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«Al 'pato cojo' todavía le quedan las alas y la otra pata». Desde que el PNV comunicó en noviembre a Iñigo Urkullu que no ... volvería a presentarle como candidato, el lehendakari ha querido mandar un mensaje rotundo, el de que es pronto para darle por amortizado y endosarle el apelativo con que en la política norteamericana empezó a llamarse a los presidentes que se habían quedado ya sin margen de maniobra. Urkullu parece empeñado en demostrar que lo tiene y que no va a «desperdiciar», inciden en su entorno, las posibilidades que le brinda la mayoría absoluta que PNV y PSE suman en el Parlamento vasco a diferencia de lo que sucede en Álava y Gipuzkoa, donde Ramiro González y Eider Mendoza se han visto forzados a retirar sus Presupuestos.
El Ejecutivo de Vitoria, en cambio, tiene garantizada la aprobación de sus Cuentas este próximo viernes y quiere todavía dar luz verde a otras iniciativas ya muy avanzadas en su tramitación, como, sobre todo, las leyes de Transición Energética y Cambio Climático y la de Cooperación y Solidaridad.
Ese sería el siguiente paso, una vez se aprueben mañana mismo en la Cámara otros seis proyectos -entre ellos las leyes de Empleo y de Educación- en una sesión que, finalmente, no será el pleno escoba de la legislatura. La aprobación de esas dos leyes la alargaría, en cambio, como mínimo hasta la penúltima semana de febrero, lo que hace que abril sea ahora la fecha más plausible para celebrar las elecciones vascas y no marzo porque deben transcurrir 54 días entre la publicación del decreto de convocatoria y la jornada electoral.
Las dos normas a las que el Gobierno da máxima importancia han agotado ya el plazo de enmiendas. Toda vez que los grupos no han registrado correcciones a la totalidad, bastaría con habilitar el mes de enero, que suele ser de parón parlamentario, para acelerar el debate en ponencia y poder aprobar ambas normas en pleno en febrero. La propia consejera de Desarrollo Económico, Sostenibilidad y Medio Ambiente, Arantxa Tapia, ha apuntado esta semana que esa hipótesis es «perfectamente factible», que su Departamento da máxima prioridad a la ley y que «trabajará» además para lograr el apoyo de alguno de los grupos de la oposición.
Hasta ahora, los partidos veían muy verosímil que, con el parón navideño de por medio y siendo enero inhábil, la Cámara ya no volviera a reiniciar su actividad y Urkullu anunciara su disolución a finales del primer mes de 2024 para así poder convocar las elecciones autónomicas el 17 de marzo, antes de las vacaciones de Semana Santa. Pero, en las últimas semanas, las señales de que a la legislatura aún le queda carrete han sido constantes y el lehendakari llegó a anunciar la semana pasada cien iniciativas que a su Gobierno le quedarían por cumplimentar en esta recta final.
Además, Urkullu ha vinculado el final de su mandato con la llegada de las tres transferencias que Pedro Sánchez ha comprometido con el PNV, que se firmarán en un plazo de tres meses a contar desde ayer. «Les gustaría que las elecciones fueran mañana pero eso no va a ser», zanjó este fin de semana Itxaso Atutxa en un mensaje dirigido a los grupos de la oposición que, con sus candidatos ya en la parrilla de salida (a excepción de Podemos), han dado por oficiosamente inaugurada la campaña e incluso han celebrado actos por todo lo alto, como el de EH Bildu en el Euskalduna, para su puesta de largo. La propia presidenta del BBB del PNV había abonado públicamente la tesis de marzo, para disgusto del lehendakari, aunque los dilatados plazos del proceso interno para entronizar a Imanol Pradales como candidato -la Asamblea Nacional Extraordinaria que le proclamará no se celebra hasta el 27 de enero- aconsejan estirar algo más el calendario para el rodaje del todavía diputado foral. Eso sí, no es descartable que, concluida la primera vuelta este 24 de diciembre, al ser el único aspirante -el propio Urkullu frenó los conatos de batalla interna-, Pradales salga del ostracismo en cuestión de días.
Abril es, por descarte, la fecha más factible. Situarlas en mayo obligaría a celebrar dos convocatorias electorales casi seguidas, con el despliegue de recursos y de energía que eso conlleva, porque las europeas están convocadas para el 9 de junio. Hacerlas coincidir con esa cita, una suerte de revancha de la pugna Sánchez-Feijóo, podría desmovilizar el voto en clave abertzale. Así que el 14 o el 21 de abril se colocan ahora en cabeza de las apuestas (el 28 es San Prudencio y puente festivo en Álava), aunque el desenlace definitivo sólo está, de momento, en la cabeza del lehendakari.
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