
Ana María Vidal-Abarca fundó en 1981, junto con Sonsoles Álvarez de Toledo e Isabel O'Shea, la primera asociación de víctimas del terrorismo en España. La llamaron Hermandad de Familiares y tiempo después comenzó a conocerse como la AVT. Sólo un año antes, ETA había asesinado a su marido Jesús Ignacio Velasco Zuazola, con quien había tenido cuatro hijas. Hoy se inaugura, con presencia de familiares y autoridades, un busto en su memoria en el parque del Retiro de Madrid.
Publicidad
«Toda la familia estamos muy agradecidos y muy emocionados. Esto es más que un homenaje porque una escultura permanece allí. Y, en el futuro, cuando la vea la gente, se preguntará quién era. Y esa es una buena manera para que se contribuya a que se sepa lo que pasó en España y quiénes fueron las personas que pelearon por las víctimas del terrorismo. Tiene un gran simbolismo», agradece su hija Ana Velasco Vidal-Abarca.
El 10 de enero de 1980, ETA asesinó en Vitoria a Jesús Ignacio Velasco Zuazola, comandante de Caballería y jefe del Cuerpo de Miñones de la Diputación de Álava. Tenía 47 años, estaba casado con Ana María Vidal-Abarca y eran padres de cuatro hijas, la menor de dos años de edad. Los terroristas le abordaron mientras esperaba en un semáforo en rojo de camino al trabajo y le tirotearon. Tras el crimen, la familia se marchó de Vitoria y se radicó en Madrid.
«A mi padre no le mataron por ser jefe del Cuerpo de Miñones sino por ser comandante de Caballería», aclara su hija Ana. «ETA no quería que hubiera un militar en los Miñones y por eso también mató a Carlos Díaz Arcocha», teniente coronel del Ejército y máximo jefe de la Ertzaintza. Era un requisito para los primeros jefes que estaba estipulado en una disposición transitoria del Estatuto de Gernika. «ETA consiguió así muchas cosas. Ponía muertos en la mesa y se cedió mucho».
«Cuando asesinaron a mi padre, ella vio que las víctimas del terrorismo no contaban. No tenían nunguna protección, ni eran arropadas por las instituciones. No eran consideradas y casi se las escondía por el momento político, que era complicado, y quienes mandaban intentaban minimizarlo el efecto del terrorismo. En el telediario los atentados los daban después del tiempo y duraban diez segundos y ella no se resignó a eso», confiesa su hija.
Publicidad
Así que Vidal-Abarca decidió «hacer su razón de ser de ayudar a los demás y apoyar a las víctimas y aglutinarlas». Y lo hizo con éxito. Los comienzos no fueron fáciles. «No había ni siquiera un listado en el Ministerio delinterior». Tuvieron una gran idea: «Pusieron un anuncio en el periódico con un apartado de correos y muchas familias escribieron. Viajaban por España para conocer a las viudas», rememora su hija. «Nunca se callaba. Decía lo que había que decir, gustase o no. Por eso fue tan respetada y considerada por todos. Las víctimas la recuerdan con enorme cariño».
Accede todo un mes por solo 0,99€
¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión
Te puede interesar
Los libros vuelven a la Biblioteca Municipal de Santander
El Diario Montañés
Publicidad
Utilizamos “cookies” propias y de terceros para elaborar información estadística y mostrarle publicidad, contenidos y servicios personalizados a través del análisis de su navegación.
Si continúa navegando acepta su uso. ¿Permites el uso de tus datos privados de navegación en este sitio web?. Más información y cambio de configuración.