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Jane Fonda en cinco actos' es un buen documental de HBO dirigido por Susan Lacy. Hace un extenso repaso a las películas y la vida ... de la actriz y activista política, con el aliciente de que es ella misma, la Jane de 2018, la conductora de su historia. La Fonda cae muy bien, es una mujer lúcida y no hurta la autocrítica. Por ejemplo, reconoce que se equivocó cuando visitó Hanoi en plena guerra de Vietnam y se dejó fotografiar subida a un cañón antiaéreo del Vietcong.
Cuando se refiere a 'En el estanque dorado' (1981), los ojos se le humedecen y tornan a un azul aún más hermoso. Ella produjo el proyecto para propiciar la única vez que trabajó con Henry Fonda, su padre. La ficción reproduce lo mismo que les sucedía en la vida real: un padre distante incapaz de mostrar afecto por su hija. Jane cuenta que en la escena crucial en la que se queja al padre de la frialdad con que la trata desde niña, hizo algo que no estaba ensayado: posó su mano en el antebrazo de Henry. Jane explica con emoción que su padre, descolocado, reaccionó ocultando el rostro con la mano, pero ella vio que lloraba.
Esta pequeña hermosa historia de la realidad que se solapa con una interpretación actoral me animó a ver 'En el estanque dorado', película de la que siempre me mantuve lejos. Mi intuición era certera. Es mucho más emocionante lo que Jane Fonda cuenta a la cámara en el documental que la película completa. La secuencia en cuestión carece de fuerza por la mediocre dirección de Mark Rydell según el pobre guion de Ernest Thompson sobre su propia obra, que es de poca enjundia, blando y sensiblero, lo cual se remata con recursos visuales de postal.
El sentimentalismo abarata la emoción y con frecuencia la destruye por sobredosis de sentimientos expresados con obscenidad emocional. Es hermano siamés de la sensiblería, padre de lo cursi y encuentra terreno abonado en los arrebatos nacionalistas y patrióticos; y en el patrioterismo, caricatura y socorrida máscara tras la que se ocultan impostores y canallas. De hecho, el diccionario explica que sensiblera es la persona aquejada de un sentimentalismo exagerado, trivial o fingido.
En las artes, sobre todo en el cine, es peligroso. Siendo muy pequeño, me llevaron al cine para que viera 'Bambi'. Con su visión pasé a engrosar la ingente lista de niños traumatizados por la muerte de la madre del cervatillo, a tiros de los cazadores, en aquella eficaz secuencia de sentimentalismo terrorista. Estrago infantil solo algo menor causó el encadenamiento de la madre de Dumbo y los lagrimones del elefantito. Yo creo que el sádico Walt Disney odiaba a los niños.
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