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Cuba y Sicilia son muy diferentes, aunque tienen cosas en común, más allá de que en algún momento de su historia estuvieron dominadas por la ... mafia. Ambas son islas y de alguna manera viven en mundos cerrados, en un permanente estado de introspección, hoy azuzado por la pandemia. En el Palermo decimonónico Giuseppe Tomasi di Lampedusa ambientó su novela 'El gatopardo', cuya moraleja universal la sintetizó Tancredi en la famosa frase transmitida a su tío, el príncipe de Salina: «Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi» («Si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie»).
La alusión viene a cuenta de la celebración del VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), en La Habana, entre hoy y el lunes. Según Ramón Machado Ventura, segundo secretario del PCC y su hombre más poderoso después de Raúl Castro, será el congreso de la «continuidad» y la «actualización». A sus 90 años y después de haber estado vinculado al núcleo duro del poder desde prácticamente el inicio de la Revolución, Machado Ventura fue descrito en una biografía publicada por Cidob como «paradigma de la fidelidad a las esencias revolucionarias», «representante del ala más reaccionaria e inmovilista (del partido)», a la vez que «dirigente poderoso, aunque desprovisto de carisma, ubicuo e incombustible». Por eso, nadie mejor para hablar de «continuidad», aunque no está claro si también para hablar de «actualización».
Aquí cobra sentido la figura de Lampedusa y su mensaje 'inmovilista'. Si actualizar es jubilar a algunas figuras señeras, como Raúl Castro o incluso Ramiro Valdés y el propio Machado Ventura, impulsar una cierta renovación generacional, entonces su definición adquiere plena vigencia. Pero si actualizar es renovar, cambiar los paradigmas que rigen al partido y a la sociedad cubanos, abrir Cuba al mundo y el mundo a Cuba, como dijo Juan Pablo II, habría que olvidarse del gatopardo y concentrarse en otros felinos.
En las páginas de 'Gramma' se pueden encontrar numerosas pistas de por dónde van los tiros, para utilizar una expresión coloquial. En la prensa oficialista se encuentran testimonios como el del joven Alberto Torres, primer secretario del PCC en la capital de la provincia de Mayabeque, que permiten corroborar el vínculo dialéctico entre 'continuidad' y 'actualización' y su estrecha relación con la 'política de cuadros', por usar una expresión tan cara a los dirigentes cubanos y muy especialmente a la 'dirección histórica'.
Como dice Torres, son «los principios heredados de la dirección histórica», junto con «los valores éticos y políticos que definen la Revolución», los que dan sentido a su compromiso político. Por eso, más allá de que la pandemia suponga retos adicionales (como los que en su día planteó el imperialismo), «este congreso refrendará la continuidad del proceso social cubano, para hacer irreversible el socialismo y avanzar en el mejoramiento de la calidad de vida de la población».
Llegados a este punto la pregunta sobre el futuro adquiere mayor importancia. ¿Qué espacio tendrán en el congreso las reformas económicas impulsadas en su día por Raúl y hoy mayoritariamente olvidadas? A comienzos de 2021 entró en vigor la ley que acababa con el sistema bimonetario, una lápida muy pesada sobre la economía. Posteriormente se legisló sobre el trabajo por cuenta propia, eliminando bastantes rigideces. Pero esto no será suficiente para ordenar una economía acorralada por la crisis (existente antes de la pandemia) y la debacle venezolana. Sin profundas reformas estructurales es muy difícil que Cuba salga de su depresión.
Para ello también sería necesario 'aggionar' el sistema político, facilitando la participación ciudadana y de los organismos de la sociedad civil, garantizando las libertades individuales y el respeto de los derechos humanos. Sin embargo, en su lugar ha aumentado la represión, como la que sufre el Movimiento de artistas e intelectuales San Isidro. Al mismo tiempo, habría que normalizar las relaciones con EE UU. Después de la visita de Obama, el miedo a poner en marcha un proceso difícil de reconducir atenazó a las altas esferas del Gobierno cubano. El triunfo de Trump pareció darles la razón acerca de la maldad intrínseca del «imperialismo yanqui». Pero, con Biden, las cosas han cambiado y el problema es dar con la respuesta adecuada.
De cara al VIII Congreso la cuestión de fondo es si los delegados serán capaces de discutir todos aquellos asuntos vitales para el futuro de Cuba o seguirán acatando de forma absoluta los dictados de la 'dirección histórica' y los principios de la Revolución. Me temo que esta será la salida, a su vez el mejor camino para actualizarse en la continuidad, sin que cambie nada de lo esencial. Seguirá aumentando la frustración de las jóvenes generaciones y, una vez más, se cerrará la salida dentro del sistema que podría ofrecerle la dirigencia representada en la figura del nuevo primer secretario del partido, a la vez que presidente de la República, Miguel Díaz-Canel.
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