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Un plan chino para una falsa crisis
Dos bloques de poder se enfrentan por el dominio del mañana
Doctora en Psicología y analista de Relaciones Internacionales
Martes, 21 de marzo 2023, 00:17
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Doctora en Psicología y analista de Relaciones Internacionales
Martes, 21 de marzo 2023, 00:17
Operación militar especial» para Rusia, «crisis ucraniana» según China, ¿«terrorismo occidental» para Irán? La guerra en Ucrania parece descomponer la mundialización y tejer un delicado ... eje Pekín-Moscú-Teherán. Transcurrido un año, China, que había permanecido discreta en su apoyo a la invasión rusa, reconsidera su posición, especialmente desde la aprobación del suministro de armamento pesado por los aliados a Kiev. Un cambio de coyuntura sobre el terreno en detrimento de Rusia urge un plan de «regulación política de la crisis» que vive Europa.
Anticipándose a su abstención en la Asamblea General de la ONU en la resolución que exigía a Rusia una retirada inmediata de Ucrania y la apertura de una negociación hacia la paz, el Ministerio de Exteriores chino publicaba en su web la «posición de China sobre la reglamentación política de la crisis ucraniana». A Pekín le repugna el término «guerra» y -diferencia fundamental con el texto de la ONU- pone a Rusia y a Ucrania en el mismo plano.
En paralelo a la Conferencia de seguridad de Múnich, el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, anunciaba: «Los socios chinos nos han hecho partícipes de sus reflexiones sobre las causas profundas de la crisis ucraniana, así como de sus aproximaciones para una solución política». Precisando: «No es cuestión de un plan de paz separado».
Wang Yi, director de Asuntos Extranjeros del Comité central del Partido Comunista Chino (PCCh), recibido en Moscú el 21 y 22 de febrero por el mismísimo Vladímir Putin -en mesa recogida como prueba de confianza-, aseguró que «las relaciones entre China y Rusia no están dirigidas contra ningún tercer país, pero igualmente no tolerarán presión de ningún tercer país; cualquiera que sea éste». Retomando la alianza «sin límites» firmada en Pekín por Putin y Xi semanas antes de la invasión de Ucrania, Wang Yi ratificó unas «relaciones sólidas como una roca».
En este contexto nace el plan chino sobre «el conflicto Rusia-Ucrania». Doce puntos cuyos dos primeros evitan intencionadamente mencionar la «crisis» ucraniana. La propuesta inicial indica que «hay que respetar la soberanía de todos los países» (aviso sobre Taiwán para Washington: «Una sola China») y que «hay que abandonar la mentalidad de guerra fría». Para China, «la seguridad de una región no debería reforzar o ampliar los bloques militares». Una crítica velada sobre la existencia de la OTAN. La agencia oficial Nueva China recuerda que «la crisis ucraniana comenzó el 24 de febrero de 2022 tras las provocaciones de EE UU y sus aliados intentando extender la OTAN hacia el Este».
Como contraste a tanto alarde de hermandad y tergiversación de los hechos, ninguna declaración oficial ha abordado eventuales suministros de armas chinas a Moscú, tema que preocupa grandemente a Washington y las capitales occidentales. «¿Por qué te molesta que yo dé armas a Rusia cuando tú se las das a Ucrania?», preguntó Wang Yi a Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea, el 20 de febrero. Enseguida el diplomático chino habría asegurado que su país «no entrega armas a naciones en guerra». Sin embargo, 'Der Spiegel' revelaba, el 24 de febrero, que Pekín podría suministrar desde abril un centenar de drones a Moscú. Coincide la información con Antony Blinken, el secretario de Estado estadounidense, muy atento a las intenciones de Xi Jinping. Por su parte, la ministra francesa de Exteriores, Catherine Colonna, interpeló a su colega Wang a su paso por Francia en febrero a cuenta de la entrega de imágenes de satélites chinos al Grupo Wagner, singular participante en la guerra en Ucrania.
Las cancillerías occidentales se unen al pedir a China que utilice su influencia sobre Rusia para que modifique su belicismo y ansias imperiales como primer gesto de una iniciativa de paz seria. «No existe simetría alguna entre el hecho de librar armas a un Estado agresor y el de librarlas a un Estado agredido. En el primer caso se apoya la violación del derecho internacional; en el segundo, se sostiene a un país en situación de legítima defensa», observan fuentes diplomáticas europeas. Pero nadie olvida el rechazo de estas premisas por parte de China. En esencia, el desprecio del «modo de gobernanza global» establecido por EE UU en 1945, el sistema de la ONU que traslada los valores occidentales.
El factor chino complica el curso de la guerra en Ucrania. Un plan asentado sobre distorsiones cognitivas, sumado al oscurantismo sobre el tipo de apoyo a Moscú, invitan a ver pretensiones de largo alcance en la amistad ruso-china. La construcción del «nuevo orden internacional» modelo Xi Jinping no puede verse truncado por la «crisis ucraniana». En esta travesía, imposible desentenderse de la Rusia camarada de 'la Internacional autócrata'. Junto a la tragedia de los ucranianos, dos bloques de poder se enfrentan por el dominio del mañana. Dos mundos.
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