Al escuchar hablar de Novichok, mi mente publicitaria pensó en un chocolate para desayunar, o una pasta bio para untar en el pan de la merienda de los niños. Pero no, Novichok era un agente nervioso nacido en los laboratorios rusos, que provoca la muerte. ... Fue una de las primeras informaciones que tuvimos sobre las malas artes de la bruja del bosque en el que se situaba la dacha de Yuri y Larisa, los protagonistas de 'Doctor Zhivago'. Con el desgaste imprevisto de las tropas rusas, se temió que volviera a ser empleado en Ucrania, pero sabiendo la efectividad de un pepinazo nuclear y viendo a Putin en ese salón de tarta de nata y membrillo firmando anexiones, pensar en Novichok fue una ingenuidad.

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Albert Einstein, en 1939, firmó una carta dirigida al presidente Roosevelt en la que manifestaba su adhesión a que EE UU desarrollara la bomba atómica antes que los nazis. La carta inspiró el Proyecto Manhattan, que produciría las primeras bombas nucleares. Dicen que el científico se sintió muy trastornado tras la explosión de Hiroshima y Nagasaki y mostró su arrepentimiento. De hecho, en 1952 el físico escribió a la revista japonesa 'Kaizo' explicando que su motivación para enviar la carta fue el miedo que le generaba que los alemanes fabricaran la bomba. «No vi otra salida, aunque siempre fui un pacifista convencido», escribió Einstein.

Las páginas de la historia están repletas de relatos sobre iniciativas y arrepentimientos que cambiaron la vida de los ciudadanos de este planeta. Podremos soportar el frío del invierno con menos calefacción pero lo que será difícil es no soñar con el lobo estepario.

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