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Pablo Sanz
Domingo, 8 de diciembre 2024, 00:12
Cuando se habla de kickboxing, automáticamente hay ciertos términos que se vienen a la mente. Agresividad, golpes o noquear son algunos de ellos. Pero lo cierto es que lejos de ser una disciplina violenta, en este deporte, al igual que en las artes marciales, no se es nada sin una serie de valores como el respeto y la humildad. Así lo indica Maialen Gallardo, campeona de Europa en la categoría de menos de 48 kilos y componente del 'Dinamita Team'. «Lo primero que me enseñó él es la deportividad, la disciplina y la lealtad hacia el equipo y los compañeros. Son la base de este deporte, los violentos no tienen cabida», remarca.
Gallardo inició su andadura en el kickboxing en 2019 tras dejar la gimnasia rítmica y aficionarse a este deporte de contacto durante el confinamiento por la pandemia del coronavirus. «Estuve en el gimnasio corriendo y haciendo ejercicios de fuerza sin ningún objetivo hasta que por matar el tiempo en casa empecé a practicarlo con mi novio. Me gustó tanto que me enganché y sigo realizándolo hasta el día de hoy», señala. La guipuzcoana, afincada en Vitoria desde hace unos años, resalta los valores que se llevan a cabo y se fomentan en el kickboxing.
Kirolean Errespetuz es una iniciativa que promueve EL CORREO con el patrocinio de la Diputación Foral de Álava cuyo objetivo es mentalizar a todos los actores del deporte alavés sobre la necesidad de poner en primera línea de foco el respeto entre deportistas, árbitros, entrenadores, público y padres. https://www.elcorreo.com/kirolean-errespetuz
De hecho, se quedó gratamente sorprendida en su primer combate profesional ante la luchadora catalana Sheila Martínez. «Recuerdo que estaba muy nerviosa y no sabía muy bien cómo iba a ser. Cuando íbamos a acabar la pelea y antes del veredicto la rival me dio un abrazo para mostrar su respeto. Fue un gesto precioso», relata. Un momento memorable que también inmortalizó en el vestuario con fotos de su rival. «A día de hoy me llevo bien con todos los contrincantes contra los que he peleado. Nos partimos la cara en el ring pero nos llevamos bien porque al final esto es deporte», aclara.
Este tipo de situaciones deportivas son la tónica general salvo contratiempos aislados, como piques o malentendidos que se suelen producir principalmente entre luchadores jóvenes que están empezando. «Sobre todo se suele dar en peleas masculinas, que normalmente son más impulsivos y llevan peor perder», subraya.
Estamos todos para disfrutar y aprender, no para matarnos», señala Gallardo que a su vez destaca «la hermandad» que hay. Y es que al ser un deporte de contacto ante todo prima la salud de los competidores. «Cuando tú golpeas y el adversario está mareado o herido se para el combate. El árbitro le pregunta si está en condiciones y, si es así, se sigue la pelea», aclara.
Deseas ganar, pero no a cualquier precio», comenta Gallardo. En caso de excederse con el contrincante, el participante en cuestión recibe sanciones por parte de los jueces e incluso puede llegar a ser descalificado. «Si algún rival se ensaña y te pega en el suelo, directamente está fuera. Antes de luchadores somos personas y es muy importante que no se atente contra la seguridad en un combate. Tienen que primar el respeto y la salud del deportista», insiste Gallardo.
Por ello, ante unas buenas prácticas frecuentes en el ring, los retos en el kickboxing se enfocan más en la percepción que la sociedad tiene sobre esta disciplina. «Cuando se dice que alguien lo ejercita la gente se imagina a una persona agresiva o violenta. Es el estereotipo que se tiene. Tenemos que hacerles ver que somos todo lo contrario, personas muy buenas y tranquilas», esclarece Gallardo.
El respeto al entrenador y a los compañeros como base. Si no es así, en este deporte no se tiene cabida. Un mensaje claro que pretende trasladar a todos aquellos que se quieran animar a efectuar esta disciplina en auge en la capital alavesa. Así lo demuestra que el último Campeonato de España se disputara en el Polideportivo de Mendizorroza, y que el número de clubes en Vitoria haya pasado de uno a diez en los últimos años. «Aquí no se viene a hacer daño. Esto no es la calle, esos conflictos no tienen nada que ver con lo que hacemos», sentencia.
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