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Hogar de los indígenas prerromanos, los castros eran poblados fortificados que solían protegerse a base de levantar muros y cavar fosos. Necesitaban un entorno favorable para la supervivencia, por eso, igual que las plantas, germinaban en zonas donde había agua y sobre terrenos fértiles. Altos, a ser posible, por aquello de observar quién llamaba a su puerta y abrir o cerrar la muralla, como cantaba Ana Belén.
Amanecieron iluminados por un sol centroeuropeo, nutridos por influencias que se habían incorporado a la cultura de la Edad del Bronce. Hijos de un mestizaje favorecido en las migraciones previas. En un momento en el que las culturas se mezclaban y superponían sin excesos poblacionales, con hueco para todos, aunque no siempre se llevaran bien, de ahí lo de sumar murallas. Hasta que el Imperio Romano absorbió aquel viejo mundo y sus vecinos descendieron a las orillas de los ríos y a la costa.
Arratzu, Nabarniz y Mendata (Bizkaia)
Los expertos creen que pudo llegar a tener 400 habitantes. Vivían en casas de unos 20 metros cuadrados apoyadas sobre la muralla, levantadas sobre zócalos de piedra, con pared de barro y techo de paja. Se trata del poblado más importante de la época en el Cantábrico oriental, el mejor conservado de Bizkaia, además, gracias a sus defensas. Puedes acercarte desde Nabarniz, por ejemplo, siguiendo una senda circular de 5 kilómetros disponible en wikiloc.
La Bizkaia de la Edad del Hierro crecía salpicada de castros situados en lo alto de montañas. La cumbre de Arrola, en la cordillera de Gastiburu, fue elegida para este nacimiento en el siglo IV a. de C., y permaneció allí hasta el siglo I. Su estructura, pensada contra ataques externos y como muestra de poderío, se considera monumental para la época. Había puertas fortificadas, murallas y fosos. El acceso noroeste sirve de entrada al recinto por un pasillo en el que los enemigos podían ser atacados desde todos los flancos.
Para entender lo que ves, mejor pasa antes por el Centro de Interpretación Arrolagune, en Arratzu. Allí desgranan su historia y los rasgos de la sociedad imperante en su mejor etapa, entre los siglos II y I a.C., repleta de reyezuelos, una especie de pequeña 'aristocracia', élite religiosa, artesanos y campesinos. Además, la reproducción de una de las cabañas ayuda a formarse una idea de su estilo de vida. Disponían de juegos de mesa, útiles de labranza, armas de hierro, joyas de bronce y telares, entre otros recursos, es decir, de los avances que después disfrutaron los romanos. Cultivaban trigo, centeno y panizo. Contaban con ganado vacuno, ovino y porcino. Practicaban la minería. Y comerciaban con enclaves similares.
Alegría-Dulantzi (Álava )
Unos 800 años se mantuvo en pie este poblado que ocupa ahora tierras de Alegría-Dulantzi, al que puedes llegar caminando dentro de una ruta circular de 10 kilómetros que parte del pueblo y pasa también por la ermita de Ayala. Surgió a finales de la Edad de Bronce, pero viviría su apogeo en la de Hierro. ¿Por qué acabaron en ese cerro sus habitantes? Probablemente porque se sentían protegidos gracias a las acusadas pendientes dispuestas en tres de sus lados. Y como mostrarse previsor siempre es bueno, añadieron terrazas y muros, no se les fuera a colar quien no era bienvenido. Más potentes en la zona sur, donde las formas naturales ayudaban menos. Desde esa posición vigilaron el paso natural este-oeste y el acceso de personas llegadas desde los montes de Vitoria por el sur.
Lo que vas a ver es la reproducción de dos casas con planta circular de 6 metros de diámetro, propias de la Edad de Hierro, aparecidas en las excavaciones. Medían 4,5 metros de alto y las paredes se estructuraban a base de postes verticales con cerramiento de palos en trabajo de cestería y manteado con mortero. Eso y la reproducción de dos tramos de muralla que miden 8 metros cada uno. Ten en cuenta que hubo que aguardar hasta los años 70 del pasado siglo para que las excavaciones dejaran al descubierto la importancia del lugar. En la primera fase de ocupación había muretes de piedra deteriorados debido a labores de labranza. En la siguiente apareció una de las plantas de las viviendas. Y bajo ese nivel, el asentamiento humano en el cerro con restos de hoyos donde anclaban los postes de madera de las primeras construcciones.
Zalla (Bizkaia)
Existe una ruta circular sencilla de unos 6 kilómetros, disponible en wikiloc, para llegar si prefieres hacerlo andando. El poblado queda en el pico El Cerco, muy cerca del área recreativa y del conjunto monumental de Bolunburu, en una zona donde abundan las historias y leyendas sobre brujas y brujería. Para llegar a la parte alta del castro habrá que cruzar el puente de madera desde el área recreativa y continuar dos kilómetros por senda señalizada. Siguiendo las indicaciones darás marcha atrás al reloj hasta detenerlo en el siglo IV a.C., en plena segunda Edad del Hierro.
Creado sobre una elevación de 320 metros, el río Kadagua servía de parapeto ante extraños. Muralla de mampostería con tres metros de anchura media y altura, que pudo superar los cinco metros, más foso sumaban fuerza en el lado sur para guardar el castro, extendido sobre 4.000 metros cuadrados. Al norte quedaba la defensa natural de la Peña de Bolunburu. En ella, la única puerta por la que debían pasar todos. Cabañas de planta rectangular hechas con materiales perecederos se distribuían en el interior, así como cobertizos, talleres y almacenes. Ganadería y agricultura de subsistencia, a las que se añadía la recolección de productos silvestres, daban de comer. Y la metalurgia del hierro ofrecía utensilios a los que se agregaban molinos de mano fabricados con piedra arenisca local.
Villacondide (Asturias)
Espera algo más lejos, pero lo recogemos en estas páginas porque se trata del más popular de la provincia, por haber sido declarado Bien de Interés Cultural y por la notable extensión excavada en él. Se remonta, como mínimo, al principio de la Edad del Hierro y lucía fortificado ya en el siglo V a.C. Disponía de varias líneas de fosos y murallas. No está muy claro el uso de la parte superior, denominada Acrópolis; probablemente varió a lo largo de los años; los expertos creen que tal vez fue el origen del poblado. El barrio norte conserva unas 80 cabañas que, estiman, acogerían 200 almas.
Lo más singular es el Recinto Sacro, una terraza al pie de la Acrópolis, sobre el camino de acceso. Se trata de dos edificios de estructura similar con planta rectangular, cabecera semicircular y cubierta en falsa bóveda. ¿Hornos crematorios? ¿Saunas de origen autóctono?... La última hipótesis gana entre las más defendidas, ya que los modelos antiguos de saunas se remontan al siglo IV a.C., aunque sobrevivieron, reformados, hasta la época romana, en el siglo I. Hay, además, Aula Didáctica donde conocer la evolución de la cultura castreña desde su origen hasta el contacto con el mundo romano, cuando priorizaron la explotación del oro.
Reservas: en el teléfono 985978401.
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María Díaz y Álex Sánchez
Almudena Santos y Leticia Aróstegui
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