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Cuando leemos un artículo en la prensa, normalmente buscamos aquello que queremos encontrar, y llega un momento en que se da una unión, una empatía ... entre el medio de transmisión, lo que se lee y quien lo lee. Por eso, cada uno elige el periódico que está en consonancia con su ideología, es una forma de retroalimentarse, aunque luego se acerque a otros medios para estar más informado. Cuando se escriben elogios y se hacen estudios sobre la lectura, quien luego los lee, en general, es quien tiene por costumbre hacerlo. Por eso, voy a cometer la contradicción de escribir sobre la lectura para quien no lee.
Hay gente, incluso con estudios, que no lee nunca. ¿Por qué se da esto? Cuando tengo encuentros con lectores en los colegios, con estudiantes de 12 a 17 años, son una gran mayoría los que te dicen con franqueza que no les gusta leer, que les aburre. Así pues, habría que preguntarse sobre el sentido que debe tener la enseñanza de la lengua y la literatura si estos son sus frutos. Me da mucha pena escuchar esa sinceridad transparente, lo que requeriría hacer una revisión general sobre lo que debe ser la enseñanza de la lengua y su gramática y qué tipo de literatura debería impartirse para que genere el hábito lector, que tendría que ser uno de los objetivos principales, si no el principal, de la etapa de estudios. Quien logra el hábito lector de joven lo mantiene para siempre.
Muchos de estos adolescentes, cuando insisto con ellos sobre el tema y les pregunto si alguna vez en su vida han leído un libro que les haya ilusionado, te dicen que no, que no han leído nunca un libro que les haya entusiasmado. ¿Cómo es posible?
Hay quien afirma que en estos momentos se lee más que antes. Habría que distinguir entre leer y picotear. Estamos horas enteras con el wassap, correos, Facebook, Instagram y demás medios, pero eso no es leer, eso es picotear. Leer es un acto solitario, es coger un libro con serenidad, dejar lejos el móvil y entregarse durante un tiempo a pasar páginas y más páginas por el placer de leer para adentrarse en otros mundos, para dejar que la imaginación vuele construyendo otros espacios. Es un acto relajante que es muy bueno para la salud mental. Quien tiene el hábito lector no se aburre nunca.
Leer no requiere estudios previos, puede ser un maravilloso medio de entretenerse, está al alcance de todos y son muchos los que, por desgracia, no se han acercado nunca. ¿Por qué? La mayoría de los adultos que no leen es porque en algún momento de su escolaridad no les invitaron a hacerlo por el placer de leer o porque lo hicieron tan mal que generaron un rechazo, como puede ser el haber tenido lecturas obligatorias e inadecuadas a edad prematura. ¿Cómo es posible que un estudiante adolescente te pueda decir que no ha leído nunca un libro que le haya entusiasmado?
Cuando leemos, lo más importante es que nos metemos en otro mundo, el texto nos transporta a otra realidad, bien sea novela, cuento, historia o ciencia. Cuando leemos, podemos viajar a otros mundos, otros espacios, otras culturas, experimentar sensaciones. Leer, aparte de entretenerte, es un constante aprender y aprender de otros, es un diálogo con los grandes cerebros de la historia. Y como he dicho antes, está al alcance de todos.
A aquellos que se sientan reacios a leer yo les invitaría a coger un libro sobre un tema que les atraiga, algo sobre lo que les gustaría saber más (y mejor si se dejan aconsejar). Y a partir de ese leer sobre algo que me interesa, vendrá poco a poco el hábito lector, con lo que se amplían los horizontes. Conozco a mucha gente que, teniendo medianos estudios, son grandes lectores, con lo que se llega a poseer cultura (que viene de cultivar), y eso es enriquecimiento interior, un tesoro que no se puede comprar con dinero. Y las cosas que no se pueden comprar con dinero son las que más valen. Recordando a Quevedo, ya nos lo dijo Antonio Machado : «Solo el necio confunde valor y precio».
Si no leemos, a lo largo de la vida solo aprendemos de nuestra experiencia, de nuestros éxitos y fracasos, y eso es muy pobre. Si leo, aprendo de lo que ha pasado a lo largo de la historia. Dejamos que lo diga mejor Umberto Eco (1932-2016): «Quien no lee, a los 70 años habrá vivido una sola vida, ¡la propia! Quien lee habrá vivido 5.000 años: Estaba cuando Caín mató a Abel, cuando Renzo se casó con Lucía, cuando Leopardi admiraba el infinito... Porque la lectura es la inmortalidad hacia atrás». Lo ha dicho don Umberto Eco, que fue un sabio del siglo XX.
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