

Secciones
Servicios
Destacamos
Edición
El Gobierno vasco, con el lehendakari a la cabeza, homenajea este martes a Alfredo Espinosa, consejero de Sanidad del primer Gobierno vasco que fue fusilado el 26 de junio de 1937 por el bando franquista. Imanol Pradales ha destacado que «fue un ser humano excepcional y una figura de máxima relevancia en la historia del sistema de salud en Euskadi. Fue una persona altruista y generosa, que se dedicó a hacer el bien como profesional de la medicina y como responsable político». El hospital de Urduliz lleva el su nombre y este último reconocimiento está enmarcado en la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Euskadi.
Pradales ha defendido que «Espinosa puso el listón alto. Fue un ejemplo de tesón, valentía, dignidad, compromiso y sentido del deber en circunstancias dramáticas». También ha destacado que «se entregó en favor de las personas más vulnerables. Defendió los derechos de los presos del bando rival. Y reivindicó con hechos la humanización en la guerra». Alabó su doble compromiso «con los más desfavorecidos y con la democracia».
El hijo del consejero, Alfredo Espinosa Gómez, nonagenario, ha tomado parte en el acto celebrado en el bilbaíno hotel Carlton, el mismo que fuera la sede del Gobierno vasco en los primeros meses de la contienda. Agradeció el gesto a Gogora y al Ejecutivo autonómico. «De la guerra puedo decir poco porque tenía dos años. Fuimos exiliados a Bélgica hasta que nos cogió la ocupación alemana y volvimos a Madrid en un camión que ametrallaron. De la posguerra sí puedo hablar y de la falta de libertad», ha explicado.
También ha asistido la consejera de Justicia y Derechos Humanos, María Jesús San José. «Hay que reivindicar la ciudadanía como algo fundamental, al margen de la raza o el sexo. Me enorgullece reconocer a un consejero de aquella Euskadi diversa y abierta que tantos años después hemos conseguido lograr», ha apuntado la consejera. «Hoy ponemos otro bloque de dignidad en la construcción de la sociedad democrática del futuro», ha zanjado.
Alfredo Espinosa Orive nació en Bilbao en 1903. Fue doctor en Medicina por la Universidad de San Carlos de Madrid y responsable del área de radiología del Hospital Civil de Basurto. Presidente de la Unión Republicana, fue concejal del Ayuntamiento de Bilbao desde 1931 y Gobernador Civil de Burgos y de Logroño. Como consejero de Sanidad, se empeñó en humanizar la guerra y creó la Cruz Roja Vasca. Se esforzó por la higiene rural, organizó la asistencia social a refugiados, hijos de milicianos fallecidos, fundaciones benéficas, casas de Salud Infantil, colonias infantiles y otros medios de beneficencia como la casa de Reposo, la de convalecencia, la de Maternidad para refugiados, o del Hogar del Anciano.
Espinosa participó activamente en la evacuación de niños al extranjero en junio de 1937 y supervisó directamente el traslado a Bayona de 160 menores enfermos de tuberculosis que estaban en el sanatorio de Gorliz. Fue traicionado cuando intentaba volver a España para reunirse con el resto de miembros de aquel primer Gobierno vasco en Santander. El piloto que tenía que trasladarle fingió que había problemas en los motores y simuló un aterrizaje de emergencia en la playa de Zarautz, donde fue apresado. Fue juzgado y condenado a muerte en un consejo de guerra. El 26 de junio de 1937, Alfredo Espinosa y José Aguirre, quien le acompañaba en aquel viaje en avioneta, fueron fusilados. Los cadáveres fueron inhumados en el cementerio de Santa Isabel de Vitoria.
Antes de ser fusilado, Alfredo Espinosa escribió varias cartas a su familia y también al lehendakari Agirre, citada este martes por Pradales, y también mandó otras misivas a familiares y amigos. «Cuando la historia nos juzgue a todos, sabrán que nosotros hicimos lo indecible por evitar la muerte a los presos y por conservar el respeto absoluto a toda idea opuesta a la nuestra. Cuando condenen los tribunales a alguno a muerte, mi voto, desde el otro mundo, es siempre por el indulto pues pienso en que pueda tener madre o esposa e hijos y la terrible condena siempre la sufrirán personas inocentes. Pídeles tú a mis compañeros, en mi nombre, lo que yo te pido, y os suplico no ejerzáis represalias con los presos que hoy tenéis, pues bastante han sufrido como sufro yo. El que no esté procesado en estos momentos ponerlo en libertad». Una carta que termina con un «Gora Euskadi y viva la República».
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Favoritos de los suscriptores
Noticias recomendadas
Batalla campal en Rekalde antes del desalojo del gaztetxe
Silvia Cantera y David S. Olabarri
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.