
Pedro Pardo, cuando la víctima de ETA no es ningún santo
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Delincuente y violento, preso habitual y traficante, su hija contó la mala vida que les dio en un libro pero, «por malo que fuese, ETA no tenía derecho a matarle»Secciones
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Delincuente y violento, preso habitual y traficante, su hija contó la mala vida que les dio en un libro pero, «por malo que fuese, ETA no tenía derecho a matarle»Cuando alguien muere, solemos releer su vida en clave generosa, borrar los malos recuerdos y centrarnos en sus virtudes. Cuando además a esa persona le ... asesinan a sangre fría, es francamente difícil hablar de lo que hizo mal, aunque sea mucho. Y más aún si eres su hija. Pero hay veces que es inevitable. Él se llamaba Pedro Pardo y ETA le mató el 26 de diciembre de 1984. Su hija, Remedios García, contó en un libro el infierno de vida que les dio y confesó al presentarlo hace años lo que sintió con su muerte. «Aunque sea duro decirlo, para mí fue una liberación. Pero nadie tenía derecho a matarle».
«Miguel Castellanos Escamilla, de 47 años de edad y natural de la localidad barcelonesa de Santa Coloma de Gramanet, resultó muerto a las siete y cuarto de la tarde de ayer en Bermeo, a causa de los disparos efectuados por dos jóvenes». Eso dijeron las crónicas al día siguiente. Al parecer, Miguel Castellanos estaba casado y tenía cuatro hijos. Al parecer, residía en Bermeo hacía diez años. La verdad es que Miguel Castellanos era un vecino de Barcelona al que había robado su identidad Pedro Pardo, un delincuente conocido como 'El Peleas', la bala perdida de una familia de mercheros a la que apodaban 'los patusos'. Y primo hermano de otro merchero, 'El Lute'.
Cuando la familia residía en San Boi trataban con 'El Vaquilla' y vivían en unos bloques donde no entraban ni los médicos. El historial delictivo del padre era de lo más variado, con atracos en joyerías y asaltos a casas, en los que desplegaba un singular manejo de la navaja y la pistola. Entraba y salía de La Modelo cada poco tiempo. Remedios se acostumbró a visitarle en la cárcel desde los 7 años. «Sólo me acuerdo de que nos cacheaban a todos, que había que pasar muchas puertas para llegar al patio y que mi madre nos obligaba a decir que su marido estaba en el hospital».
En el invierno de 1976 la familia se mudó a Bermeo y Pedro Pardo cambió de identidad para hacer más difícil que la Policía siguiera sus pasos. Se había convertido en un traficante temido y violento y convirtió a sus propios hijos en camellos confiando en que ellos no tocarían el 'caballo', cosa que no sucedió. Ganaba dinero con la droga pero era de los que iba a Artxanda, atracaba a las parejas que estaban en los coches y a veces forzaba a las chicas. Lo contó su hija a este diario cuando presentó una biografía cruda pero llena de verdades que tituló 'Ni una palabra más'.
Pedro Pardo, bajo la identidad falsa de Miguel Castellanos, compró el bar Gurea Da en Bermeo y desde allí se hizo con el control de la heroína en la zona. Tenía 47 años y ETA le amenazó de muerte pero no era fácil intimidar al que apodaban 'El Peleas'. Pensó en marcharse. No le dio tiempo.
A las siete y cuarto de la tarde del miércoles 26 de diciembre de 1984, dos etarras entraron en el bar Gurea Da y pidieron una consumición. Estaba en el local Pedro Pardo, su esposa, su hija Remedios y otros familiares. Uno de los dos etarras sacó una pistola y disparó dos veces en la cara al propietario del local. Luego escaparon a la carrera y se subieron a un coche que les esperaba. Uno de los autores materiales, según una sentencia de 1987, era Fernando Uriarte, que ademas de miembro de ETA era policía municipal en Bermeo. La banda señaló a la víctima como traficante y como soplón de la Policía. Su hija no dudó en negarlo porque «mi padre, antes muerto que ser un soplón». Pardo, según su hija, también sabía ser generoso con los que no tenían nada. Era su otra cara.
Hay gente de la que no se sabe la verdad ni después de muerto. En el cementerio de Derio fue enterrado un tal Miguel Castellanos. Sólo tras una investigación de la Guardia Civil en 1997, se supo que quien yacía en aquella tumba era Pedro Pardo, 'El Peleas'.
No era ningún santo pero su hija lo explicó mejor que nadie. «Si un juez le hubiera metido veinte o treinta años en la cárcel, yo no habría tenido nada en contra. Pero, por malo que fuese, ETA no tenía derecho a matarle».
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