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Adolfo Lorente y David Guadilla
Miércoles, 9 de junio 2021, 11:37
Si las comparaciones son odiosas también son tremendamente reveladoras. En pleno fragor catalán, con el nuevo Govern recién investido y Oriol Junqueras proclamando una 'tregua' ... de dos años a Pedro Sánchez, el nuevo Sociómetro del Gobierno de Iñigo Urkullu desvela que el puente aéreo Euskadi-Cataluña está cada vez menos transitado. La cifra de vascos que rechazan de forma tajante la independencia se dispara hasta el 41%, siete puntos más que el año pasado y el dato más alto en al menos dos décadas. En 1998, cuando comienza la serie, en plena tormenta de Lizarra y con una Euskadi muy polarizada, el porcentaje de vascos que rechazaba la separación con el resto del Estado se quedaba en el 24%.
La encuesta elaborada por el Gabinete de Prospección Sociológica del Gobierno autonómico ofrece una radiografía clara de por dónde camina en estos momentos la sociedad vasca. En mitad de una pandemia, con una crisis sanitaria histórica, con muchos puestos de trabajo en el aire y con la gestión de Urkullu en el punto de mira, los ciudadanos apuestan más que nunca por la estabilidad institucional, marcan distancias con aventuras soberanistas y se sienten más cómodos dentro del Estado.
El sondeo, de 3.333 entrevistas, se realizó en un momento además muy simbólico. Justo cuando Pere Aragonès estaba siendo investido presidente de la Generalitat. El 'efecto Cataluña' es muy claro desde que arrancó el 'procés' y ha agudizado de forma clara el rechazo de los vascos a la independencia. Si en 2014 la cifra de personas que abogaban por romper con España se situaba en el 30%, las propuestas rupturistas y la tensión que se vive en Cataluña han ido reduciendo de manera notable esa cifra. En estos momentos solo un 21% de los encuestados en Euskadi apoya de forma clara la secesión. Un escaso porcentaje que, en todo caso, ya se había dado en otras dos ocasiones: en 2016 y en 2001, durante las elecciones que enfrentaron a Juan José Ibarretxe y Jaime Mayor Oreja. Otro 32% la respaldaría «en función de las circunstancias».
Lo que ha cambiado de forma clara es el porcentaje de los que se oponen de forma explícita a la independencia. En los últimos veinte años esa cifra se ha situado en una horquilla estable que siempre se ha movido entre el 31% y 35%. El año pasado se quedó en el 34%. Es decir, en solo unos meses el crecimiento ha sido de siete puntos. Nunca en la historia reciente se había dado un salto así. En la época de Lizarra fue de ocho puntos, pero tardó tres años en darse. Del 24% de 1998, cuando se firmó el pacto soberanista, al 32% de 2001. El rechazo a la independencia es mucho más claro en Álava (48%) frente al 32% de Gipuzkoa y la situación intermedia de Bizkaia (44%); es más acentuado en las capitales que en los pueblos pequeños y mucho más elevado entre los mayores de 65 años (53%) que entre los menores de 29 años (24%).
¿De dónde surge ese incremento? Básicamente de la bolsa de personas que hasta la fecha no se posicionaban. Si en la anterior encuesta los vascos que optaban por no responder o evitaban dar una contestación concreta se situaba en el 16%, en este caso ha bajado hasta el 6%. Ahí hay otro dato importante a destacar. Tampoco nunca antes en los últimos 23 años el porcentaje de personas que no han tenido ningún problema en responder -sea cual sea la respuesta- ha sido más alto.
El motivo más evidente para que se haya producido ese giro y esa brusca subida hay que buscarlo en la pandemia. Los vascos tienen muy claras sus prioridades. El primero de sus problemas es el ligado con el mercado de trabajo. Con muchos ERTE aún activos y con el miedo de que acaben transformándose en ERE, un 68% de los consultados lo sitúa al menos entre una de sus tres primeras preocupaciones. Mucho más abajo se coloca la pandemia en sí misma (39%), en una demostración que al menos se ve la luz al final del túnel, y sólo para un 20% de los encuestados sería uno de sus tres primeros problemas un genérico «Situación política, políticos y conflicto político» -en el que se englobaría el problema territorial-.
En relación al sentimiento nacional, la opción mayoritaria es «tanto vasco como español», que alcanza un 40%, ocho puntos más que el año anterior y cifra más elevada desde 1998. Quienes se consideran «únicamente vascos» baja del 24% al 19% mientras que la opción «más vasco que español» sube del 20 al 25%. Las opciones «más español que vasco» y «sólo español» siguen ancladas en el 4 y el 5% respectivamente.
Prioridades: Los vascos sitúan entre sus principales problemas los relacionados con el mercado de trabajo.
Contraste: En 1998, antes de la firma de Lizarra, la oposición a la ruptura alcanzó su cifra más baja (24%)
Apoyo: Sólo un 21% de los consultados apostaría de forma clara por la ruptura; otro 32% depende
Identidades: El sentimiento «tan vasco como español» también se eleva ocho puntos; baja cinco el de «solo vasco»
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