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Alguien está muy contento con todo esto del nuevo mundo de los grandes negocios, Lutxo. A veces, cuando estoy asustado o preocupado por algo, me ... acuerdo de las ingentes cantidades de dinero que están ganando los bancos. Y acto seguido, me tranquilizo bastante pensando que el sistema va bien. Por suerte, luego me olvido rápidamente del tema. Tampoco es bueno pensarlo demasiado, Lutxo.
Pero es cierto, fíjate, los grandes bancos, los ricos, en general, tienen que estar contentísimos. Me refiero a toda esa barbaridad de cientos de miles de millones que están ganando sin parar desde el año de la pandemia. Gracias a las guerras, supongo. Y gracias a la crisis energética, la inflación planetaria, el neofascismo de aspecto mafioso de cómic y los locos aranceles. Sin olvidar el 'zeitgeist' del momento y su 'look' chulesco y agresivo. Cada año ganan más millones, imagínate cuán turgente y sedoso será su alborozo, Lutxo, viejo amigo. Sacándolos de donde ellos saben, claro. Los millones, digo. Yo no sé de dónde demonios sacan tantas sacas de millones. ¿De dónde las sacarán? Para mí es un misterio. Porque ya sabemos que los bancos no roban. Ojo, los bancos hacen otras cosas, pero robar no. Lo que hacen los bancos tiene un nombre distinto.
No obstante, todos estamos obligados a depositar nuestro dinero en sus enguantadas garras. De lo contrarío, podría acusársenos de vivir en negro. ¿No es admirable observar (sin acritud, naturalmente) hasta qué extremo puede llegar a retorcerse el lenguaje cuando hace falta? Si no pones tu dinero en las garras de los bancos, ya estás defraudando. Estás obligado a ponerlo. Con esa ley, el sistema no puede fallar. Los ricos y los bancos quieren todo el dinero, como es lógico. Lo suyo es quererlo todo porque su mente funciona así. Una mente voraz, diría yo. Supongo que no podrán evitarlo. Lo cual también es triste, en cierto modo, según cómo lo mires. Pero sí, tienen que quererlo todo. Cada vez más.
Sin embargo, tampoco pueden permitirse ignorar que la chusma plebeya, que al fin y al cabo constituimos el 97% de la población, estamos ahí. Supone un problema, lo sé, pero es así. ¿Qué le vamos a hacer? Si no existiéramos podrían quedárselo todo, pero necesitamos algo para vivir. Un mínimo, viejo gnomo. No pueden quedárselo todo ellos porque en ese caso nos convertiríamos en pequeñas alimañas desesperadas y hambrientas capaces de cualquier cosa.
Ah, qué difícil es alcanzar el equilibrio. O al menos, pergeñar un equilibro que contente a la mayoría. No obstante, todo es cuestión de equilibrio, le digo. Y me suelta: Esperemos que sea para bien.
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