La economía vasca continúa por la senda del enfriamiento. En el tercer trimestre creció un modesto 0,2%, dos décimas menos que en el precedente y la cifra más baja desde que a esas alturas del pasado ejercicio la guerra en Ucrania impactara de lleno ... sobre la actividad. La expansión anual fue del 1,6%, un tercio que en el verano de 2022. Los datos publicados ayer por el Eustat retratan las consecuencias de la intensa subida de tipos para contener la inflación. Pese a indicar un notable frenazo, muestran una resistencia muy superior a la de las principales potencias de la UE en una coyuntura complicada, lo que resulta meritorio para una economía como la de Euskadi con una alta dependencia del comercio exterior. El empuje de la inversión compensa la debilidad del consumo, mientras el empleo sigue exhibiendo una sorprendente fortaleza. Es posible que la desaceleración esté llegando a su fin. No obstante, la restrictiva política monetaria del BCE aleja las expectativas de una fuerte recuperación. En ese escenario, el avance del 2,1% previsto por el Gobierno vasco para el próximo año dibuja un horizonte esperanzador, aunque no propicio a las alharacas ni exento de incertidumbres.
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