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Una escena de 'Morir'.

El amor en los tiempos de la enfermedad

Fernando Franco narra con dureza pero sin morbo la degradación de una pareja ante la inminencia de la muerte

Jueves, 5 de octubre 2017

Llueve mucho en los dos veranos entre los que transcurre ‘Morir'. Y no solo porque se haya rodado en el País Vasco. El segundo largometraje de Fernando Franco arranca con un baño liberador en el Cantábrico, de esos en los que el frío consigue que salgas del agua resucitado y con sabor a salitre en la boca. La ociosa rutina vacacional se romperá ante una revelación. «¿Te acuerdas aquella prueba que me hice? Pues salió mal», le suelta él a ella. Y desde entonces nada será igual. Nada puede ser igual ante la inminencia de la muerte.

Franco reconocía en el Festival de San Sebastián, donde 'Morir' se exhibió fuera de concurso, que los títulos de las películas deben ser honestos. El nuevo trabajo del autor de 'La herida' no engaña en ese sentido, aunque la cámara se detiene más en el cuidador que en el enfermo. Marian Álvarez y Andrés Gertrúdix, pareja en la vida real, se entregan el director en un drama que cuenta cómo a la degradación física se sucede la degradación sentimental. Cómo no solo muere una persona, sino una cotidianidad.

Para entendernos, 'Morir' no es uno de esos temibles telefilmes de sobremesa en los que se muestra la agonía del paciente mientras a su alrededor se arremolinan familiares y batas blancas. El grueso de la acción no transcurre en habitaciones de hospitales y quirófanos, sino en la intimidad del hogar. Afloran los reproches y los egoísmos mutuos en una pareja que oculta a los demás el tumor cerebral de este músico parco en palabras, que enfrenta a su chica a la más dura prueba de amor.

Cámara pegada al rostro

«La muerte puede tener muchas caras, unas buenas y otras malas. Eso es lo que me interesó de la novela», cuenta Fernando Franco, que se inspira en el libro homónimo de Arthur Schnitzler, publicado en 1895. Al igual que en 'La herida', la cámara se pega al rostro de Marian Álvarez y captura su desasosiego, su disyuntiva entre la entrega más abnegada al enfermo y la necesidad de encauzar su vida. Porque la enfermedad detiene la existencia de todos, del que la padece y del que atiende al enfermo. 'Morir' es una película dura pero no morbosa, sensible pero no sensiblera. Una de las cintas españolas del año.

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