

Secciones
Servicios
Destacamos
Edición
El primer apéndice de 'Hacia la paz perpetua' nos advierte de que «quien acapara el poder en sus manos no dejará prescribir leyes por parte ... del pueblo», describiendo lo que ahora podríamos denominar el 'síndrome de Putin'. «Si una parte del mundo -escribe Kant a renglón seguido- se siente superior a otras, que por lo demás no se interponen en su camino, no dejará de utilizar como medio para reforzar su poderío el pillaje o incluso la dominación de las otras partes del mundo».
Sin embargo, contra lo que reza el célebre título de García Márquez 'El coronel no tiene quien le escriba', estamos viendo que no es así. Contra todo pronóstico, el buzón del antiguo coronel Putin encuentra corresponsales por doquier. Su pulso contra el mundo podría salirle muy caro, sobre todo si China prefiere no involucrarse y Estados Unidos evalúa esta situación como una grave amenaza para sus aliados del Atlántico Norte.
Lo que parecía un paseo militar está complicándose. No se contaba con la heroica respuesta del pueblo ucraniano. Su presidente protagonizó una serie televisiva donde interpretaba el papel que luego le correspondería jugar en la realidad y quizá ni él mismo imaginaba que lo haría con tanta dignidad. Su advertencia de que debemos identificarnos con la suerte corrida por su país nos recuerda otros momentos históricos.
Mientras Hitler y Mussolini ayudaron militarmente a Franco, Francia e Inglaterra decidieron mantener una neutralidad que puso al Gobierno republicano en manos de la Unión Soviética, quien cobró sus armas a precio de oro. Solo las Brigadas Internacionales, compuestas por voluntarios, manifestaron una solidad tangible con quienes habían sufrido un alzamiento militar. La comunidad internacional dejó que Hitler humillase a Checoslovaquia reivindicando un territorio germanoparlante y también cerró los ojos ante la anexión de Austria. La invasión de Polonia logró activar todas las alarmas.
Rusia es el país con una mayor experiencia en rechazar invasiones de agresores con ejércitos invencibles. Napoleón fue derrotado por el 'general invierno' y mariscales que sacaron ventaja de combatir en terreno propio. La estrella del emperador galo comenzó a declinar entonces. Hitler no pudo creer que su apreciado general Paulus tirara la toalla en Stalingrado. Esto también marcó el principio del fin para su Reich milenario.
¿Qué pasaría si Ucrania lograra seguir concitando un respaldo internacional que baraje medidas contundentes y de todo tipo? Putin ha satisfecho sus ansias de poder conquistando una presidencia vitalicia y su codicia debe de andar saciada con esa legendaria fortuna personal que se le imputa. Quiere pasar a la historia como el muñidor de una curiosa síntesis entre la herencia zarista y la del mismísimo Stalin. Viendo su aspecto, tienta pensar que quizá tenga una enfermedad terminal y eso le haga despreciar el peligro. Pero puede ser un simple ataque de megalomanía muy exacerbado.
Su ejército parece bien pertrechado, pero hay que contar con el factor humano. Está integrado por jóvenes que no alardean de ardor guerrero y están perplejos porque nadie preveía encontrar tamaña resistencia. En el otro lado, una diezmada población ve cómo arden sus casas mientras despide a sus familias. La motivación para combatir es muy diferente. Muchos pequeños países acorralados han demostrado que cabe hacer frente a un coloso.
Putin no será sensible a las penalidades de sus propios conciudadanos. Pero siempre puede verse amenazado por su propia guardia pretoriana y tampoco es descartable una rebelión popular. China tiene mucho peso en esta crisis internacional. Bastaría con su neutralidad para permitir intervenir a los estadounidenses con mayor ahínco.
Nadie auguró que, tras la pandemia, nos encontraríamos con una reedición de la Guerra Fría servida en caliente y con un desenlace absolutamente imprevisible. Volvemos a vivir una situación que nos parece increíble. Pero el virus 'chino' llegó a nuestros lares y ahora las bombas 'rusas' explotan extremadamente cerca. ¿Servirá esta nueva crisis para reforzar a la muy desunida Europa, revitalizar alianzas más eficaces y espolear los desarmes multilaterales? Ucrania era la tercera potencia nuclear del mundo y obtuvo la promesa de que con ese gesto se garantizaría su seguridad.
Europa debe revisar sus prioridades a largo plazo. Hay que apostar por la cultura y el Estado del Bienestar para no prohijar sátrapas visionarios que desvirtúan la democracia manteniendo su simple apariencia mientras horadan principios. Europa tiene una oportunidad única para enmendar los errores del pasado y no dejarse amedrentar por esa grave amenaza que representa el síndrome de Putin. Releamos al Kant de 'Hacia a la paz perpetua' y pongamos en práctica sus ideas.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.