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Menos de veinte minutos. Casi lo mismo que se tarda en ver un capítulo de Los Simpson o en escuchar el 'Despechá' de Rosalía siete ... veces –sólo apto para una 'motomami' de verdad– en bucle. Eso es lo que dura, segundos arriba, segundos abajo, la exhibición de fuegos artificiales que ilumina cada noche de La Blanca. Pero detrás de esa explosión de palmeras, kamuros y volcanes hay semanas de trabajo. Los Bomberos realizan a mediados de julio la primera visita a la zona desde donde se disparan las colecciones y, antes incluso, las pirotecnias comienzan a preparar el material en sus almacenes. Y toda esa antelación para garantizar que el público de Mendizabala se quede con la boca abierta sin riesgos a su alrededor.
Caballer FX, la ganadora de la última Muestra Internacional de Espectáculos Pirotécnicos de Vitoria prepandemia, fue el viernes la encargada de asombrar a los espectadores con un 'show' «muy valenciano». Hubo color, conjuntos variados... y un golpe final atronador. A las siete de la mañana de ese día ya estaba media docena de sus empleados con el montaje del material, tubo a tubo, hasta repartir 400 kilos de explosivo, en la explanada paralela al río Batán. «La lluvia desmerece pero lo peor es una tormenta eléctrica», reconocía María José Lora, su directora gerente y diseñadora, orgullosa de que el 90% del número fuera «de fabricación propia». Marisa Larrea y Cristina Pérez, cono de churros en mano, sentenciaban: «Al principio nos han parecido flojos pero se han ido animando y ha habido figuras muy originales».
El espectáculo, sin embargo, acabó en susto, mínimo, eso sí. Los Bomberos de Vitoria tuvieron que sofocar un incendio –menos de una hectárea– en un área de pastizal detrás de la zona de lanzamiento. En estos eventos «es normal que haya pequeños conatos, pero muy localizados», aclara el subinspector Guillermo García Ruiz de Apodaca. Un par de camiones y cinco efectivos, además del técnico de guardia, vigilan un perímetro acotado de 250 metros que «se ha renovado» tras dos veranos sin uso. «El dispositivo empieza una hora antes de los fuegos artificiales y acaba sobre una hora después», explica.
La explanada se cuida al milímetro y hace semanas, por ejemplo, que se segó y cubrió con una capa de tierra compacta para «evitar cualquier irregularidad» y ayudar a que los artificios salgan lo más verticales posible. Además, este verano tan escaso de agua se ha pedido a las fincas colindantes que recojan la cosecha. Todo cuidado es poco y, apunta el subinspector, se da incluso aviso de los espectáculos pirotécnicos a Aena ya que pueden «provocar distracciones a los aviones».
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