

Secciones
Servicios
Destacamos
Edición
En muy corto periodo de tiempo, figuras políticas de máxima relevancia han viajado a China: Lula da Silva, Annalena Baerbock, Macron y Ursula von der ... Leyen, Pedro Sánchez, Olaf Scholz. La duración y contactos de las visitas no son equivalentes. Si el presidente brasileño busca mejorar la balanza con su primer socio comercial, los europeos reiteran ante Xi Jinping que la guerra en Ucrania es un asunto existencial para el Viejo Continente. Todos coinciden en buscar la paz apoyándose en la mediación del líder chino ante «su amigo» Vladímir Putin. Pero las divergencias en la resolución de la invasión rusa abundan hasta retratar la diplomacia de bloques de la geopolítica actual. En el enfrentamiento de poder chino-estadounidense, el «aliados pero no alineados» de Emmanuel Macron resulta difícil.
Tal como precisó en febrero al presidente estadounidense, Joe Biden, Lula se niega a enviar municiones a Ucrania «en nombre de la paz». En su voluntad de encontrar un equilibrio propone la creación de un grupo de debate para alcanzar esa paz. «Putin no puede continuar con su ocupación», apunta el brasileño, y sugiere que el presidente Zelenski debe renunciar a Crimea, ya que «no puede quererlo todo». Desde Kiev se insiste en que «todos los esfuerzos de mediación para restaurar la paz deben fundamentarse en el respeto a la soberanía y la restitución de la integridad territorial de Ucrania». Entretanto los europeos han comprendido que sin la participación de EE UU, Ucrania ya no sería hoy una nación.
El fortalecimiento de la entente chino-rusa es otra derivación de los quince meses de contienda en Europa central. Los presidentes Xi y Putin no ocultan su 'matrimonio de conveniencia' ideológica. Lo suyo es una «amistad sin límite», inserta en un proyecto político común: acabar con la «hegemonía occidental» en el orden internacional. Los dos comparten fuertes convicciones. El uno y el otro han modificado las reglas en sus respectivos países para ejercer el mismo oficio: presidente vitalicio. Se aprecian y lo dicen. En la configuración de su «nuevo orden», Xi recuerda a Putin que en este proceso estratégico China no tiene mejor socio que Rusia.
En nombre de su seguridad, el «nuevo orden» debe permitir a cada gran potencia disponer de un área de tutela exclusiva. Esta puede ser el Pacífico oriental para China, el antiguo dominio imperial o soviético para Rusia. Los países vecinos que tienen la mala suerte de estar en estas zonas no disfrutan de una seguridad plena y temen por su soberanía: Ucrania padece la experiencia; Taiwán permanece al acecho. Las alianzas político-militares como la OTAN deben desaparecer…
El «pacto del cambio» no trata únicamente de poder militar o económico; es un asunto de valores. Minado por sus contradicciones, Occidente no sería ya un polo de atracción. Impulsado por la emergencia de nuevas potencias -Brasil, India, Sudáfrica, Irán, Arabia Saudí-, el movimiento de la historia crea alternativas a la «decadencia» occidental. Desde un fundamentalismo del principio de soberanía de un Estado sobre sus asuntos internos, el orden chino-ruso expulsa los derechos humanos de los vínculos entre las naciones. La cuestión no puede ser invocada en las relaciones entre los Estados: ¡circulen!
La autocracia política -otra opción interna- no es menos legítima que la democracia liberal 'a la occidental'. «El Partido Comunista Chino se ve en el mismo campo que el de la Rusia de Putin -afirma la especialista Alice Ekman-, unidos en una visión compatible del futuro y en la designación de un enemigo común».
La imposición de un relativismo cultural modelo satrapía, la negación del carácter universal de la Carta de Derechos de la ONU, la instauración de un mundo chino-ruso refuerzan la convicción entre los pueblos de que, por ahora, solo EE UU puede ofrecer seguridad. Alemanes, polacos, suecos, japoneses miran a Washington. La complacencia de China hacia Rusia en lo referente a Ucrania excede cualquier demostración de solidaridad por parte de Xi hacia Putin. Los dos dirigentes han puesto las luces largas. En sus propios términos: «Cambios geopolíticos están hoy en marcha en el mundo; cambios que no se han conocido desde hace cien años (…), y cuando nosotros trabajamos juntos, tomamos la cabecera de estos cambios». Putin prosigue: «Estoy de acuerdo». Xi: «Cuídese, querido amigo».
Quien crea que el 'bloque a bloque' del momento se reduce al enfrentamiento entre China y Estados Unidos se arriesga al absurdo. Moscú y Pekín comulgan en una batalla ideológica antioccidental -por lo tanto, antieuropea-. La realidad político-militar exige un aplazamiento de la 'soberanía europea', de la creación de una defensa en la Unión. No se trata de vasallaje hacia Washington. En estos días, «la autonomía estratégica como primer combate de Europa» defendida por Macron no convence entre los socios. No es capitular, es 'realpolitik'.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.