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El nombramiento de Enrique Arnaldo como magistrado del Tribunal Constitucional es un escándalo en términos democráticos que nos debería avergonzar a todos los ciudadanos y ... especialmente a los diputados que con su voto lo han legitimado. Ciertamente el TC vive desde hace ya unos cuantos años por méritos propios un proceso de desprestigio y devaluación. A ello han contribuido también, y de qué manera, las formaciones mayoritarias como el PSOE y el PP, que han aprovechado la renovación de los vocales para pactar candidatos conforme al criterio de reparto y afinidad política más que a los de competencia, imparcialidad y dignidad que les hicieran merecedores de un consenso incontestable. Lo anterior no significa que todos los magistrados, nombrados en virtud del pacto entre socialistas y populares, hayan actuado y convertido la institución en una especie de «correa de transmisión» de sus promotores, pero el vicio de origen de la politización ha deteriorado la autoridad de esta institución.

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