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Se dan en estos meses movimientos nerviosos de personas que llenan el depósito de sus coches en las gasolineras, que aguardan conexiones en las terminales de aeropuerto, que arrastran maletas por las aceras, en unas direcciones y en las contrarias. Son los días del año ... en los que estamos llamados a desconectar y a pasarlo bien. Ese impulso, que tiene la fuerza de lo quimérico, ha transformado a lo largo de las últimas décadas sociedades y ha alterado los indicadores del Producto Interior Bruto de muchos países. Hay que intentar ser felices; sin embargo, creo que muchas veces de quien querríamos escapar al menos un rato es de nosotros mismos, de nuestros pensamientos circulares, de nuestros temores, de la ansiedad, del dolor en las mandíbulas. Querríamos depositarnos en algún lugar en el que, sin el nocivo concurso de nuestra mismidad, sanaran nuestras heridas y se destensaran nuestros músculos. Ojalá supiéramos en qué andén ponernos para esa escapada.
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