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Qué duda cabe de que vivimos una época inolvidable, apasionante y rebosante de genios, sobre todo en la política. Sin ir más lejos, en medio ... de la fantástica crisis económica en la que nos hallamos sumidos y patéticamente pendientes de las ayudas europeas, la Cataluña del 'procés' ha decidido lanzarse a la conquista del espacio. El próximo 20 de marzo, a las siete horas, siete minutos y doce segundos, el Govern que haya salido de esas elecciones que hasta el viernes tenían una fecha dudosa lanzará el primer nanosatélite catalán desde una base de Kazajstán y hará Historia con mayúscula. Como era de esperar, los fachillas y los centralistas recalcitrantes de siempre han puesto el grito en el cielo (nunca mejor dicho) porque el apretado programa aeroespacial de la Generalitat, que se inscribe en la concepción industrial-filosófica del NewSpace y que contempla el lanzamiento de otra micronave en 2022, tiene un coste de 18 millones de euros. Pero Jordi Puigneró, el 'conseller' de Políticas Digitales, que es un hombre con los pies en la Tierra y la cabeza en la Vía Láctea, ya ha sabido responderles que se trata de un nuevo concepto de «economía espacial» (la terrena no le interesa) y de una impagable oportunidad para abrir nuevos mercados (más allá de sus fronteras), crear miles de puestos de trabajo (en el hiperespacio), controlar tanto el medio ambiente como la superficie terrestre (eso sí que es control) y responder con todos los medios a nuestro alcance del gran problema que de verdad preocupa a los españoles en medio de la pandemia: el cambio climático.
Pese a los solventes argumentos de Puigneró, los fachillas y los centralistas recalcitrantes vuelven a la carga. ¿No hay potencias más ricas y preparadas -se preguntan con una obvia falta de sentido común- para ocuparse de los efectos de ese climático cambio? ¿Qué necesidad hay de que la Cataluña descabezada por un Torra inhabilitado se ocupe de eso? ¿Qué masa de pesebristas, tietas y cuñados van a chupar de ese bote intergaláctico? ¿No desbaratan esos signos de despilfarro la cantinela del «España nos roba»?
Uno, como vasco, más bien experimenta una sana envidia al constatar que el Gobierno de su comunidad autónoma no es capaz de una hazaña aeroespacial semejante. ¿No sienten en Lakua que les están mojando la oreja? ¿No ven la necesidad de que Euskadi y Cataluña compitan en la carrera aeroespacial como EE UU y la URSS en la Guerra Fría? El único problema que yo le veo a esta aventura cosmonáutica es la posibilidad (¡Dios no lo quiera!) de que el nanosatélite se desintegre en los espacios siderales y de que nos topemos con un nuevo discurso político del secesionismo catalán: «el Universo nos roba».
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