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Botellas rotas
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Míriam Nogueras le exige a Pedro Sánchez que «mueva el culo»Secciones
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Míriam Nogueras le exige a Pedro Sánchez que «mueva el culo»Decíamos ayer que la relación de los socios del Gobierno con el Ejecutivo es puramente extorsiva y ya hemos visto a Míriam Nogueras exigirle a ... Pedro Sánchez que «mueva el culo y pague lo que debe». Como suena, solo que en catalán. No sucedió en un bar de motoristas de Brooklyn sino en la sesión de control del Congreso. Por eso, Nogueras no remató su exigencia rompiendo un botellín y amenazando al presidente con rajarle el cuello.
El reglamento obliga a los diputados a preservar la cortesía parlamentaria, que es según la Academia el «arte de la convivencia entre adversarios políticos». Bastaría en ocasiones con que sus señorías esquivasen el riesgo de parecer idiotas. Al ir a responder a Nogueras, Pedro Sánchez comenzó dándole las gracias a la «señora presidenta», por la costumbre, sin reparar en que la presidencia la ocupaba Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, con barba y todo. Y entonces la bancada popular estalló en locas carcajadas y fue tan grande la algarabía listilla, tan intensa la fiesta en el parvulario, que no solo dio vergüenza ajena sino también ganas de clausurar la democracia parlamentaria y abrazar de una vez el sultanato tuitero-militar, o lo que venga.
Que Pedro Sánchez respondiese después a los exabruptos amenazantes de la portavoz de Junts como si nada hubiese pasado, se explica por su debilidad parlamentaria pero refuerza sus problemas con la institucionalidad: el respeto al cargo no puede exigirse solo en ocasiones y a propia conveniencia. Mientras tanto, el respeto a los ciudadanos es una causa pérdida. Eso explica que el PP no dudase ayer en llevar a la solemnidad del Congreso «el pisito de Atocha», o sea, el picadero ministerial del que habla por ahora sin pruebas el conseguidor Aldama o que Óscar López llamase «personal shopper» al diputado popular que trabajó en Moncloa como asistente de la mujer de Rajoy. Tampoco es pequeño el fracaso de querer ser letal y resultar penoso. Nos señalan la amenaza gravísima de la antipolítica, el peligro enorme de la desafección, los mismos que no consiguen que una sesión parlamentaria normalita se aproxime en civismo a cualquier junta vecinal en la que hay pasta (propia) de por medio y se discute una derrama.
Derio
Reconozco haber perdido el hilo en el asunto de las monjas de Belorado. Dejé de contar obispos ultramontanos cuando apareció uno brasileño, temiéndome que el próximo llegase ya de Patmos y hubiese sido ordenado en el Nido del Águila. Sin embargo, las monjas han hablado con el 'New York Times' y aportan una novedad a su historia. Dejaron Derio para irse a Orduña porque en el primer monasterio sucedían hechos preternaturales. «¡Milagro!», pensé yo al leerlo, ya que tiendo a ver el lado bueno de las cosas. Pero no: la preternaturalidad tiene que ver con objetos arrastrándose, luces haciendo cosas raras, ruidos inexplicables, llantos, enfermedades… «¡Una reforma!», pensé yo entonces, al ver que estaban haciendo obras el convento. Pero no: es el demonio. Y yo entiendo la queja de las monjas en la prensa internacional: ellas estaban viéndoselas con el Maligno y el párroco de Derio aparecía con la guitarra y sus «terribles misas modernistas». Sobre cómo va el asunto de los inmuebles y la pasta sigo sin aclararme. Y debe de ser lo importante porque, ya puede estar Belcebú en Derio, que el 'New York Times' a nuestras monjas las incluye en la sección inmobiliaria del periódico.
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