reclaman al Congreso de Estados Unidos que asigne fondos para construir un nuevo radiotelescopio en Arecibo más potente todavía, «con el fin de mantener el liderazgo estadounidense en defensa planetaria, astronomía y estudios ionosféricos». De acuerdo con la legislación norteamericana, la administración deberá pronunciarse en breve sobre la petición, al cumplirse un mes de la presentación de las más de 100.000 firmas.
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