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'La traviesa' está de vuelta, y a lo grande. Aún no ha abierto sus puertas y Jon Estívariz ya tiene la agenda desbordada. «Me ... están llamando continuamente para reservarme mesas», comenta a EL CORREO. Este experimentado hostelero -socio del Jardín de la Falerina de Vitoriay el Atabaka de Murgia- será el encargado de encender a finales de este mes de junio los fogones del codiciado establecimiento de Lagrán por el que se interesaron cientos de personas. El «ofertón» no era para menos: «Casa por menos de 200 euros a cambio de resucitar el bar y el restaurante»
El paso adelante es firme. Y muestra de ello es que ayer miércoles se firmó el contrato que cede a los nuevos dueños el negocio y la vivienda, ubicada en el mismo pueblo, durante los próximos cuatro años. Ahora los trabajos se centran en tenerlo todo a punto para la gran inauguración. «El objetivo es abrirlo el 30 de junio para la gente del pueblo y el 1 de julio para los visitantes» comenta, entusiasmado por embarcarse en este nuevo proyecto.
«Cuando fuimos a verlo nos pareció idílico, le vimos mucho potencial por una ubicación mágica junto a la Montaña Alavesa y equipamiento», confiesa, dando unas pinceladas de lo que ofrecerá de puertas para adentro. «El objetivo es crear una fusión de mis conocimientos culinarios: quiero hacer de Lagrán una parada gastronómica obligatoria». Lo tiene ya todo bien atado en la cabeza, a la espera de poder empezar a servirlo. «Las mañanas serán de pintxos en la barra, en el almuerzo habrá dos menús y para las noches meteremos comidas de picoteo».
La alegría también invade al alcalde en funciones, José María Martínez. «Estoy contentísimo. Antes de irme -porque no se presentó a las elecciones- conseguiré dejar el bar abierto. Y porque veo que quedará en buenas manos, me gusta la implicación que tienen para abrir y dar comidas, están empeñados y eso es buena señal», se felicita tras un «maratoniano» proceso en el que han sido cientos los interesados en querer regentar el establecimiento.
Porque este 'pack' creado por el Ayuntamiento fue codiciado por muchos. Cruzó incluso fronteras dentro del país. «Nos llamó gente interesada de Bilbao, San Sebastián, La Rioja... pero también Burgos, Valladolid e incluso Murcia». Todos ellos cogieron hora en una apretadísima lista para pedir hora. «Las líneas están saturadas. Las llamadas entran una detrás de otra. No damos abasto», confesaba entonces el primer edil.
Lagrán se había convertido en todo un atractivo y en una oportunidad de negocio. Eran cientos los interesados, aunque el sorteo al final fue menos lúcido. «En la apertura de sobres solo había cuatro propuestas», comenta. Y son dos los factores que influyeron en este giro radical. «Porque algunos se echaron para atrás a última hora, eran solo curiosos, y porque otros no cumplían con el mínimo que se fijó en las condiciones». De manera que los nuevos dueños tenían un 25% de probabilidades de hacerse con las llaves y el delantal de 'La traviesa'. Y la felicidad ahora no se borra de la cara del alcalde, porque mira los resultados que los nuevos regentes han obtenido tanto en Vitoria como en Murgia y sueña con que se puedan repetir en Lagrán.
La habitual tranquilidad de este pequeño municipio de apenas 180 habitantes podría transformarse en una cascada de turistas atraídos por esta oferta gastronómica. Y más allá del propio edificio, que cuenta con un impresionante ventanal a la Montaña Alavesa. Otro de los atractivos tiene que ver con el centro de interpretación de la Ruta del Vino y el Pescado, ubicado pared con pared y que a buen seguro creará un nexo que retroalimentará a ambos espacios. «El restaurante es una joya, está equipado al completo -incluso los manteles ya están preparados- para que se pueda empezar a dar servicio mañana mismo si hace falta», comentaba durante una visita el alcalde, que ahora entrega las llaves para reabrir 'La traviesa'.
Lo de iniciar un nuevo proyecto en su caso es literal. Porque Estívariz se trasladará junto con su mujer a vivir a este pueblo. «Es otro de los aspectos que nos sedujo, porque el alquiler en Vitoria está por las nubes». Y sobre todo, porque el mes que viene nacerá su hijo Hodei. «Dicen que los hijos vienen con un pan bajo el brazo; creo que este restaurante lo es», confiesa.
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