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Jose Ibarrola
Tras la sentencia

Tras la sentencia

El fallo del Supremo criminaliza muchas acciones de simple protesta y abre el paso a la justificación de retrocesos democráticos. Establecer cauces de diálogo va a ser más difícil

Sábado, 19 de octubre 2019, 00:23

El concepto de judicialización de la política se ha convertido en un lugar común, pero no por ello inválido para caracterizar la situación que se ... está viviendo en Cataluña. Un conflicto de naturaleza política es gestionado fuera de toda lógica política, llevado al terreno de las emociones, revestido con la categoría de una cuestión de principios y finalmente confiado al Poder Judicial en una especie de subcontratación que no podía sino terminar mal. El Tribunal Supremo realiza apreciaciones que entran en el terreno de lo político (como calificar de quimera a la pretensión de independencia), sin aportar por ello ninguna solución propiamente política. Por supuesto que en un Estado de Derecho los jueces tienen un papel importante que cumplir y el Derecho tiene que ser respetado. Pero también hay que respetar la autoridad de los policías municipales y nadie en su sano juicio consideraría acertado que a estos agentes se les confiaran las decisiones en materia de urbanismo.

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