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El luto y el decreto
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Eso que flota en el paisaje destrozado por la dana es el consejo de RTVEEl Parlamento español ofreció ayer un nuevo espectáculo desolador. Con las peores inundaciones en décadas arrojando un número creciente de víctimas mortales en Valencia y ... Castilla-La Mancha, y tras suspender por ese motivo la sesión de control, en la Cámara sí se debatió, y se convalidó, un decreto ley con la oposición ausente en señal de protesta y el Gobierno y sus socios asegurando, portavoz tras portavoz, que no era el día para debatir. El día era sin embargo para aprobar de urgencia la instalación del Gobierno y sus socios en el Consejo de RTVE a través de peones de un partidismo desatado. Como el acmé del estratega consiste en arrimar el ascua del acontecimiento a la sardinilla sectaria, es fácil pensar que alguien en el PSOE vio la ocasión de que el temporal terminase relegando en los titulares a lo de Mikimoto y la jefa de prensa de Bolaños como garantía de la independencia de los medios públicos.
Dicho de otro modo: la muerte de decenas de compatriotas mereció ayer el cese de la actividad parlamentaria, pero no el retraso en lo de meter a los nuestros en la tele. Para evitarlo, habría bastado una presidencia del Congreso capaz de defender la dignidad de la institución de un modo coherente (puede que el Parlamento en realidad no deba detenerse nunca) y de anteponer a cualquier maniobra el respeto debido al ciudadano. Si en lugar de servilismo naíf en la presidencia hubiese algo de 'auctoritas', no sería difícil reconducir la audacia de los maquiavelitos e imponer una mínima cordura, de modo que no fuese tan evidente que el fuste moral que sobrevive en la sociedad, y que aflora con tanta frecuencia en los momentos difíciles, ha desaparecido por completo de la política. Que lo ha hecho de un modo absoluto lo demuestra la evidencia de que el líder de la oposición en modo solemne no consiga hacer creer ni por un segundo que los suyos en el Gobierno sí serán capaces de anteponer la nobleza a la ventaja. La lección de ayer es que, además de por las razones evidentes, que son las importantes, en España el ciudadano debe intentar por todos los medios no morir en una catástrofe natural por un motivo extra: evitar que al día siguiente, en el Congreso, los diputados le tomen el pelo.
Etanol
Las historias de animales buscando frutas fermentadas para embriagarse son antiguas y oscilan entre el folclore y el documental con elefantes en torno a un árbol de marula exhibiendo borracheras dignas del capitán Haddock. Ahora unos investigadores de la Universidad de Exeter sostienen que esa búsqueda del etanol no es accidental y podría tener que ver, no tanto con la fiesta, como con el aporte calórico de la fruta fermentada, sus propiedades antifúngicas o los beneficios que aporta su ingesta por el lado de la sociabilidad. A este respecto, H. L. Mencken ya diagnosticó que a la especie humana le iría mejor de estar siempre ligeramente embriagada. Los moralistas, ahí donde los ven, son los etólogos de la humanidad. Y los naturalistas de Exeter abren nuevas posibilidades para el comportamiento animal. ¿Y si San Francisco atraía al hermano pájaro ofreciéndole un licorcito? Cierto que los investigadores británicos reconocen que les queda por resolver la gran contradicción de todo este asunto. La embriaguez no contribuye a que el animal cumpla con su deber biológico, que es conservar la vida. Puede que la respuesta esté en la mirada brillante de los elefantes inestables: sirve para sobrellevarla.
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