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david guadilla
Domingo, 5 de diciembre 2021, 00:16
La decisión adoptada por el colectivo de presos de ETA de rechazar los 'ongi etorris' públicos llegó tras un intenso debate desarrollado durante los últimos ... meses en las cárceles de España y Francia. El comunicado lanzado por el EPPK el lunes cerró un proceso que aunque ha sido avalado por la mayoría de los reclusos, también ha sido rechazado por alrededor de una veintena de miembros de la banda y ha certificado las tensiones internas que se viven en la izquierda abertzale.
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Los recibimientos a los presos cuando salen de prisión es una cuestión que ha generado roces importantes dentro de Sortu y del EPPK durante años. Pero no solo eso. También han provocado un desgarro entre las víctimas al ver cómo los asesinos de sus familiares eran recibidos como héroes. Una imagen que recuerda el pasado no demasiado lejano de la izquierda abertzale e impide culminar su blanqueamiento. Por eso tanto la dirección de Sortu como la del EPPK llegaron hace tiempo a la conclusión de que los 'ongi etorris' multitudinarios no tenían sentido. Pero se trata de una visión que no comparten los más ortodoxos, los que consideran que cualquier cesión es «una traición».
El anuncio del colectivo de presos otorga ahora un paraguas interno sólido y busca zanjar cualquier disensión. El debate arrancó hace bastantes meses, ha sido complejo, pero más sencillo que en otras ocasiones gracias a que los presos están más agrupados por el fin de la dispersión. La reflexión sobre qué hacer con los 'ongi etorris' fue elaborada por la denominada 'comisión para la consecuencias del conflicto', un órgano no oficial de Sortu en el que tiene un papel clave Rufi Etxeberria.
críticos
La propuesta entró en las cárceles a través de personas relevantes del entorno de la izquierda abertzale. Los 'rulos' de papel caían en manos de un preso que el EPPK -cuyos portavoces más destacados son Jon Olarra Guridi y Ainhoa Mujika, ambos en Logroño- había designado como responsable de cada prisión. A partir de ahí arrancaba el debate y todas las reflexiones volvían al exterior.
La decisión de desmarcarse de los 'ongi etorris' públicos fue finalmente aceptada por la mayoría de los internos, en este momento alrededor de 200. Pero no fue unánime. Una veintena optó por desmarcarse, entre ellos, antiguos dirigentes como Francisco Javier García Gaztelu, 'Txapote', y Mikel Karrera, 'Ata', así como otros veteranos, como Irantzu Gallastegi, pareja del primero.
Se trata de un grupo de etarras que considera que ya se han hecho los gestos suficientes -incluso demasiados- y que cualquier paso se entiende casi como un desplante a los principios del movimiento. En todo caso, asumen la decisión mayoritaria. A estos habría que sumar otro porcentaje que se abstuvo y los que apoyan de forma explícita a los disidentes, poco más de media docena y que no preocupan en exceso a la dirección de la izquierda abertzale, donde se considera que se trata de situaciones que también se han visto en otros procesos como el irlandés.
oposición
En ese debate, en todo caso, se ha certificado también que los presos de ETA tampoco están dispuestos a hacer un giro absoluto en su estrategia ni a dar más pasos de los estrictamente necesarios. Ponen sus propias líneas rojas. La principal, no colaborar con la Justicia para esclarecer los asesinatos pendientes, algo que exigen las víctimas. Ayer mismo, la consejera del Gobierno vasco Beatriz Artolazabal también les exigió que den «más pasos» en el esclarecimiento de casos sin resolver y en reconocer que fue «injusto aquello que hicieron».
En realidad, la directriz ya había sido trasladada a las bases hacía tiempo. Los recibimientos tendrían que ser discretos o en la puerta de la cárcel. El número de 'ongi etorris', como ha reconocido Covite, se había reducido de forma significativa. Pero los seguía habiendo. El mejor ejemplo fue el homenaje que se le tributó a Agustín Almaraz en Santutxu en agosto. Este acto ejemplifica las contradicciones de la izquierda abertzale. Sortu lo impulsó a través de las redes sociales y luego emitió un comunicado en el que definía como «enemigos de la paz» a quienes lo habían criticado.
negativa
Desde la izquierda abertzale se sostiene que todo aquello fue un cúmulo de circunstancias. Que quien lanzó el primer mensaje lo hizo sin tener el visto bueno y que una vez desatada la tormenta no quedaba más remedio que cerrar filas. Fuese intencionado o un error, demostró que existe un debate abierto.
Según esa misma versión, lo mismo habría sucedido cuando el 11 de noviembre Arkaitz Rodríguez calificaba en la Cámara vasca los 'ongi etorris' como «actos de reintegración» de personas que «han hecho una apuesta por la paz». El líder de Sortu habría lanzado ese mensaje de consumo interno sabiendo ya el resultado del debate en el EPPK. Presa de sus propias dinámicas, la izquierda abertzale se mueve en un complicado equilibrio. De hecho, no se descarta que vuelvan a surgir contradicciones. Y los homenajes privados seguirán contando con el aval de Sortu.
La idea era que el comunicado de los presos hubiese salido mucho antes, coincidiendo casi con la declaración de Aiete del 18 de octubre, pero el clima interno obligó a ralentizar el proceso. El debate en las cárceles ha ido en paralelo con el que se ha vivido en el exterior. En octubre Sortu debatió su ponencia política. Se presentó una enmienda a la totalidad impulsada por otro histórico, Joseba Alvarez. Y esa discusión también provocó momentos de alta intensidad en las asambleas. El texto oficial fue apoyado por el 70% de los militantes que votaron. La abstención rondó el 50%. Ese dato y el 21% de oposición se relativiza desde la izquierda abertzale y se recuerda que en procesos anteriores la cifra fue similar.
La apuesta por eliminar los 'ongi etorris' de la vía pública tiene que ver con el papel que quiere jugar la izquierda abertzale. Convertirse en un agente político más que pueda pactar con todas las fuerzas. El objetivo es generar un clima político «relajado» que permita al Gobierno seguir dando pasos. La coalición soberanista no oculta que desde el Ejecutivo «a veces nos piden cosas». ¿Habrá una condena explícita de la violencia, un reconocimiento del daño injusto causado? En esos términos tan explícitos no se prevé, al menos a corto plazo.
¿El siguiente paso? La izquierda abertzale busca que a los presos se les aplique la legislación ordinaria para que puedan acceder de forma directa al tercer grado, lo que permite salidas de prisión, etc. Y en eso tiene un papel fundamental la Fiscalía.
Instituciones Penitenciarias acercó ayer a dos nuevos presos de ETA, Josu Ginea Sagasti e Iker Lima Sagarna. Ambos cumplían condena en la cárcel de León y han sido trasladados a la de Basauri, según informó la asociación de familiares y allegados de presos de la banda, Etxerat. Ginea Sagasti, exconcejal de Euskal Herritarrok en Larrabetzu, fue condenado a 12 años por quemar un cajero automático el 15 de agosto de 1997, durante las fiestas locales. Por su parte, Lima Sagarna, natural de Galdakao, cumple una pena de 25 años por delitos de incendio, daños, lesiones y desórdenes públicos.
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